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Protestas callejeras en Estados Unidos, uno de los países con mayor desigualdad social / EP

Casarse mirando a la cartera y los estudios, una trampa para la igualdad

El economista Milanovic golpea el tablero con sus datos sobre los enlaces matrimoniales de las clases medias y media-altas

8 min

Casarse, ¿con quién? Ya no tiene importancia, piensa el común de los mortales. O siempre la tuvo y ahora más que nunca, se podría también argumentar. El caso es que para los que sueñan con medidas que puedan paliar la desigualdad social, esa cuestión se les escapa de las manos. Y quien lo ha reflejado es el economista Branko Milanovic, que se atreve a señalar que las opciones de las clases medias y altas son conscientes y que se enlazan con sus semejantes, complicando las políticas distributivas de los gobernantes que creen que la excesiva desigualdad en un país es un problema.

La educación en determinados centros es crucial para el emparejamiento, como una elección plenamente consciente para el futuro profesional y personal. En Cataluña hay un debate soterrado sobre la educación concertada y privada, que a las elites políticas no les ha interesado modificar, a pesar de algunos tímidos intentos del actual consejero de Educación, Josep Bargalló.

Lugares de enlaces

Lo que señala Milanovic, economista serbioestadounidense en su libro Capitalismo, nada más, (Taurus), es que en Estados Unidos el incremento de esos enlaces ha llevado a una mayor desigualdad, y reproduce el propio sistema. “Cuando iba a (la institución de la Ivy League que fuera) –universidades de elite—ya sabía que me casaría con una mujer que conocería allí. Ellas también lo sabían. Todos sabíamos que nuestra reserva de candidatas deseables para el matrimonio no volvería a ser nunca tan grande. Además, era consciente de que la mujer con la que me casara sería un espécimen del mismo tipo: todas tenían una buena formación, eran inteligentes, pertenecientes a la misma clase social, leían las mismas novelas y los mismos periódicos, se vestían igual, tenían las mismas preferencias en materia de restaurantes, de paseos…” (…) “En realidad, socialmente casi no suponía diferencia alguna con cuál de ellas me casara”.

Antón Costas, a la izquierda, y Banko Milanovic
Antón Costas, a la izquierda, y Banko Milanovic en las jornadas del Círculo de Economía.

Esa es la confesión que un norteamericano le comunica a Milanovic en una conversación de sobremesa, hablando sobre las cosas de la vida. Pero tiene una traducción práctica en la desigualdad de un país. Alrededor de un tercio del aumento de la desigualdad en Estados Unidos entre 1967 y 2007 “puede explicarse por el emparejamiento selectivo”, señala el economista, citando los estudios de Decancq, Peichl y Van Kerm. Y según la OCDE, ese emparejamiento selectivo “suponía por término medio el 11% de incremento de la desigualdad entre comienzos de la década de 1980 y comienzos de la década de 2000”.

Las mujeres se suben al carro

Se trata de un fenómeno que no siempre se ha producido. Una elección social, libre, pero que denota el afán de no bajar un nivel determinado y de reproducirlo en el futuro, a través de los hijos, que adoptan caminos similares o casi calcados a sus padres. En 1970, sólo el 13% de los jóvenes norteamericanos incluidos en el decil superior de la escala de varones asalariados contraía matrimonio con chicas incluidas en el decil superior de la escala de mujeres asalariadas. En 2017, “esa cifra había subido casi hasta el 29%”. Y, en el caso opuesto, la tasa de matrimonios entre esos jóvenes con mujeres asalariadas en el decil inferior, ha ido descendiendo desde el 13,4% hasta por debajo del 11%”.

Milanovic lo explica: “Los jóvenes americanos que ganan un sueldo elevado, y que en los años setenta era igual de probable que contrajeran matrimonio con mujeres que ganaban un sueldo elevado como que lo hicieran con aquellas que ganaban un sueldo bajo, muestran en la actualidad una preferencia de casi tres a uno a favor de las primeras”. Y lo que ha ocurrido en todos estos años es que la mujer ha apostado todavía más por esas relaciones ‘satisfactorias’ para todas las partes: “El porcentaje de mujeres jóvenes con un sueldo alto que se casan con hombres jóvenes que también ganan un sueldo alto ha subido de poco menos del 13% al 26,4%, mientras que el porcentaje de mujeres jóvenes ricas que se casan con hombres jóvenes pobres ha quedado reducido a la mitad”. De no tener preferencia en la década de 1970, se ha pasado ahora a preferir a los hombres ricos en una proporción de casi cinco a uno.

Tipos de capitalismos

Se pudiera decir que es un hecho hasta cierto punto comprensible, y ‘natural’, en el hecho de que las elecciones selectivas garantizan un patrimonio y un aumento del mismo en el futuro. Pero lo que Milanovic muestra es que es una tendencia en aumento, y que señala al capitalismo en otro estadio, el capitalismo que impera en Occidente, porque el capitalismo de estado, el de China es otro, con ventajas y con inconvenientes y problemas distintos.

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El economista Branko Milanovic / WIKIPEDIA

Las características del capitalismo que el economista llama “meritocrático liberal” son distintas al capitalismo socialdemócrata que surgió tras la II Guerra Mundial. En el que impera ahora, y que tiene como gran representante a Estados Unidos, hay un “aumento de la participación correspondiente a la renta del capital en el producto neto”; una “elevada concentración de la propiedad de capital”; “los individuos que tienen abundancia de capital son ricos”; los llamados ricos “por su renta de capital son también ricos por la renta del trabajo –gran diferencia respecto al capitalismo socialdemócrata--; existe “una estrecha correlación entre las rentas de padres e hijos, --transmisión de ventajas y privilegios--, y los ricos “o parcialmente ricos, se casan entre ellos, la llamada homogamia o emparejamiento selectivo”.

La consecuencia es una mayor desigualdad, un campo abierto, --enorme-- entre clases altas y las medias y medio-bajas. ¿Quién quiere y puede cambiar esa tendencia que corre a toda velocidad? Esa es otra cuestión. Milanovic señala que, pese a herramientas como los impuestos de sucesiones, “resulta ilusorio creer que esa política fiscal por sí sola vaya a bastar para igualar las oportunidades de vida de los hijos de padres ricos y pobres”.