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Un pescador en el Mediterráneo / PXHERE

La pesca local, en peligro de extinción

La flota se ha reducido en más de un 47% en Cataluña en los últimos 15 años, al igual que las capturas, la recaudación y el precio por quilo

02.07.2019 00:00 h.
12 min

En los últimos 15 años, la flota pesquera en Cataluña ha disminuido más de un 47%. Esto significa que, de las 1.382 embarcaciones que había en 2003, ahora solo quedan 731. La evolución de las capturas y la recaudación económica del sector también han experimentado una caída significativa en los últimos años, exceptuando el último ejercicio, que ha registrado un leve repunte, con 27.300 toneladas --frente a las 25.700 de 2017-- y 102.800 millones de euros --101.141 el ejercicio anterior--. Eso sí, el precio medio por quilo también ha menguado cerca del 4%. Unos datos que indican que la pesca local está en peligro de extinción en el territorio.

Barcos pesqueros amarrados en el puerto / EFE
Barcos pesqueros amarrados en el puerto / EFE

“El sector está muy amenazado. Aunque nos hemos acostumbrado a vivir en crisis, en la última década la situación ha pasado de marrón oscuro a negro”, cuenta a Crónica Global el patrón mayor de la Cofradía de Barcelona, José Manuel Juárez. Una situación que constatan desde la Dirección General de Pesca de la Generalitat: “Llevamos 10 años perdiendo masa crítica”, lamenta Sergi Tudela, quien apunta que obedece “a un problema global de falta de recursos, de muchas especies y por eso las políticas comunitarias están enfocadas a la recuperación de la población de peces”. También Antonio Marzoa, presidente de la Unión Nacional de Cooperativas del Mar (Unacomar), lamenta el declive de la pesca en Cataluña, y recuerda que “cada puesto en el mar genera entre cinco y diez empleos en tierra”.

Producto local y pesca de altura

Una de las principales reivindicaciones de los pescadores pasa por la diferenciación del producto local frente al que proviene de terceros países y de otros tipos de capturas, como la de altura. “Tenemos 11 horas --las mareas-- de tiempo máximo para faenar desde que salimos hasta que volvemos a puerto. Es una tradición de nuestros ancestros, y así seguiremos. ¿Qué sucede? Estamos sometidos al mismo reglamento de políticas pesqueras, que no distingue que el pescado tenga cuatro horas, y venga vivo del mar, o que provenga de la pesca industrializada con días, semanas o meses”, critica Juárez.

Unas normas que, según el patrón, equiparan “la pesca del Báltico o la del Gran Sol con la pesca local” y que rema “a favor de las grandes industrias, cuyos empleados tienen grandes sueldos”. Una de las principales diferencias es que el salario de los pequeños pescadores depende de la captura del día. “Si pescas, ingresas, si no, no hay beneficios”, señala. Su intención no es obtener la misma retribución que los que pescan lejos de la costa, sino poder seguir con su profesión “y gestionar los pocos recursos que quedan”, sostiene. Por cada millón de euros que factura la cofradía de la Ciudad Condal se crean 27 puestos de trabajo, según su presidente, quien recuerda que “en la pesca industrializada eso resulta imposible”.

Etiquetas para distinguir la procedencia

Otro de los caballos de batalla de los pescadores es el sistema de etiquetaje. “Siempre hemos defendido que debe recoger el punto de origen y la fecha de captura. Una de las cuestiones más importantes, sobre todo por el frescor”, señala Marzoa, también presidente de la Federació Territorial de Confraries de Pescadors de Barcelona. La intención es implementar un reglamento de marca que “ayude a distinguir lo que se captura en las costas catalanas de lo que viene de otros países de la Unión Europea, la cuenca mediterránea, u otros puntos del planeta”, subraya. ¿La razón? “De cara al consumidor se acaba mezclando el pescado que captura la flota catalana con el que proviene de cualquier otro punto”, cuenta.

Un puesto de venta de pescado en un mercado / EFE
Un puesto de venta de pescado en un mercado / EFE

Desde el sector de la pesca local critican que la normativa es cada vez más estricta --la captura solo se puede descargar en determinados puertos, por ejemplo-- pero esta dureza no se aplica a mercancía que proviene de otras zonas. “El resto viene en tráileres, se escapa a nuestro control, y es ahí cuando las autoridades de inspección tienen que estar más vigilantes respecto a la trazabilidad”, apunta. “En todo caso, el pescador catalán está sometido a una normativa hiperventilada, con fiscalización a todos los niveles. Algo que acatamos y cumplimos, pero si no se es igual de exigente con todo lo que viene de fuera, ponemos en desventaja a nuestro productores”, lamenta Marzoa.

Promover el pescado autóctono

Desde la Dirección General de Pesca detallan que es en la lonja donde se procede al etiquetado del pescado, que incluye toda la información de su captura. “Lo que pedimos es que se mantenga durante toda la cadena de custodia del pescado, hasta llegar al consumidor”, subraya Tudela, quien apunta que son los inspectores los que deben velar por que estos datos lleguen también a las pescaderías y determinar si se ha producido una violación de la normativa.

Además, desde el Govern apuntan que es el consumidor quien debe solicitarla. “Preguntar de dónde proviene el producto, y tener acceso a la etiqueta que contiene toda la información”, apunta. Respecto a las importaciones, subraya su necesidad ya que “el pescado de Cataluña solo cubre el 20% de la demanda del consumo”, eso sí, “el consumidor tiene que estar en disposición de poder diferenciar uno de otro”, señala en la misma línea que los profesionales del sector.

La burocracia dificulta el relevo generacional

El relevo generacional es una de las mayores amenazas a las que se enfrenta el sector, según señalan tanto los propios pescadores como la Administración. Marzoa apunta que la burocracia dificulta las nuevas incorporaciones. “Antiguamente, para que alguien pudiera embarcarse, bastaba con estar matriculado en el curso de competencia marinera y ya te podías enrolar. Lo que permitía una fase de noviazgo entre los jóvenes y la pesca para ver si de verdad te gustaba. Ahora, con todo el buen criterio del mundo, se han implementado cursos y cursos y exigencias de seguridad, y al final, resulta que para poder embarcar, se necesita formación propia de un astronauta”, ironiza este profesional. Aún hay más, porque es necesario esperar a que se convoquen los distintos cursos. “Al final, una persona que necesita trabajar, lo que quiere es comenzar cuanto antes. Si se posterga su inicio entre tres y seis meses, o incluso un año, eso provoca la deserción”, relata.

Una embarcación de pesca en el Mediterráneo / PXHERE
Una embarcación de pesca en el Mediterráneo / PXHERE

“Este problema del relevo generacional también sucede en el campo. La mejor política que podemos implementar es trabajar por un sector que resulte atractivo en términos económicos. El camino a seguir es cambiar el modelo de gestión, y que los pescadores puedan decidir cómo se debe administrar su sector”, manifiesta Tudela.  Además, indica que, para combatir la falta de mano obra, la Generalitat ha organizado distintos cursos de formación, como el que comenzará en unos días en la Barceloneta. Respecto a las trabas burocráticas justifica el “escaso margen de maniobra. Es la Organización Marítima Internacional la que establece los requisitos. Lo que sí hacemos es, de manera activa, trabajar con los diferentes agentes sociales para dinamizar al tejido social con la intención de aumentar las incorporaciones”, subraya el director general de pesca del Govern.

Superviviencia del sector

La previsión de la Generalitat, según avanza Tudela, es crear, junto al Servei d’Ocupació de Catalunya (SOC) y entidades del sector, una bolsa de trabajo pública para toda la comunidad pesquera del territorio. “La intención es que la gente que se forme a través de la Escuela de Capacitación Náutico Pesquera vaya a parar a ese listado de marineros y pescadores, y que desde el sector se comprometan a contratar a los que allí figuren”, desgrana, el que tilda como “uno de los proyectos estrella” en los que trabaja el Departamento.

El objetivo es lograr reflotar un sector amenazado por la disminución de las especies, lo que, a su vez, se ha traducido en políticas de sostenibilidad --restricciones--. Además, en 2020 entrará en vigor un nuevo reglamento sobre la gestión del arrastre --“la flota más importante en el territorio”, recuerdan desde la Generalitat-- que limitará las capturas máximas anuales. Una supervivencia que pasa por promocionar la calidad del producto local. “Contamos con la mayor y mejor red de distribución de productos del mar. Lo que significa que una anchoa pescada en el litoral catalán o valenciano, a las pocas horas, está en cualquier otro punto de nuestro país”, subrayan desde la Federació Territorial de Confraries de Pescadors de Barcelona.