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Barack Obama durante el relevo en la presidencia de la Reserva Federal, cuando Janet Yellen sustituyó a Ben Bernanke

Obama deja la economía de EEUU mucho mejor que cuando llegó a la Casa Blanca

La bolsa y el empleo son los indicadores que mejor reflejan el balance positivo de la gestión de la crisis realizada desde la Administración demócrata

Ignacio Recio
29.10.2016 00:00 h.
6 min

Ya queda apenas una semana para que Barack Obama deje la oficialmente presidencia de Estados Unidos tras haber estado ocho años como inquilino en la Casa Blanca. Desde que tomó el poder el 20 de enero de 2009 muchas cosas han cambiado en el panorama económico, no solamente de su país, sino en el mundo entero. Su influencia en la economía ha sido tal que ha tenido que convivir con unos de los escenarios de mayor incertidumbre en la economía. Gestionando una de las peores crisis que ha tenido el mundo occidental durante las últimas décadas.

¿Qué es lo que ha variado durante sus dos mandatos? Muchas cosas, con sus luces y sombras a través de un legado económico cargado de interpretaciones. El primer aspecto por el que será recordado el 44º presidente de EEUU es por su especial interés en paliar los efectos de la recesión que sucedió a la crisis de las hipotecas subprime.

Ley de estímulo económico

Fue el responsable de impulsar la Ley de Estímulo Económico a través de una operación de 787.000 millones de dólares que ha tenido como finalidad estimular la economía norteamericana mediante una política expansiva a través de un ambicioso programa de inversiones. Tanto en el sector privado como en el público.

Uno de sus principales efectos ha sido el incremento del empleo. Durante su presidencia, el número de parados se ha reducido en algo menos de tres puntos porcentuales. Pasando del 7,6% de desempleados que había al tomar la presidencia, al 5,0% que ha marcado la tasa de paro durante octubre de 2016. Después de haber bajado en mayo de este año al 4,70%, el nivel más bajo desde finales de 2007.

Mercado de renta variable en expansión

Uno de los datos más significativos del testamento económico del presidente Obama es la fuerte apreciación que ha tenido la bolsa durante su largo mandato. Abandona la presidencia, con un Dow Jones en la barrera de los 18.000 puntos y prácticamente en máximos históricos. Después de haber cogido el índice en los 9.000 puntos, la mitad.

No en vano, los inversores en bolsa han sido uno de los grandes beneficiados de su programa económico. Afectando por igual a todos los sectores, desde el automovilístico a la empresas de las nuevas tecnologías. En donde el Nasdaq ha mostrado una evolución pareja al del índice general. Prácticamente doblando la rentabilidad de las bolsas europeas, incluida la española. Con unos retornos mucho más modestos. 

El plan de estímulos económicos y un escenario de tipos de interés bajos han conformado la receta para que la renta variable de Estados Unidos haya vivido uno de los momentos de más esplendor de las últimas décadas.

Política monetaria con tipos bajos

Otra de las señas de identidad de estos años ha sido el mantenimiento de unos tipos de interés especialmente bajos. La Reserva Federal de Estados Unidos (FED), guardián de la ortodoxia monetaria, aprobó al final una leve subida, en una horquilla de entre el 0,25% y un 0,50%. Después de ocho años con el precio del dinero casi a cero.

En estos momentos, las previsiones del PIB estadounidense para el tercer trimestre de 2016 son del 2,4% desde el 1,4% del periodo anterior. Después de haber aterrizado con una tasa negativa cercana al 6%. De todas formas, cabe recordar que en el intermedio de su presidencia llegó a acercarse al 5%.

Los acuerdos comerciales su talón de Aquiles

Las relaciones comerciales con otras áreas de especial relevancia en la economía internacional, sin embargo, no han sido tan fructíferas. Los acuerdos comerciales con 11 países del Pacífico, y con la UE no han dado todavía sus frutos deseados. Con respecto a los primeros, el Acuerdo del Pacífico (Australia, Brunei Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam) generaría la apertura de nuevos mercados a las compañías norteamericanas a través de unas importaciones y exportaciones más baratas. Aunque de momento, sus efectos no se han palpables.

Mientras, el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP), entre Estados Unidos y la Unión Europea lleva un retraso de varios años para su firma debido a las reticencias de algunos de los socios del viejo continente. En cualquier caso, no se podrá rubricar durante el mandato presidencial de Obama y habría que esperar al futuro inquilino de la Casa Blanca. Aunque ni Donald Trump, ni Hillary Clinton parecen entusiasmados por una rápida implantación. Mientras en los países de la zona euro tendrían que ser ratificados por sus parlamentos nacionales. A día de hoy más un deseo que una realidad.