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Inmaculada Rodríguez-Piñero, la eurodiputada socialista que carga contra las guerras comerciales que se han iniciado / UE

Rodríguez-Piñero: “Las guerras comerciales afectan al crecimiento y al empleo, deben pararse”

La eurodiputada socialista defiende la reforma de la OMC y la implementación de mecanismos de resolución con sanciones

23.09.2018 00:00 h.
13 min

Inmaculada Rodríguez-Piñero (7 de enero de 1958, Madrid) entró en el Parlamento Europeo en 2014. Es representante del grupo socialdemócrata en la comisión de Comercio Internacional, el grupo de la Eurocámara que intenta marcar perfil propio en un contexto internacional en el que el proteccionismo impulsado por Donald Trump marca el ritmo.

¿Qué puede hacer Europa ante la guerra comercial que se ha desatado?

Puede tomar el liderazgo en contra de este tipo de batallas y promover el diálogo y la búsqueda de consensos. Lo mantenemos con China, con EEUU y con nuestros socios preferentes para intentar responder a las necesidades de reforma del orden internacional que Trump, desgraciadamente, intenta destruir. En algunas cosas tiene razón, como en la necesidad de reformar el orden multilateral establecido en la Organización Mundial del Comercio (OMC). La Unión Europea desempeña un papel muy importante.

Los riesgos del proteccionismo no son sólo exteriores, también crecen en los 28.

Hemos visto los resultados electorales inéditos de Suecia como antes los de Italia, Austria, Polonia y Hungría. El sentimiento del miedo que alimentan los movimientos y partidos populistas, xenófobos y racistas ponen en peligro el proyecto de la UE. Son contrarios a los valores y defenderlos es también un objetivo a nivel internacional.

¿Cómo creen que se puede hacer frente a esta realidad?

De entrada, los ciudadanos deben saber diferenciar entre responsabilidades europeas y de los Estados miembro. Muchos gobiernos antieuropeístas achacan a Bruselas sus propias incapacidades de solventar problemas. También se debe impulsar una estrategia de mayor proximidad para que los europeos puedan valorar lo que tenemos. Todo ello, sin dejar de mirar las reformas y los pasos que se deben dar para mejorar.

Los productores locales son de los que más abrazan este proteccionismo creciente. ¿Qué ha fallado?

No ha habido un factor en concreto. La crisis económica y financiera global y las políticas de ajuste que se han aplicado han provocado que muchas personas hayan perdido su nivel de vida y su estatus social. No hay nada peor que pensar que tus propios hijos no podrán llegar al nivel de vida que tú has alcanzado. Todo ello, unido a un ritmo vertiginoso de avances tecnológicos que se expande, precisamente, por la globalización. Los que están en las posiciones más débiles de la cadena se ven seriamente amenazados y, de forma lógica, surge un sentimiento de miedo.

¿Cómo se combate?

Requiere una gobernanza global más justa e inclusiva que debe ir acompañada de políticas nacionales adecuadas. Debemos dar forma a un orden internacional que establezca unas reglas de globalización justas, inclusivas y respetadas. Y que se cumplan. A nivel nacional, se debe luchar contra la desigualdad y responder al cambio técnico que ya se produce con la consiguiente preparación de las personas. Quedarse cerrado y pensar que si te aíslas del resto del mundo los cambios tecnológicos no van a ocurrir es un error.

Hay muchas quejas de que la innovación no llega realmente al tejido empresarial local.

La UE dispone de políticas y programas que impulsan la innovación y el desarrollo tecnológico. Creo que se debe focalizar mucho más allí. Se requieren más recursos para modernizar la economía y ser capaces de competir. Pero con reglas de juego que sean justas y con unos derechos sociales, laborales y medioambientales como los que defendemos en los 28.

La eurodiputada Inmaculada Rodriguez-Piñero en una sesión del Parlamento / UE

La eurodiputada Inmaculada Rodriguez-Piñero en una sesión del Parlamento / UE

¿Se respetan las reglas de juego actuales?

El problema es que existe la competencia desleal. La UE intenta establecer normativas antidumping más efectivas y trabaja con aquellas economías que no respetan las normas. También para que se mantenga la lucha contra el cambio climático. Creo que es muy positivo que China no haya salido del acuerdo internacional en este sentido tras el descuelgue de EEUU. Y, desde luego, se deben defender los derechos laborales. Los acuerdos comerciales incorporan unos capítulos de desarrollo sostenible ambiciosos y vinculantes. Lo que pasa es que se deben cumplir.

¿Se llegará a las sanciones?

Creo que se deben explorar los mecanismos de último recurso. Aquí no hay consenso y ni siquiera la UE los incorpora. Yo sí los reivindico ya que, desgraciadamente, si no estableces sanciones muchas veces no consigues ordenar conductas y hacer que se cumplan las normas. Otra cuestión son los mecanismos de resolución del conflicto entre inversores y estados.

Hasta ahora ha prevalecido el arbitraje internacional.

La Comisión Europea ha dado un paso de gigante fruto del esfuerzo y del trabajo de la sociedad civil, los grupos políticos y los sindicatos. Ahora disponemos de un modelo que se basa en un tribunal formado por jueces sujetos a un régimen estricto de incompatibilidades y que opera como mecanismo de apelación. Lo hemos llevado al Acuerdo Económico y Comercial Global CETA [el pacto con Canadá], ya que planteamos en el Parlamento que no lo íbamos a apoyar si no se incorporaba. El arbitraje se ha demostrado que no es el sistema ideal, pone en manos de multinacionales unas condiciones frente a los gobiernos que no son razonables.

¿Cree que serán capaces de incorporar estos tribunales en el acuerdo con EEUU que debe sustituir el TTIP?

El grupo de trabajo que se ha creado explora qué capacidades hay para establecer un marco de relaciones de alcance limitado. Deja excluido todo el sector agrario y el de servicios. No hay consenso frente a lo que defendemos desde la UE sobre la resolución de conflictos entre inversores y Estados, ya que quiero recordar que en la negociación del NAFTA, EEUU ha mantenido el sistema de arbitraje.

¿Son optimistas en alcanzar un acuerdo comercial con EEUU?

No demasiado. Para establecer un marco de relaciones de negociación debe existir confianza entre las partes. Hoy por hoy no se da con la Administración Trump. Y, para nosotros, resulta fundamental que cualquier negociación responda a los valores que defendemos. El desarrollo sostenible, el respeto de los derechos laborales, sociales y el medio ambiente. Con unos EEUU que se acaban de caer de la lucha contra el cambio climático es muy difícil que lleguemos a un acuerdo en este sentido. Lo mismo respecto al mecanismo de resolución de conflictos.

¿Qué mensaje manda a los productores de aceitunas españolas? ¿Y a los de aceite que temen nuevos aranceles de EEUU?

Tienen toda la razón. EEUU ha actuado bajo demanda de un grupo californiano y no se dan las razonas para que se hayan impuesto las penalizaciones. Todas las ayudas que ha recibido el sector están dentro de lo que se llama caja verde de la OMC, sujetas a las normas del comercio internacional.

¿Llevarán el asunto ante la OMC?

Creo que es fundamental hacerlo. Se deben tratar de solventar los conflictos que pueden surgir con debate y negociación, nunca con una imposición injustificada. Tanto la Comisión Europea como el Gobierno de España y la Junta de Andalucía han trabajado de forma estrecha con el sector para demostrar que no hay lugar a las imposiciones, se deben proseguir con el trabajo.

No será sencillo.

El principal problema es que el Tribunal de la Apelación de la OMC está en una situación límite por los asientos que no se han cubierto, ya que EEUU se niega a hacerlo. Es fundamental que se renueve.

¿Rechaza contestar los aranceles a la aceituna española con más aranceles a productos estadounidenses?

Europa ya contestó a los aranceles que EEUU impuso al acero y al aluminio de forma unilateral, por eso se inició la batalla comercial. Se ha parado ante el temor de que se impusieran a los vehículos y que, desde luego, la UE hubiera respondido. Parece ser que la única forma de parar la dinámica es amenazar con que las consecuencias serán muy negativas pagando con la misma moneda. Pero en una guerra comercial todos salimos perdiendo. Absolutamente todos.

Eso llevó al encuentro entre Trump y Juncker…

Valoro de forma positiva el diálogo que mantuvieron. Reunirse para intentar establecer un marco de relaciones para ver cómo hay seguridad entre las partes. Cabe tener en cuenta que no sólo son los sectores directamente afectados los que sufren las consecuencias. Esta semana mismo la OCDE hizo estimaciones ya a la baja a ritmos de crecimiento de los países del G20. Las guerras comerciales retraen la inversión al generar inseguridad. Afectan al crecimiento y al empleo, por eso deben pararse.

¿Qué le diría a los acereros que sufren el dumping chino?

La UE aprobó una nueva metodología antidumping tras un proceso largo y complejo que ha sido consensuado entre todos los Estados miembro. Aunque lo que sería fundamental es la desaparición de la causa original: el exceso de capacidad productiva de China. El país asiático debe hacer muchas reformas internas para demostrar que, de verdad, está sujeta a una economía de mercado. Hoy por hoy no lo están. Si no, siempre tendremos que estar alerta para defendernos.

¿Es optimista en que tendrá lugar este cambio?

Desde que China está en la OMC ha sido el país que más se ha beneficiado de las reglas del comercio y su sector exterior se ha multiplicado por 13. El problema es que no siempre cumple las reglas del organismo internacional. Ahora, las relaciones entre la UE y este país se basan en la confianza. Con todas las dificultades que tienen, ya que estamos ante dos modelos diferentes. Pero está en el camino de la confianza. Esto es bueno. Me preocupa más la intensidad en la cooperación que tiene con Rusia.

¿A qué puede llevar?

A que intenten responder de forma conjunta a la política que promueve EEUU. Eso sí es peligroso, ya que podemos caminar otra vez hacia un mundo basado en dos bloques. Sería una gran amenaza para la estabilidad internacional. Sólo desde la multilateralidad podemos tratar de resolver los problemas, no con amenazas. Nos costó mucho construir este sistema, que tiene deficiencias que debemos corregir. Pero ir a la política de bloques es lo peor. Debemos aprender de la historia para no cometer los mismos errores.