Menú Buscar
Bell-Carter, la empresa americana que ha comprado recientemente Dcoop / CG

Los productores de aceitunas critican a la Administración por las subvenciones a Dcoop

La deslocalización del producto que impulsa la cooperativa andaluza desde hace años sorprende a los exportadores de aceituna española

19.09.2018 00:00 h.
6 min

La subvención pública, ese es el quid de la cuestión en la polémica del aceite y las aceitunas en España. Mientras las críticas arrecian contra el gigante cooperativo que desarrolla una especie de posición de predominio en los mercados, sorprende que haya muy pocas voces que se atrevan a opinar sobre la agresiva campaña de crecimiento lanzada por la cooperativa de segundo grado Dcoop para crecer en un mercado tan importante para el sector como Estados Unidos. A decir de varios productores consultados por este medio, la actuación de esa compañía en el mercado puede perjudicar de manera clara a todo el conjunto del sector.

Los pronunciamientos son discretos. El sector de la aceituna en Andalucía tiene un gran peso, pero su tamaño y lo específico del negocio hace que todos los implicados, de una manera u otra, puedan verse afectados por aquello que expresan. Así que la mayoría de opiniones recabadas señalan a Antonio Luque como un "riesgo" para la evolución del sector olivarero en España, pero solicitan el más absoluto anonimato. "Su poder es omnímodo, estamos ante los nuevos caciques y señoritos de la Andalucía del siglo XXI", explica un competidor.

Algunos de los afectados subrayan lo “sorprendente” de las decisiones de Dcoop, que apuesta por acuerdos con terceros países, como Túnez o Marruecos, y compra de empresas americanas, como la anunciada hace unas semanas de la compañía Bell-Carter. Fuentes del sector apuntan, sin embargo, que el verdadero problema reside en las subvenciones que suministran las administraciones, que prefieren facilitar apoyo económico a una cooperativa antes que a respaldar a la empresa privada. Aunque la primera esté poniendo en práctica una estrategia enfocada al crecimiento antes que a la defensa de la aceituna española.

Subvenciones del Estado

Los datos proporcionados por estas mismas fuentes indican que Dcoop recibe alrededor de un 60% de las subvenciones “principalmente por ser una cooperativa”. Y señala que el máximo de subvenciones al que puede aspirar el sector privado aceitunero es el 15%.

Destaca lo “injusto” que resulta que el Estado prefiera dar el dinero a una cooperativa antes que al sector privado “simplemente por serlo” y sin tener en cuenta la estrategia llevada a cabo por cada una de las empresas y cómo repercute ésta a los agricultores. “A las empresas privadas nos encantaría que el Estado nos apoye tanto como lo hace con una cooperativa como Dcoop”, apunta. Y añade que el problema aparece en el momento en el que la Administración proporciona dinero a una cooperativa sin controlar “si realmente apoya el producto nacional”.

Defensa de los agricultores

Ante la compra del 20% de Bell-Carter por parte de Dcoop y su socio marroquí, Devico, el empresario destaca lo “curioso” de que una cooperativa española busque vender aceituna de otros países. Un movimiento que, sin embargo, le beneficia al no tener que pagar los aranceles que el Gobierno de Donald Trump ha impuesto a la oliva española este 2018.

Estos movimientos, que pueden ser “respetables” desde el punto de vista empresarial, no lo son tanto si se parte de la base fundacional de la institución. “Llama la atención que una cooperativa, que debe defender a los agricultores españoles, tome este tipo de estrategias” declaran desde el sector, “parece que los productores privados estamos más unidos y apoyamos más a los agricultores locales que la propia cooperativa”.

Crecer como sea

El presidente de Dcoop, Pedro Luque, se escuda en defender un proyecto que proporcione “garantía de futuro” a los agricultores andaluces cuando lo que potencia con sus acuerdos es la venta de producto extranjero. En su intervención en un desayuno de trabajo organizado en Jaén hace unos días, defendía que es preferible ganar cuota de mercado para crecer. Y una vez hecho esto, apostar por un producto diferenciado por sus “características determinadas”. Es decir, que prefiere crecer en productos de menor calidad que la que pueda ofrecer la aceituna española, relegándola a un segundo plano y a un tiempo futuro indeterminado para ponerla en valor.

“Nuestro objetivo es tener una buena posición en el mercado a nivel mundial y generar riqueza en nuestro entorno”, ha explicado Antonio Luque, aunque no han trascendido declaraciones sobre cómo ayuda la compra de Bell-Carter al aceitunero español en el mercado estadounidense. Un objetivo --el del impulso del producto nacional-- que debería estar implícito en el funcionamiento de una cooperativa de segundo grado (integra a otras cooperativas de agricultores, no a los propios trabajadores de la tierra) como Dcoop.

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información