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Fallece Mariano Puig

Mariano Puig, el químico discreto que hizo grande el Instituto de la Empresa Familiar

El ejecutivo, fallecido con 93 años, puso en marcha la venta de Agua Lavanda Puig en Estados Unidos en los años 50 y entró en el mercado francés con el diseñador Paco Rabanne

8 min

En 1992 radiaba de felicidad inmerso en los entornos de la sede de los JJOO de Barcelona. Fue en aquellos años, en plena etapa fundacional del Instituto de la Empresa familiar (IEF), cuando Mariano Puig, expresidente del grupo Puig, uno de los motores del grupo de perfumería y cosmofarmacia, saltó a la primera línea institucional del mundo de la economía. Hasta entonces había sido el perfecto discreto con el que sueña todo empresario catalán, descontadas sus proezas deportivas en el esquí náutico, un medio en el que obtuvo cinco campeonatos de España y el cargo de presidente de la Federación Española de la especialidad. Puig formaba parte de la segunda generación de la familia. Hijo del fundador, Antonio Puig Castelló, entró en 1950 en la hoy actual empresa de perfumería, derma, moda y luxury. Alternó responsabilidades en la firma con sus hermanos Antonio, José María y Enrique durante los años difíciles de la autarquía económica y puede decirse que Mariano fue de los primeros en sentar plaza en los mercados internacionales, antes incluso de que se pusieran en marcha los planes de estabilización de Laureano López Rodó y de la conversión en divisa cambiable de la antigua peseta española, bajo la inspiración del influyente monetarista Sardà Dexeus.

Mariano Puig, fallecido ayer a la edad de 93 años, fue un enamorado de la economía sin moverse de su especialidad: la química. Rozó, como otros emprendedores de fuste, las limitaciones de Transacciones Exteriores durante el Antiguo Régimen y colaboró abiertamente en la apertura de la economía española. Colaboró estrechamente con el fallecido Leopoldo Rodés (Media Planing y Havas Media), en la fundación del IEF, creado inicialmente como un lobi fiscal para contrarrestar la alta tributación de los impuestos de donaciones y sucesiones, que debilitaban la continuidad de las empresas de raíz familiar. El IEF se creó en Barcelona con el apoyo del entonces consejero de Economía, Macià Alavedra, y de Jordi Pujol, en un momento en el que el nacionalismo catalán vivía un idilio con la Moncloa de Felipe González. El Instituto contó con los parabienes del equipo económico del PSOE, empezando por Miguel Boyer y Carlos Solchaga; y colocó al frente a Alfred Pastor, doctor por el prestigioso Massachusetts Institute of Technology y emérito del IESE, que años después desempeñaría la Secretaria de Estado de Economía.

Sin apenas vida pública

Formado en la mejor etapa de los Técnicos Comerciales (Economistas del Estado) bajo la dirección de Luis Ángel Rojo, Pastor sentó las bases técnicas de la organización empresarial de los familiares, conectada desde el primer día con la patronal francesa, el Medef, la BDA alemana, la CBI británica o la Cofindustria italiana. Toda Europa estuvo de acuerdo con el nuevo grupo de interés de los familiares españoles, menos la CEOE, presidida entonces por José María Cuevas, contrario al IEF por haberse fundado en Cataluña y por considerarla una competencia para la organización patronal española. Cuevas, formado en los sindicatos verticales de la antigua Falange, se equivocó; el IEF fue desde sus comienzos un proyecto ganador a los ojos de UNICE, la patronal de los países miembros de la UE, presidida entonces por el llorado Carlos Ferrer-Salat.

Marc Puig, presidente del grupo de perfumería Puig / CG
Marc Puig, presidente del grupo de perfumería Puig / CG

Apenas dos años después de ponerse en marcha, Mariano Puig sustituía a Rodés al frente de la institución. Rodés, brazo financiero catalán del Grupo March e impulsor de la multinacional de la comunicación Havas Media, le cedió el turno convencido de que un empresario de éxito y sin apenas vida pública era lo mejor. Desde aquel momento, el IEF no ha dejado de crecer y aglutinar a todo el empresariado familiar español. Las Ferrovial, ACS, Agrolimen, Coca Cola y un largo etc de más cien compañías de gran tamaño, así como miles de pymes, mantienen la defensa de la privacidad en los negocios sin desmerecer a las cabeceras de la bolsa españa, las blue chips, cuyas mayorías accionariales han perdido la propiedad en manos de fondos de inversión o de estructuras corporativas de enorme alcance internacional.

En manos de Marc Puig

Mariano Puig, emprendedor de la segunda generación de los Puig, ha sido además uno de los secretos mejor protegidos del grupo perfumero. Ya en los 50 y 60 formó tándem con su hermano Antonio, hijos ambos del fundador de la firma Antonio Puig SA. Desde el primer momento, Mariano fue el impulsor de la expansión internacional del grupo que presenta una facturación hoy superior a los 2.000 millones de euros. Puso en marcha la venta de Agua Lavanda Puig en Estados Unidos a finales de los años 50 y consiguió la licencia de Max Factor para distribuirla en España. Una década más tarde, entró a fondo en el mercado francés de la mano del diseñador Paco Rabanne. Alcanzó acuerdos con Carolina Herrera en la cuna de la perfumería --y más tarde, de la moda-- y dedicó otra parte importante de su carrera a la sociedad patrimonial Exea, que aglutina las inversiones de la familia Puig en el sector del private equity.

Desde muy joven, Mariano Puig desempeñó puestos de responsabilidad en la empresa y asumió la dirección ejecutiva antes de cumplir los 30 años. En 1962 creó la primera filial en el extranjero. “Completó un periplo brillante de expansión el EEUU, Francia y el Caribe”, señala una escueta nota difundida ayer por la empresa perfumera. En la gestión del grupo le ha sucedido su hijo Marc Puig, consejero delegado de la firma desde 2004 y con el cargo de presidente desde 2007.

La vela al empresario se abrió ayer por la tarde para que familiares y conocidos le puedan dar el último adiós. La ceremonia de despedida tendrá lugar hoy poco después de mediodía en el Tanatorio de Sant Gervasi, operado por Serveis Funeraris de Barcelona.