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A la izquierda, Jaime Carbó, consejero delegado de Adveo, y, en el centro, su presidente, Luis Carlos Croissier, en la última junta de accionistas

Jaime Carbó deja Adveo, antigua Unipapel, sin suministros y al borde de la quiebra

Tras dos intentos fallidos, con el fondo Pimco y la holandesa Staples, la multinacional tiene hasta mediados de febrero para encontrar un inversor que aporte fondos y evitar el concurso

13.11.2018 00:00 h.
8 min

Tres años después de que Jaime Carbó aterrizara como consejero delegado en Adveo, el grupo europeo de distribución de material de oficina, que surgiera de la antigua Unipapel en 2012, se encuentra al borde del precipicio. A tres meses vista de que, a mediados de febrero, se agote el periodo de gracia previo a la entrada en concurso de acreedores.

Algo que ocurrirá si, para entonces, los movimientos del también miembro del consejo asesor de Nazca --la sociedad de capital riesgo que dirige su hermano Carlos-- no consiguen la llegada del deseado caballero blanco que ponga dinero o, directamente, se quede con la empresa. A cambio de capitalizar los 190 millones que adeuda Adveo a los grandes bancos españoles: BBVA, Santander, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Kutxabank.

Fallida llegada de inversores

Los dos últimos intentos, en ese sentido, el del fondo Pimco y el de la holandesa Staples Solutions, han resultado fallidos. Sin esa financiación, Adveo proseguirá desangrándose con unos almacenes bajo mínimos, a los que no llega el material necesario para proveer a los clientes, por falta de liquidez con los que adquirir esos suministros.

La falta de ‘stock’ se dejaba sentir en los resultados del grupo que, desde septiembre de 2016, preside el exministro Luis Carlos Croissier. Al cierre del primer semestre de 2018, Adveo veía triplicadas las pérdidas, a más de 18 millones de euros, tras reducir las ventas un 22%, hasta 181 millones, y ver disminuido el Ebitda de 7 a 2 millones.

Ebitda bajo mínimos

De esta manera, una proyección de resultados a final del presente ejercicio apunta a que, si no cambian las cosas, los ingresos llegarían a duras penas a los 400 millones de euros. Y lo que es peor, el Ebitda quedaría por debajo de 5 millones, con la que hacer frente a esa deuda de 190, lo que implica una ratio entre ambas métricas de 37 veces. A todas luces, imposible de afrontar.

Adveo llega a este punto tres años de que la empresa, entonces presidida por Juan Antonio Hernández-Rubio, dejara en manos de Carbó la gestión de la sociedad, de cara a acometer un profundo proceso de transformación, que su antecesor Millán Álvarez-Miranda, no había sido capaz de llevar a cabo.

A Adveo tras dejar Deoleo  

Llegaba Carbó tras dimitir de Deoleo, donde acababa de cobrar un generoso bonus por la venta de una participación mayoritaria de la aceitera al fondo británico CVC.

Entonces, Adveo capitalizaba en Bolsa por 75 millones de euros. Hoy vale poco más de 10, con las acciones en torno a 0,5 euros. Y eso que cuenta con 8,5 millones de títulos más, los procedentes de la ampliación de capital llevada a cabo en julio de 2016.

Ventas de activos y despidos

Por el camino, Carbó ha ejecutado lo que, en numerosas ocasiones ha llevado a cabo en otras empresas, como son las ventas de activos y despidos masivos de personal, como esos 150 empleados despedidos en España.

Nada más llegar al cargo, en marzo de 2016, el nuevo CEO promovía un plan de negocio  2016-2019, que planteaba alcanzar un Ebitda de 64 millones de euros en 2019, el tiple de los 21,5 millones alcanzados en 2015. Y, además, reducir la deuda a la mitad, de los 305 millones existentes a menos de 120 en 2019.

Un plan de negocio inalcanzable

A un año de que se cumpla el plazo para lograr estos objetivos, el Ebitda no llega a 5 millones y la deuda, aunque rebajada, sigue estando próxima a los 200 millones.

En el marco de ese plan de negocio, la venta a la británica Westcoast, en el verano de 2016, del negocio de consumibles electrónicos (tinta y tóner), marcaba un hito clave en la gestión de Carbó en Adveo. A cambio de reducir la deuda en 80 millones, para dejarla en unos 220 millones, disminuía la facturación del grupo en 300 millones y en 3 millones el beneficio operativo.

Fracasada ampliación de capital

Ese verano también saldaba Carbó con un sonoro fracaso la ampliación de capital con la que había previsto captar 60 millones de euros para su plan de negocio, y no fue capaz de atraer a inversores que aportaron al menos al mitad de ese dinero. Se superaba a duras penas el umbral mínimo de 25 millones con la llegada de 27,6 millones de euros.

En este contexto, en septiembre de 2016 se producía la renuncia del presidente Hernández-Rubio, siendo sustituido por el exministro de Industria Luis Carlos Croissier, y Carbó tuvo que afrontar la llamada de los bancos acreedores, que veían cómo la deriva que estaba tomando la empresa hacía presagiar dificultades para devolver los intereses del servicio de la deuda.

Plan estratégico

Ante esa presión, Carbó se desmarcaba con un plan estratégico 2017-2020, supervisado por la banca acreedora, que contemplaba alcanzar, al final del periodo, un facturación de 720 millones, elevar el Ebitda a 60 millones y al 9% el margen sobre el beneficio operativo.

Y dos meses después, Adveo firmaba la refinanciación su deuda. Un acuerdo cogido con alfileres, porque, entre otras cuestiones, cerraba la apertura de líneas de crédito adicionales, y obligaba a Carbó a buscar con urgencia un inversor que pusiera al menos 30 millones de euros.

En preconcurso desde octubre

En junio pasado, el fondo estadounidense Pimco comunicó a Adveo su intención de realizar la aportación, pero finalmente el acuerdo no llegó a término. Como tampoco fructificaba la negociación mantenida durante el verano con la holandesa Staples Solutions.

Al final, hace un mes todo se fue al garete, y provocaba que Adveo se acogiera al preconcurso de acreedores. Ese periodo de 4 meses, hasta mediados de febrero, en el que se espera la llegada de algún que rescate a la compañía y evitar la quiebra. El pasado viernes también entraba en preconcurso la filial alemana.

Los dueños de Mayoral huyen

En el accionariado de Adveo suman un 32% las tres familias de los fundadores de Unipapel (Bezares, Moreno de Tejada y Muguerza), que en 1976 unieron sus firmas para constituir Unipapel, y también Alantra (la antigua N+1), a través del fondo QMC.

Quien ha preferido no seguir en esta aventura inversora ha sido la familia Domínguez de Gor, los dueños de la cadena textil Mayoral. A través de su patrimonial Indumenta Pueri, llegaban a Adveo en la ampliación de capital de 2016  para hacerse con el 7,2%, y luego en diciembre de 2017 alcanzaban el 8,76%. Pero, el pasado mes de septiembre, a la vista de la situación delicada de la multinacional dirigida por Carbó, vendieron todas las acciones.

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