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Hotel Mandarín, propiedad de la empresaria andorrana Maria Reig / FOTOMONTAJE DE CG

El Mandarín se consolida como el gran hotel de lujo de Barcelona

La inversión de la andorrana Reig se beneficia de la fusión de sus competidores y las restricciones de Colau a las nuevas plazas hoteleras

15.08.2017 00:00 h.
5 min

No todos los hoteles de cinco estrellas son iguales. Las élites que visitan Barcelona por placer o por negocios lo saben, lo disfrutan y lo pagan. El establecimiento con el precio mas caro por habitación de la ciudad es el Hotel Mandarín de Barcelona, en pleno Paseo de Gràcia. Esta residencia deja atrás al ya clásico Hotel Arts, que mantuvo años ese privilegio en la Ciudad Condal. El Arts ha mantenido este puesto durante años gracias a los apartamentos de lujo que posee situados en sus últimos pisos, pero la incorporación de este producto por parte del Mandarín a su edificio anexo atrae a la mejor clientela privada al hotel propiedad de la empresaria andorrana Maria Reig, y gestionado por la prestigiosa cadena oriental.

Reig apostó en su día por el máximo nivel e impuso a la cadena oriental una fusión entre su modelo oriental y la personal concepción del lujo que ha resultado ser un éxito, años más tarde y después de soportar algunos ejercicios de pérdidas.

El lujo se segmenta

Los agentes de viajes especializados en lujo confirman que el Mandarín es un producto casi perfecto, marca de súper lujo, con diseño de Patricia Urquiola y situado en pleno centro de la ciudad. Los especialistas en la comercialización de este tipo de producto residencial resaltan que el céntrico hotel es pequeño, íntimo y sin grupos. Enfatizan este punto, ya que el Hotel Arts --como su homólogo de la cadena Marriott-Starwood, el Hotel W-- está muy orientados a acoger a grupos en convenciones, en viajes de incentivo y en entradas y salidas de cruceros de la ciudad. Se abandona, así, al cliente privado de alto poder adquisitivo, que es más exigente.

Otro experto lo describe así: “Muchos son hoteles de lujo pero solo el Mandarín esta en la Champions League; Arts y W se mantiene en primera, y Juan Carlos I, Palace (antes Ritz) y Casa Fuster, en segunda”. El especialista añade, con análisis optimista, que “el negocio es muy bueno para todos con ocupaciones superiores al 90%”.

Reparto del mercado

El nuevo contexto de hoteles de lujo en Barcelona se ha modificado en los últimos años. Arts y W ya no compiten entre sí porque pertenecen a la misma empresa, después de la fusión de Marriott, y su marca Ritz-Cartlon, y Starwood, y su marca W. Los especialistas consultados consideran que se reparte el mercado de grupos de lujo con hoteles grandes frente al mar y los dividen según franja de edad: los grupos maduros van al Arts y los más jóvenes al W.

El sector constata, al referirse a la llamada segunda división de los cinco estrellas, que el hotel Juan Carlos I y el hotel Palace han sufrido la gestión anticuada y el colapso financiero del empresario hotelero barcelonés Joan Gaspart y que, difícilmente, conseguirán mejorar. Con todo, Fairmont está poniendo interés en el primero pero la reforma necesaria está embarrancada por problemas económicos.

Influencia de la política

El Hotel Casa Fuster tuvo sus momentos de gloria, pero también sufrió la crisis económica de su dueño, el inmobiliario andaluz Nicolás Osuna, del Grupo Noga, que probablemente tendrá que deshacerse del establecimiento dentro del rescate millonario de BBVA y Popular de hace casi un año.  

Todas las fuentes coinciden en que la única competencia seria para el exitoso Mandarín hubiera sido el proyecto frustrado, por la moratoria de la alcaldesa Ada Colau, de Four Seasons en el edificio del Deutsche Bank en plena confluencia de Paseo de Gràcia y la avenida Diagonal. Y el también frustrado proyecto de la cadena Hyatt en la Torre Agbar de Barcelona, que hubiese sido un importante competidor de la llamada primera división donde están el Arts y el W. Otra coincidencia importante es que la moratoria de Colau a las nuevas aperturas está subiendo los precios de todos los hoteles en la ciudad, incluidas las pensiones y ha disparado la proliferación de los pisos turísticos para responder a la demanda y al tirón turístico de la ciudad de Barcelona.

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