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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / EP

Sánchez ofrece un bazuca de liquidez sin red (todavía) de la Unión Europea

El tejido económico y social apoya la inyección de 200.000 millones que anuncia el presidente y los expertos señalan que sólo tendrá éxito si detrás está Bruselas

10 min

Un bazuca, una inyección de liquidez que puede salvar la economía española durante un breve tiempo, mientras se combate el coronavirus. En esa fase de “hibernación”, como la califica el economista Antón Costas, los 200.000 millones que anunció este martes el presidente Pedro Sánchez pueden ser suficientes. Pero en algún momento deberá aparecer Bruselas que, por ahora, no ha sacado la cabeza. Sin un plan europeo, España deberá enfrentarse en solitario, con una deuda pública que ya alcanza el 100% del PIB. En cualquier caso, Sánchez logró este martes el aplauso de patronales como Foment, los sindicatos y, en menor medida, a falta de que se concrete el plan, de los autónomos.

Lo que pedía el tejido empresarial y sindical era un fondo de liquidez abundante, generoso, que permita el pago a trabajadores, con los ERTE que sean necesarios, sin perder derechos laborales. Para las empresas, esas regulaciones de empleo son imprescindibles para poder aguantar el parón económico. Y el Estado se compromete a facilitar “lo que sea necesario”, en palabras de Sánchez.

¿Con qué dinero?

El problema es saber cómo se consigue ese fondo. En el plan de Sánchez, de los 200.000 millones de euros, 110.000 corresponderían al sector público, mientras que la diferencia la pide al sector privado. En toda su intervención, sin embargo, Sánchez no pudo contar con la Unión Europea. “Con la UE todos tenemos que ser exigentes”, señaló. Pero hasta ahora ni el BCE –aunque aumentará la compra de bonos—ni la Comisión Europea han dado claros signos de un plan ambicioso, del tamaño de la Fed norteamericana, que ha decidido una inyección de 700.000 millones de dólares.

Los mercados reaccionaron de forma favorable, con una subida de la Bolsa del 6%. El analista de IG, Sergio Dávila, insiste en la cuestión europea. “Es un plan que va en la buena dirección, y que puede permitir una cuestión esencial, que las empresas solventes tengan liquidez, pero España necesitará, por lo menos, que se dejen de lado las exigencias sobre el déficit que marca Bruselas”.

El castigo de los mercados

Eso, aunque no se ha decidido, se da por descontado. La Comisión Europea y el Eurogrupo se ha limitado, por ahora, a mirar para otro lado con la cuestión del gasto público y a descontar de las exigencias de déficit, para que no cuenten en el Pacto de Estabilidad, subidas en el subsidio de desempleo o todos aquellos recursos que se relaciones con el coronavirus.

El economista y analista de mercados Juan Ignacio Crespo, sin embargo, observa que ese no será el problema, sino la avidez de los mercados sobre algunos países, como España o Italia, cuando vean que sube la deuda pública. Subirán las primas de riesgo, como ya está sucediendo –todavía de forma muy moderada—y eso obligará a intervenciones europeas. “Se aprenden lecciones, y, de forma racional, Europa deberá intervenir con toda la fuerza necesaria para ayudar a sus países miembros, por el bien del conjunto". Y es que si las cosas se pusieran feas, por esos ataques a países concretos, se repetiría la situación de la crisis de 2008.

Colaboración privada

El economista Santiago Carbó aplaude el plan de Sánchez. “Es la dirección adecuada, eso está claro, porque lo que se necesita es liquidez para mantener el tejido productivo durante un tiempo concreto. Pero faltarán más ayudas, y, en concreto, a los autónomos, con situaciones muy distintas. Y se deberá estar muy atento, porque puede que algunas empresas no puedan seguir cuando esto del coronavirus se supere. Se pueden quedar por el camino”. Para Carbó, lo que no queda “nada claro” es cómo se combina esa ayuda pública con la colaboración privada, y con qué garantías.

España podría pasar, según Godman Sachs, de una previsión de crecimiento para este año del 1,8% a una caída del -1,3%, a lo largo de este año. Pero dependerá, como apunta Carbó, “de lo que dure este parón”. Es decir, el problema real y que debería concentrar toda la atención, a su juicio, es “la crisis sanitaria, porque si se ataja lo más pronto posible, mejor se recuperará la economía”.

Parón temporal

En esa línea se pronuncia Juan Ignacio Crespo, con un tono más optimista. “Es un parón temporal, no es la crisis de 2008, todo depende de lo que dure. Porque, después, el rebote será importante”. E insiste en que “con el BCE detrás, esa inyección de dinero sería totalmente viable”.

Ahora, todas las interpretaciones sobre el plan pasan por un compromiso de la Unión Europea. Lo tangible es la oferta de la Comisión Europea de desviar parte de los fondos estructurales, que alcanzan hasta los 37.000 millones de euros, hacia el gasto corriente que se considere más urgente, como el dinero a las medianas empresas o al sector sanitario.

Sin dejar a nadie "atrás"

En comparación, Italia ha lanzado un paquete de 25.000 millones de euros, como inyección también de liquidez hacia familias, empresas y autónomos, y un aumento del gasto sanitario que asciende a 3.500 millones. En el caso de Francia, es un plan de 45.000 millones, con garantías del Estado para créditos bancarios que podrían superar los 300.000 millones, en línea con Alemania. 

El margen de maniobra de España, sin embargo, es estrecho. Aunque para Sánchez ahora los números no deberían contar “no dejaremos a nadie atrás”, es el aumento de la prima de riesgo, la desconfianza que se pueda generar para el futuro, lo que puede hacer descarrilar el proyecto, si al lado no tiene a la Unión Europea.

Reacción política

Antón Costas considera que, aunque “serán necesarias otras medidas”, lo que propone el Gobierno español acabará provocando una reacción europea, porque ahora hay otras cuestiones que no estaban sobre la mesa en 2008. Lo apunta también Santiago Carbó, y es que la reacción de los ciudadanos puede ser importante, tomando como refugio a partidos antisistema o de ultraderecha. Al margen de que es la propia Unión Europea la que se puede poner a sí misma en peligro, por una cuestión, además, que ha sido externa, un virus que ha provocado un parón en la economía.

Las medidas gustaron a los agentes económicos y sociales. Mientras que ATA, que defiende a los trabajadores autónomos, reclamaba que no se pusieran “parches” y se atendiera al colectivo y a sus diferentes situaciones, a los que ya han dejado de ingresar, la patronal Foment constataba los puntos fuertes de la medida. “Lo valoramos positivamente porque atendería las necesidades de los ciudadanos y empresas, aunque queda pendiente el aplazamiento del pago de impuestos y la ejecución de las medidas”

Lo más importante, en todo caso, es “la voluntad de ponerse al frente, de encarar la cuestión económica”, según los economistas consultados, al margen de la retórica del presidente del Gobierno, y del hecho de que, pese a querer hablar para todos, “se dirige especialmente a sus votantes”, con una idea insistente: “no dejar a nadie atrás”.