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Una de las librerías del centro de Barcelona / CG

Gremi de Llibreters: "Hemos perdido el 93% de la facturación en un trimestre"

El sector sufre el impacto de la pandemia y teme que posibles rebrotes en otoño den la estocada al cierre de temporada

8 min

La pandemia obligó a anular la cita más importante del año para el sector del libro: Sant Jordi. Su celebración veraniega solo ha permitido facturar el 25% de lo estimado para el 23 de abril y su incidencia ha sido desigual en el territorio. Las esperanzas del Gremi de Llibreters están puestas en las novedades editoriales que llegarán en otoño y la campaña navideña, aunque temen que nuevos rebrotes den la estocada a una campaña en la que solo durante un trimestre, el del estado de alarma, han "perdido el 93% de la facturación”, detalla a Crónica Global su secretario, Marià Marín.

-Pregunta: ¿Cuál es la situación del gremio?

-Respuesta: Con el cierre durante el estado de alarma, pese a la venta en línea, hemos perdido el 93% de la facturación en un trimestre. Perdimos también la llegada de las novedades de primavera y dos eventos tan importantes como el Salón del Comic y Sant Jordi, una jornada en la que facturamos 21 millones de euros en 2019. El desastre ha sido muy importante.

-¿El Sant Jordi de verano ha ayudado?

-Los rebrotes y las nuevas restricciones han hecho que no lo hayamos podido celebrar en toda Cataluña como hubiésemos querido. Pero aún así, llegamos a facturar el 25% de lo que se esperaba ingresar el 23 de abril. Visto en negativo es un 75% menos, pero ya lo habíamos perdido. Es una aproximación media, porque el impacto en el territorio ha sido muy desigual.

Un hombre con dos rosas y una bolsa con libros, paseando por las Ramblas de Barcelona en el Sant Jordi veraniego / EFE

 

Un hombre con dos rosas y una bolsa con libros, paseando por las Ramblas de Barcelona en el Sant Jordi veraniego / EFE

-¿La acogida ha sido mejor de la esperada?

-Ha sido una inyección importante para recuperar el pulso vital, y creo que se ha expandido el discurso de que la cultura es importante, también en tiempos de crisis. Después, la parte puramente económica, tras un trimestre de cierre, ha sido un desastre, porque ya llevábamos cinco años seguidos intentando recuperarnos de la anterior recesión. Aunque había una desaceleración en el crecimiento, los resultados del primer trimestre, hasta el 11 de marzo, eran positivos, y con el estado de alarma se cortó en seco.

-¿Además de las crisis sanitaria y económica, existe una cultural?

-Nunca tanta gente había leído tanto, pero ahora no todo pasa por los libros. La digitalización, lo demuestran todos los estudios, tanto en Cataluña, como en el resto del mundo, no roba lectores al papel. Este último lector sigue siendo mayoritario, y lo hace con más frecuencia. No es una cuestión de tecnología. Es decir, la digitalización no daña al sector, sino malas prácticas como la piratería o competencias desleales.

-¿Compartir contenidos sin autorización?

-No solo. España tiene récord en piratería, tras China. Pasas los Pirineos y a la gente no se le ocurre descargarse contenido de manera ilegal. Aquí tenemos un problema educacional. España es el país de la Unión Europea con la ley de educación más reciente. Finlandia tiene la mejor del mundo y se actualiza constantemente, pero mande quien mande no se toca la raíz del sistema. Aquí cada Gobierno hace su propia ley que al cabo de los años acaba saltando por los aires.

Aspecto de uno de los pocos puestos callejeros de venta de libros del centro de Barcelona / EFE

 

Aspecto de uno de los pocos puestos callejeros de venta de libros del centro de Barcelona / EFE

-La cultura acaba pagando las consecuencias.

-Está muy ligada al sistema educativo, la no valoración de las artes o el fracaso escolar que demuestra el informe Pisa. En cuanto a malas prácticas me refiero a no poder competir con un operador que paga impuestos en otro país como Irlanda o Luxemburgo donde el porcentaje es menor, con un dumping fiscal evidente, y competencial desleal. Problema que toda la Unión Europea tiene encima de la mesa.

-¿Reinventarse es obligatorio?

-Todos los negocios en todos los sectores tienen que hacerlo. Si viésemos ahora como eran las tiendas hace 20 años nos llevaríamos las manos a la cabeza. El retail ha cambiado muchísimo. La gente se informa a través de internet, la prescripción va por este canal y el márketing también. No podemos tener un negocio como hace un siglo, porque los hábitos han cambiado más que el hecho en sí de leer. Las librerías no son un despacho sino un equipamiento cultural donde suceden cosas. Talleres, clubes de lectura, interlocución, activismo, cohesión social alrededor del territorio. El intangible es esencial.

-De cara a final de año, ¿la Navidad es la alternativa para salvar la temporada?

-El otoño y la campaña de Navidad serán el momento clave, saldrán novedades y se espera celebrar algunas ferias, pero estamos sufriendo ante las previsiones de la epidemia por si vienen nuevos rebrotes. Nos ha pasado ahora en julio cuando no estaba previsto. Si perdemos el último trimestre, que es el más álgido, el desastre puede ser muy grande. 

-¿Cómo se preparan los libreros ante una segunda oleada de contagios?

-Buscamos sistemas para resistir, como la venta en línea, porque dos trimestres y medio sin facturar no hay sector que lo pueda resistir. Con mascarilla, higiene y distancia podemos contener la pandemia, y esta sensación de relajación y falta de disciplina es preocupante. Más allá de la economía, por la cuestión humanitaria, aunque si aumenta el paro hasta un porcentaje muy elevado, eso no hay país que lo resista.

-¿Cómo preservar la cultura?

-Lo primero que tenemos que hacer es comportarnos, por el bien común. Estoy contento porque nunca se había hablado tanto de libros como durante estos meses, y la cultura ha alcanzado relevancia en el debate público. En tiempos de crisis pensar y repensarnos es básico, y eso es lo que aporta la cultura. La educación, la sanidad, la investigación y la cultura son las patas que sostienen la sociedad y creo que la gente ha tomado conciencia de ello. La librería es eso, como dicen en Francia, el lugar donde las personas alimentan su espíritu crítico, no un despacho de venta de libros. Y eso es en lo que tenemos que trabajar.