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Francisco Reynés, presidente de Naturgy / EP

Naturgy pasa al ataque y saldrá de compras tras dos años de gestión conservadora

La venta del negocio de redes eléctricas en Chile marca un punto de inflexión en la estrategia de la compañía, que hasta ahora había hecho prevalecer el crecimiento orgánico

7 min

El paso del ecuador del plan estratégico de Naturgy supondrá también un punto de inflexión en la actual gestión, que precisamente se estrenó con la elaboración de una hoja de ruta con un horizonte de cinco años. Tras algo más de dos años de conservadurismo, la compañía está dispuesta a salir al mercado en busca de compras; sin saltarse sus preceptos en cuanto a la disciplina financiera pero dejando atrás la etapa en la que el crecimiento orgánico era la norma y el inorgánico, la excepción no contemplada en principio.

Paradójicamente, el cambio de rumbo se inicia con una venta y, además, no una cualquiera. Se trata de deshacer parte de la que, en su día, fue la mayor adquisición internacional de la compañía, por entonces aún denominada Gas Natural Fenosa: la chilena Compañía General de Electricidad (CGE).

Rotación de activos

Una operación cuyos ingresos, cifrados en 2.570 millones de euros, no se destinarán específicamente a reducir la deuda ni tampoco a premiar a los accionistas con un dividendo extraordinario sino a reinvertirlos en nuevos activos para Naturgy. “Iniciamos una nueva etapa, la de la rotación de la cartera, con el objetivo de lograr una compañía menos volátil y más previsible”, apuntó su presidente, Francisco Reynés, en una rueda de prensa telefónica con los medios para explicar la operación.

Rotación de activos. Será un término al que deberán acostumbrarse los accionistas, los analistas que siguen a la energética y los inversores. Marcará la segunda parte del plan estratégico hasta 2022 que, hasta la fecha, se había centrado mucho más en los objetivos de eficiencia, hasta el punto de que Naturgy los da ya por logrados, dos años antes de lo previsto.

El problema de los contratos de gas

No era lo único que había que resolver. Desde que se inició el año, y aún antes de que estallara la pandemia del coronavirus, 2020 aparecía en el horizonte de Naturgy como un año de transición. El equipo gestor se había fijado como objetivo primordial paliar en la medida de lo posible el grave problema que suponía la notable caída de los precios del gas y la presión que ejercía el mercado sobre los contratos de abastecimiento a largo plazo firmados en su día por la empresa.

Buena parte del esfuerzo se ha centrado en este objetivo, cuyo hito más importante fue el pacto con Argelia, socio estratégico de la compañía y, más allá, de España en materia energética desde hace varias décadas. A partir de entonces, Naturgy ya estaba en disposición de pasar a la siguiente fase.

Sin prisas

“No nos preocupa el tamaño, no estamos obsesionados por ser más grandes”, anunció Reynés a finales de junio de 2018 en Londres, en la presentación del plan estratégico de Naturgy ante cerca de un centenar de analistas e inversiones. Ni uno de los muchos números que aparecían en aquella hoja de ruta estaba consignado al crecimiento inorgánico. La prioridad era, por entonces, la revisión del valor de activos para adaptarlos al escenario de la transición energética (lo que se tradujo en pérdidas contables superiores a los 3.000 millones de euros) y hacer una empresa más eficiente.

Casi dos años y medio después, la compañía se ha asegurado más de 2.500 millones de euros para acudir al mercado en busca de activos que le ayuden al tan recurrente objetivo de crear valor para el accionista. Y será lo que haga. “No tenemos ninguna prisa. Debemos encontrar opciones tan buenas para invertir como la que hemos hallado para desinvertir”, señaló este viernes Reynés a preguntas de los periodistas.

Euro, dólar y libra

Pero Naturgy no va a buscar esas óptimas oportunidades en cualquier parte. Los socios, principalmente Criteria Caixa y los fondos CVC y GIP, no parecen dispuestos a nuevos sobresaltos a tenor del perfil requerido: países estables desde el punto de vista económico y político y con monedas fuertes. Es decir, el euro, el dólar estadounidense y la libra esterlina.

“No queremos padecer los sobresaltos que proporcionan los tipos de cambio. Queremos una compañía más previsible, más aburrida, que, en entornos complicados como los actuales, da mucha más estabilidad a los accionistas”.

Menos Latinoamérica

El cambio de rumbo no supondrá perder el fuerte vínculo de Naturgy con Latinoamérica. “Pero sí reducir su peso en el negocio”, admite Reynés. No es casualidad que la segunda fase haya empezado con una gran desinversión y, además, en la región. La operación no supondrá abandonar del todo Chile, donde mantendrá el negocio de redes de gas y de generación. Pero sí supone toda una declaración de intenciones.

Con una nueva estructura directiva, más simplificada y en busca de mayor eficiencia; con el gran quebradero de cabeza de los contratos de gas en parte solucionado; y con una primera partida de algo más de 2.500 millones de euros en el zurrón. De esta guisa, Naturgy acude a un mercado condicionado por la oportunidad única que supone la transición energética y el desafío notable de la aparición de nuevos y muy potentes actores, como son las grandes petroleras.

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