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Enagás participa en el vehículo liderado por Blackstone y que hizo tres ofertas para comprar Tallgrass / EP

Tres ofertas y descuentos del 9%: así fue la compra de Tallgrass por Blackstone y Enagás

La gasista estadounidense facilita a sus accionistas todos los detalles de la operación, la más importante en el exterior

8 min

Enagás anunció a finales del pasado año un incremento de participación en la estadounidense Tallgrass, en cuyo capital ya había entrado durante el primer trimestre como componente de un vehículo inversor liderado por Blackstone. Pese a la celeridad con la que se llevó a cabo, la segunda fase de la compra de la gasista estadounidense (en la que el gestor del sistema español ha invertido un total de 1.500 millones de euros, su mayor adquisición en el exterior) no estuvo exenta de dificultades. Hasta tres ofertas diferentes tuvo que hacer la sociedad inversora (de la que también forma parte el fondo de Singapur GIC) para convencer a los minoritarios que, no obstante, finalmente lograron un precio sensiblemente inferior al que reclamaron en un primer momento.

Todos los detalles de la negociación han sido facilitados por Tallgrass a sus socios en un ejercicio de transparencia inimaginable en el mercado español e incluso en los europeos.

Ante la cercanía de la junta, en la que los accionistas deberán dar su visto bueno a la fusión con el vehículo inversor que adquiere la empresa, Tallgrass les he remitido un documento en el que, además de explicar pormenorizadamente los términos de la operación y el futuro de la empresa (que será excluida posteriormente de cotización), narra de manera cronológica las etapas de las negociaciones que desembocaron en el acuerdo para la adquisición de las acciones que todavía no estaban en poder de la sociedad participada por Blackstone y Enagás.

Desplome de la acción

El documento en cuestión ha sido registrado en la Comisión de Valores de EEUU (SEC, por sus siglas en inglés, equivalente a la CNMV en España). En él se detalla que, pocos meses después de la adquisición del 43% de Tallgrass por la sociedad inversora, los títulos de la gasista norteamericana sufrieron una fuerte caída debido al deterioro de las condiciones del mercado en EEUU y también a la constitución de una alianza entre dos competidoras que podría afectar de forma negativa a una de las lineas de negocio de la empresa.

En apenas tres meses, las acciones de Tallgrass se hundieron un 40%, una circunstancia que no pasó desapercibida para Blackstone ni para sus asesores en la operación, Citigroup y Credit Suisse, para abordar la compra de la participación que aún no tenía y que estaba compuesta básicamente por las acciones tipo A de la compañía, aquellas que gozan de derechos económicos (es decir, perciben dividendos) pero no políticos (no votan en las juntas).

Cinco dólares de diferencia

Tras consultar la disposición de Enagás y GIC a acompañarles de nuevo en la operación y obtener respuesta afirmativa por parte de ambos a finales de agosto, el Comité de Inversiones de Blackstone elaboró una primera oferta de 19,50 dólares por titulo que trasladó al denominado Comité de Conflictos de Tallgrass (organismo que actúa en defensa de los intereses de los socios minoritarios).

Por entonces, la cotización de la estadounidense estaba en el entorno de los 14,5 dólares aunque de inmediato se disparó hasta la cantidad ofrecida por el vehículo de Blackstone. Pese a que las negociaciones no eran de carácter público, en el mercado empezaba a extender el rumor de que el fondo estaba interesado en comprar la parte que aun no controlaba de Tallgrass.

De acuerdo con el detalle incluido en el citado documento remitido a los accionistas, el Comité de Conflictos no solo rechazó de plano este primer ofrecimiento sino que, tras reunirse con sus asesores, determinó que el precio que debían fijar en la operación era de 24,50 dólares, cinco dólares más de los que ofrecía el inversor.

Guerra de informes

Desde ese momento, los últimos días de octubre, comienza una batalla de informes y contrainformes por ambas partes para justificar sus respectivas posturas. Mientras el Comité de Conflictos presenta un documento en el que estima que las inversiones anuales de la empresa entre 2020 y 2023 rondarían los 750 millones de euros, el inversor muestra sus propios cálculos en que el 'capex' no sobrepasa los 350 millones anuales por lo que considera que las cifras que presentan los socios de Tallgrass están infladas.

Con todo, Blackstone aseguraba entonces que será complicado que su oferta supere los 20 dólares por título.

Cabe tener en cuenta en este punto que las acciones que estaban encima de la mesa no tienen derechos políticos por lo que son realmente valiosas para aquellos accionistas que, además, posean títulos que sí tienen esos derechos, como es el caso del vehículo de Blackstone y Enagás.

Ultimátum: 13 de diciembre

Tras diversos tiras y aflojas, los inversores dan un plazo limite para aceptar la oferta que sitúan en el 13 de diciembre; de no alcanzar un acuerdo con anterioridad, la propuesta decaerá. Pocos días antes, el Comité de Conflictos traslada su última propuesta: 21,90 dólares más 0,55 adicionales en forma de dividendo. Por entonces, las acciones de Tallgrass se habían desinflado un tanto toda vez que el mercado empezaba a dar por descontado que no habría acuerdo.

Sin embargo, se equivocaba. Con determinadas condiciones, como que no habría reparto de dividendos hasta no cerrar la operación, el vehículo inversor dio por bueno el precio y el acuerdo se cerró a mediados de diciembre, cuando fue oficialmente anunciado, al precio final de 22,45 dólares.

De este modo, el vehículo participado por Enagás tuvo que elevar algo más de un 15% su oferta inicial para lograr su objetivo pero, al mismo tiempo, logró reducir un 9% las pretensiones iniciales de los minoritarios.

Una ampliación fulgurante

La operación fue generalmente aplaudida por el mercado, como prueba el hecho de que Enagás cubrió en apenas un cuarto de hora la ampliación de capital de 500 millones de euros que ejecutó para financiar parte de la compra y que contó con un participante de excepción: Amancio Ortega, fundador, ex presidente y accionista mayoritario de Inditex y propietario de una de las mayores fortunas del mundo, que ha pasado a ser uno de los socios de referencia de Enagás, con una participación del 5%, igual que la que mantiene el Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

Desde que se cerró la compra de Tallaras, los títulos de Enagás acumulan una revalorización en Bolsa próxima al 7%.

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