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El robot repartidor desarrollado por la empresa Starship.

Planeta Tierra 2.0: así será el mundo cuando todo esté conectado

En los próximos años los objetos inteligentes (IoT) cambiarán nuestras casas, trabajos y automóviles, y abrirán el camino a una nueva generación de empleos

Ana Portolés
7 min

El Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés) no es el futuro, es el presente. Cada año hay más objetos conectados a la nube (televisores, cámaras, coches, sistemas de alarma, aires acondicionados…), y se estima que en el 2020 entre 25.000 y 50.000 millones de objetos enviarán cantidades ingentes de datos sobre nuestros usos y costumbres.

Todavía hay muchas personas y empresas que no ven la necesidad de abrazar esta opción. “Aún estamos en el proceso de justificar el precio de los dispositivos conectados a internet”, ha comentado Robin Duke-Wooley, CEO de Beecham Research, en el marco del Mobile World Congress (MWC).

Cámaras de vigilanciaDuke-Wooley también ha reconocido que queda poco para que la cuestión sobre si debemos conectar o no conectar objetos cotidianos deje de plantearse, porque no tendrá sentido no tenerlos conectados. “Aunque eso traerá problemas de conectividad mucho más duros que requerirán de altas medidas de seguridad”, ha asumido el experto.

La mayoría de avances en IoT para particulares están destinados al confort y la seguridad. La última edición del MWC ha permitido conocer algunos de lo más apetecibles.

El robot repartidor. Se trata de un minivehículo autónomo creado por Starship que reparte paquetes pequeños y medianos a su destinatario, cuándo y dónde a éste le vaya bien.

Poco antes de llegar a destino, el aparato envía un mensaje de móvil que avisa al receptor, y cuando los dos se encuentran, el receptor solo ha de aceptar el paquete haciendo clic en su móvil para que el “maletero” se abra y recoger su paquete. ¿Será el fin de Correos?

El predictor de crímenes. Todas esas cámaras conectadas a la nube, mapas que permiten seguirnos el rastro y redes sociales a la vista tenían que servir para algo.

Empresas como Hitachi aprovechan estos y otros datos para predecir crímenes y saber, estudiando algunos patrones, cuándo puede ocurrir el siguiente ataque. El invento ya se usa con éxito en la ciudad de Washington.

El cuidador de ancianos. Las personas mayores que pasan tiempo solas en casa son una de las mayores preocupaciones de las familias, que temen no enterarse de cualquier accidente.

Gracias a la tecnología de empresas como MonitorLink, un smartwatch o pulsera en la muñeca del anciano puede detectar que se le ha acelerado el pulso, la nevera puede detectar que lleva dos días sin abrirse, las cámaras pueden haber grabado la caída.

También es posible enviar avisos con estos datos a la familia, a servicios de urgencias y hasta a los vecinos, para los que existe un link que reciben en su móvil en caso de accidente y que les permite, al hacer clic sobre él, abrir la puerta una vez y poder atender al vecino con problemas.

El preparador de vacaciones. El IoT nos ahorrará comprobar tres veces el estado de las luces y las puertas antes de partir. Ya existen tecnologías que, al activar la función especial vacaciones, apagan todas las luces, cierran la puerta o verja principal, encienden la alarma, se encargan de abrir y cerrar todos los días las persianas para aparentar que hay alguien en casa, y permiten que comprobemos que todo está bien en casa desde cualquier lugar del mundo mediante un móvil o una tableta.

 El cazador de intrusos. Las casas inteligentes de MonitorLink también servirán para pillar ladrones. Si por ejemplo el sistema sabe que estamos de vacaciones y no tiene ningún aviso nuestro de que pensemos volver antes, o si detecta que la persona que acaba de entrar no tiene la altura de ningún miembro de la familia, encenderá todas las luces, cerrará puertas y ventanas, enviará alerta al móvil a la policía y avisará a los dueños. Y si el ataque se produce con los inquilinos dentro, el sistema comprobará que todos están bien, para decidir si llama o no a los servicios de urgencias.

Aplicaciones para empresas. En las empresas, el IoT se usará sobre todo para lograr más seguridad, productividad, ahorro y ganancias. Veremos cómo las máquinas expendedoras detectan cuántos refrescos faltan, las instalaciones de fábricas avisarán de averías o de la necesidad de reponer piezas antes de que se produzca un accidente, el aumento de información real, ya no estimada, permitirá planificar mejor y ahorrar energía.

Máquina expendedora Smart

Eso sí, la transición no será fácil. “Habrá un periodo de cambio de cierta incomodidad y desorientación”, apunta Patrick Kolb, fund manager de Credit Suisse. Según este experto, al tiempo que habrá que dedicar a aprender a usar las nuevas herramientas, se suma que “el 47 % de los sectores sufrirá recortes de plantilla”.

Los retos que tendremos que superar

Los expertos concuerdan en que ahora mismo justo asistimos a los inicios del IoT, y que los verdaderos retos empezarán a llegar ahora. En esta fase, todo son preguntas abiertas. ¿Cómo protegeremos las conexiones para que los hackers no roben todos estos datos personales? ¿Cómo seleccionaremos los datos que se suben a la nube y los que no? Porque no es cuestión de que cada bombilla del mundo envíe información. ¿Cómo haremos los testeos de calidad de los dispositivos?

Pensemos que revisar el buen funcionamiento de la nevera ya no será como ahora, necesitará de otro tipo de profesionales y estándares de calidad. ¿De dónde saldrán estos profesionales cuando crezca la demanda? ¿Cómo analizaremos los datos cuando aumenten exponencialmente? ¿Cómo sabrán las empresas inversoras que su dinero financia el desarrollo de un sistema IoT que seguro se hará realidad y le dará beneficios? ¿Cómo se gestionarán los inventos a nivel burocrático y protocolario?

De momento, lo que parece claro es que será necesaria una gran confluencia de personas y empresas que tiren el IoT adelante, recordando que toda tecnología radicalmente nueva ha causado miedo en todas las épocas, y que ésta es solo una tecnología más que volverá a cambiar el mundo y que, antes o después, todos tendrán que aceptar.