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Urbanización Bonmont y campo de golf en la Costa Daurada

Gestión de campos de golf, dejar de imitar para crear

Las empresas españolas se convierten en referentes en la construcción y dinamización de unos activos cuyo valor no hace más que crecer

5 min

Bendecida por más de trescientos días de sol al año, España parecía condenada al turismo de sol y playa, cuando a mediados del siglo pasado golfistas y expertos en gestión de campos de golf internacionales descubrían las bondades de nuestro territorio. De la mano de estos pioneros, instalaciones hoy referentes en la historia de este deporte en España, como Trent Jones en Sotogrande en 1964, o Gregory Peters en La Manga Club en 1972, ponían en marcha proyectos que, cada uno en su segmento, se han colocado entre los campos más importantes de Europa y el mundo. Tres décadas más tarde, los proyectos golfistas en nuestro país han dejado de mirar qué se hace en otros lugares, para pasar la liderar tendencias que se exportan a otras partes del mundo.

Referente mundial

En España llevamos ya varios años en los que somos nosotros, los especialistas en diseño y construcción de resorts de aquí, los convocados a dar nuestra opinión o participar como consultores de proyectos en otras partes del mundo”, reporta Elodie Casolà, directora de Marketing de Arum Group, una de las empresas que se han especializado en la gestión de campos de golf en España y en el mundo.

Actualmente, en nuestra empresa no solo levantamos proyectos desde cero sino que somos llamados a evaluar proyectos ajenos como consultores o, incluso, en proyectos de revitalización de activos”, afirma. Presente en citas como las del reciente Resort & Residential Hospitality Forum (R&R) en Vilamoura, Portugal, o el Mediterranean Hotels & Hospitality Forum en Barcelona, empresas como Arum asisten con grandes expectativas a la consolidación de un sector que, pronostican, “no hará más que crecer”.

Deporte seguro y creador de riqueza

Tras la incertidumbre por la Covid-19, el sector puede sentirse orgulloso de haber confirmado que, incluso pese e los envites de una pandemia mundial, se trata de un mercado sostenible que sigue creciendo y creando riqueza. A finales de 2020, un estudio del Instituto de Empresa y la Asociación Española de Campos de Golf apuntaba a que la industria genera alrededor de 13.000 millones de euros anuales. Además, no se quedan únicamente en los campos de golf, sino que benefician a sectores complementarios como el hotelero, el Real Estate, la hostelería y, en general, los servicios. Con 121.000 puestos de trabajo directos e indirectos creados, la economía española mira con respeto a un sector que, en nuestro país, ha optado por una apuesta manifiesta por la calidad, para distinguirse de la competencia de otros destinos cercanos.

Esta naturaleza transversal del golf como motor turístico y social es lo que ha convertido a la gestión de sus proyectos en una especialidad en sí misma capaz de despertar la curiosidad de escuelas de negocio y universidades con varios programas ofertados en la actualidad. Ser experto en la conceptualización de un campo de golf no solo es saber de orografía y deporte sino de economía, sostenibilidad, gastronomía, hostelería y hotelería porque los campos de golf, en muchas ocasiones, “requieren formar parte de un proyecto más grande que sea capaz de asegurar su sostenibilidad”, tal y como afirma Casolà. De esta manera, las comunidades residenciales creadas en torno a los campos o las grandes marcas hoteleras que sirven de soporte, han de operar, para que un proyecto sea sostenible en el tiempo y en la sociedad de la que forma parte, como una suerte de sinfonía en la que cada pieza debe funcionar correctamente.

Hacia el alcance transversal

Por sus especiales características el golf se ha descubierto, además, como un deporte seguro y adaptable a todas las edades por lo que, tras la pandemia, asistimos a un auge de personas que deciden apostar por esta manera de hacer ejercicio al aire libre, con distancia y en contacto con la naturaleza.

Los serios protocolos puestos en práctica con el reinicio de las actividades tras el confinamiento domiciliario han confirmado la profesionalidad de un sector que ha sabido hacer de la necesidad virtud y que en nuestro país apenas se enfrenta a un escollo: el hecho de que muchas personas lo consideren un deporte caro o elitista.

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