Un pozo de la compañía petrolera Aramco en Arabia Saudí / EUROPA PRESS

Un pozo de la compañía petrolera Aramco en Arabia Saudí / EUROPA PRESS

Business

La guerra vuelve a convertir a una petrolera en la mayor empresa del mundo

Saudi Aramco, la compañía pública que gestiona las reservas de crudo del primer productor mundial, desbanca a los gigantes tecnológicos, hundidos en el incierto panorama macro

15 mayo, 2022 00:00

Vuelta a los orígenes. Como era tradicional en las postrimerías del pasado siglo, una petrolera vuelve a ocupar el lugar más elevado del podio de las mayores compañías del mundo y acaba así, aunque sea de forma provisional, con el reinado ejercido por las grandes tecnológicas en los últimos años. Una consecuencia más de la guerra en Ucrania, que ha hecho virar a inversores y gestores hacia los mercados de materias primas como principal opción para obtener rentabilidad. 

Unos años después de su sonada salida a bolsa, Saudi Aramco, la compañía que gestiona las reservas de petróleo del mayor productor mundial de oro negro, logra al fin ser la mayor empresa del mundo por capitalización, algo que la mayoría auguraba en el momento en que se confirmó el salto al parquet de la compañía pública saudí pero que fue frustrado por el empuje de los gigantes tecnológicos.

El Nasdaq, en caída libre

Prácticamente desde que comenzó 2022, Aramco cotiza en máximos históricos y en estos días su capitalización bursátil se aproxima a los 2,3 billones de euros al cambio, lo que le vale para tomar el relevo de Apple y Microsoft

Una situación que contrasta con el notable retroceso experimentado desde enero por el Nasdaq, el mercado tecnológico de Wall Street, que acumula descensos superiores al 27% en este periodo. 

En línea con el petróleo

Entre los índices de referencia, tan sólo los de la bolsa rusa, hundida por el conflicto bélico en Ucrania, muestran un peor rendimiento. En el del Nasdaq han tenido mucho que ver los retrocesos en 2022 de valores como Apple (-17,5%), Microsoft (-22,5%) o especialmente Amazon (-37%), que cotiza en mínimos de los últimos doce meses. 

En cambio, las acciones de Aramco acumulan una revalorización de algo más de un 28% desde que arrancó el presente ejercicio, en línea con el incremento de los precios del barril de crudo, que se van por encima del 32% desde enero pero que han llegado a subir más de un 60%, en los primeros días de la invasión de Ucrania. 

El factor de la guerra

Precisamente, ha sido el conflicto bélico el que ha devuelto al mercado al escenario en que vivía a finales del pasado siglo. El encarecimiento brutal de las materias primas, dado el carácter de gran productor de Rusia, ha disparado la inflación, con la consiguiente reacción de los bancos centrales, obligados a precipitar las decisiones de política monetaria que ya llevaban en sus carpetas y que estaban dispuestos a aplicar en los próximos trimestres aunque con mayor moderación. 

“El mercado sabía que la era del dinero barato tocaba a su fin pero contaba con que tendría algo más de tiempo para adaptarse a la nueva situación. Un factor como la guerra, por completo anacrónico, al menos en Europa, ha hecho cambiar el paso”, apuntan desde un banco de inversión internacional que opera en España. 

El Covid disparó al Nasdaq

En general, el sector tecnológico, muy intensivo en capital, se ha visto muy beneficiado de la era de los tipos de interés en mínimos históricos, que ha hecho posible el crecimiento exponencial de las empresas del sector a costes muy competitivos. 

La irrupción de la pandemia disparó hasta el infinito al ámbito tecnológico, cuyo papel relevante en la actividad economía quedó de manifiesto incluso para los más escépticos. Los largos periodos de reclusión para evitar contagios dejaron en manos del universo digital multitud de maniobras que hasta entonces sólo se hacían de forma presencial.

Del infierno al cielo

En el lado opuesto, los elementos más tradicionales de la actividad productiva sucumbieron a los avances del Covid-19 por todo el planeta. Entre ellos, los combustibles fósiles. No quedan tan lejanos aquellos días en los que la incertidumbre sobre la demanda global de energía fue tal que los mercados de materias primas reflejaron cifras negativas para el barril de crudo. 

Tal cual como que eran los diferentes productores los que tenían que pagar para que los cargueros vaciaran los depósitos.

Tendencias de otros tiempos 

Empresas como las mencionadas Apple y Microsoft rivalizaban por cuál sería capaz de alcanzar antes la cota de tres billones de dólares de capitalización, una cifra que se sitúa por encima del PIB de cualquier país del mundo salvo la media docena de los más industrializados.

Cuando las tecnológicas eran poco menos que un elemento exótico en los mercados bursátil, petroleras como Conocco Philips o Chevron Texaco mantenían esa lucha por ser la mayor del mundo, eso sí con capitalizaciones diez veces más reducidas. 

Impacto en grandes fortunas

La situación también ha tenido su reflejo en gran parte de las mayores fortunas del mundo, que están relacionadas con el ámbito tecnológico. De acuerdo con el listado elaborado y actualizado por la agencia Bloomberg, las diez personas más adineradas del planeta acumulan descensos en sus respectivos patrimonios que suman en torno a 150.000 millones de dólares desde que comenzó al año.

Son nombres como los de Elon Musk (Tesla), Jeff Bezos (Amazon), Sergei Brin y Larry Page (Alphabet, matriz de Google), Mark Zuckerberg (Meta), que padecen en sus carnes esta vuelta a los orígenes ante un escenario tan poco esperado como una cruel guerra en territorio europeo ya bien enfilada la tercera década del siglo XXI. Un escenario para que el que las nuevas tecnologías no estaban diseñadas.