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Imagen de un pulpo de piscifactoría / EFE

La del pulpo en Canarias

El cultivo del cefalópodo en una macrogranja solivianta a animalistas activistas y a algunos científicos

6 min

La guerra contra la ganadería intensiva ha llegado hasta el aceptado a regañadientes como animal de compañía. Asociaciones animalistas​ sacuden las redes y se han echado a la calle contra la primera granja de pulpo del mundo proyectada en Las Palmas. Cuentan con el apoyo de científicos que tachan de “aberración del ser humano” criar en tanques unos animales “supersensibles e hiperinteligentes”.

Nueva Pescanova, la gigante multinacional española de producto, ha invertido en ella más 50 millones de euros, tras hacerse con los secretos y la patente de la cría del octópodo en su centro de investigación de O Grove (Pontevedra). Desde allí llegarán al plato este verano los primeros pulpos acuicultivados. Atrás quedan decenas de años de investigación, con el apoyo el Instituto Español de Oceanografía (IEO), hasta dar con la alimentación y asegurar la supervivencia rentable del animal.

Impacto ambiental

El movimiento animalista, azuzado por organizaciones internacionales del peso de AnimaNaturalis y People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), está cerca de reunir 20.000 firmas. Trata de conseguir que el Gobierno canario, socialista, denieguen la autorización por el impacto ambiental para la planta de engorde.

La impulsora del proyecto dispone de un espacio de 52.000 metros cuadrados en el dique de La Esfinge, que está acondicionando sin prisa pero sin pausa.

Pulpos a millones

El objetivo es producir  y comercializar en 2023 unas 3.000 toneladas de carne de pulpo, lo que supone –denuncian los animalistas, “criar, torturar, matar y embolsar" 1,5 millones de animales al año (cada uno pesa de 1,5 a 2 kilos).

Nueva Pescanova ha negado detalles AnimaNaturalis sobre las condiciones en las que se mantendrán estos “maravillosos animales”, el tamaño de los tanques, la alimentación que tendrán y cómo serán matados.

Vida miserable

La organización, que rechaza el uso de cualquier animal para alimentación, asegura que los pulpos pueden vivir hasta cuatro años, con lo que el sacrificio con un año sería el equivalente a su adolescencia.

Algunos advierten de que son solitarios y, con una inteligencia muy poco común entre los animales marinos, llegan a reconocerse en un espejo y a las personas, son seres sensibles que pueden experimentar placer, emoción y alegría, pero también dolor, angustia y daño. “Meterlos en tanques es condenarlos a una vida miserable”, asegura Cristina García, vicepresidenta de Pacma.

Problema ético

Otros se apoyan en la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia (2012) al plantear un problema ético en esta explotación. Aseguran que, debido a su gran inteligencia, necesitan estímulos constantes y un entorno donde poder explorar, jugar y manipular.

Cuando se estresan, se muestran agresivos y pueden caer en comportamientos extremos como el canibalismo, ya que son carnívoros, la automutilación o el suicidio. “Las fábricas de pulpos está injustificadas ética y ecológicamente”, apostilla Jennifer Jacquet, profesora de Estudios Ambientales de la Universidad de Nueva York.

¿Y los cerdos?

Los partidarios de la granja de pulpos esgrimen que se ha demostrado que también los cerdos​, por ejemplo, son inteligentes, pese a lo cual se siguen matando millones de ejemplares al año para elaborar productos para la alimentación humana ¿Cuál es la diferencia entre un cerdo de granja industrial y un pulpo de granja industrial?, se preguntan.

“¿Qué es la inteligencia animal? Todos los animales que consumimos son inteligentes”, asegura Miguel Montero, ingeniero agrícola proyectista de granjas de otros animales. 

Trasfondo económico

El pulpo, que ha sido un producto básico de las gastronomías mediterránea y asiática del este, se ha convertido en un manjar global con Japón y Estados Unidos en cabeza, debido a la popularidad del sushi, las tapas, el poke y a la búsqueda de proteínas de alta calidad.

En paralelo, la demanda y los precios se han disparado conforme el calentamiento y la acidificación de los mares amenazan con desplomes en el futuro. También han caído  las capturas en las mecas tradicionales, España y Japón.

Pugna con Marruecos

El proyecto levanta ampollas y eleva la tirantez diplomática con Marruecos, país del que España importa desde hace años más de 50.000 toneladas, ante el agotamiento de la especie en aguas atlánticas y cantábricas. El pulpo gallego que se consume en casas, bares y restaurantes españoles es, en realidad, marroquí. Y esto proporciona pingües beneficios al vecino del sur. Unos 300 millones de euros anuales.

Protestas ecologistas aparte, España ha ganado la batalla de la investigación. También a Japón. Por algo es líder mundial en acuicultura. Volveremos a comer pulpo gallego de verdad criado en O Grove (Pontevedra) y de origen canario, en cualquier caso español. Seguramente más barato y abundante.