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Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) / EP

El FMI lleva la recuperación de España hasta mediados de la década

Los pronósticos del organismo internacional dejan a la economía nacional muy lejos de recuperar su producción anterior a la pandemia a partir de 2021

6 min

La economía española ha salido especialmente tocada en el nuevo panorama que dibuja para los próximos trimestres el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con ser grave que la previsión sitúe a España como la economía desarrollada más castigada por la crisis del coronavirus, es aún peor la perspectiva de una recuperación que, de cumplirse los augurios del organismo multilateral, se prolongaría al menos hasta 2024.

Ya lo había advertido la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, durante los días previos: la revisión de las estimaciones de primavera pintan un escenario sensiblemente peor al de éstas, que ya era para echarse a temblar. Sin embargo, pocas economías salen peor paradas de este proceso como la española, lo que se refleja en los números que se ven pero, sobre todo, en los que están implícitos.

Descartada la recuperación en V

Para muestra, basta un ejemplo. Las estimaciones actualizadas del FMI contemplan una caída del PIB mundial en 2020 del 4,9%, casi dos puntos porcentuales más que los cálculos publicados en abril. Sin embargo, aunque el ritmo de recuperación previsto para 2021 también es menos optimista (5,4% frente a 5,8%) será suficiente para que el conjunto de la economía mundial se sitúe al acabar el próximo ejercicio levemente por encima del registro de 2019, anterior a la llegada de la pandemia.

En el caso de las economías más desarrolladas, el escenario es más complicado. Los números del FMI estiman que la producción global de los países más industrializados sumará en 2021 un 4% menos que en 2019, lo que compromete en gran medida que la recuperación se complete, incluso, a finales de 2022. Descarta por completo una evolución en forma de V.

Un 8% menos que en 2019

Pues bien, en el caso de España, las previsiones del organismo internacional sitúan al PIB de 2021 casi un 8% por debajo del registrado en 2019. Y eso que las cifras manejadas por los analistas del FMI reflejan que el país experimentará un crecimiento del 6,3% el próximo año, tan sólo superado por el de Francia (7,3%) en el conjunto de las economías desarrolladas.

A partir de entonces, el margen para la remontada se estrecha y cada año resultará más difícil crecer. Al menos, así lo indican los, por ahora, escasos pronósticos que se han publicado para un horizonte temporal más allá de 2021.

El escenario del Banco de España

Entre ellos se encuentran los del Banco de España, que prevén que la economía crecerá en 2022 a un ritmo del 2,1%. Sin duda, meritorio y muy loable en otro contexto pero que, en este caso, condena al PIB a una larga travesía por el desierto hasta reencontrar el camino por el que discurría antes de que el coronavirus cambiase la realidad de todo el planeta.

Las cifras del supervisor bancario son sensiblemente más optimistas que las del FMI. En el ámbito más adverso que contempla, la economía española caería levemente por encima del 11% en 2020 (frente al 12,8% previsto por el organismo internacional) y, además, la recuperación en 2021 se iría por encima del 9%. Y, aún así, la conclusión es que si se hacen buenas sus expectativas la remontada no se culminará hasta 2023. Por lo tanto, el panorama del FMI extiende este horizonte al menos un año más.

De vuelta a 2015

Cabe tener en cuenta que las estimaciones revisadas del FMI devuelven a la economía española al año 2015, es decir, al segundo consecutivo con crecimiento después de la crisis financiera que se inició a finales de la pasada década. De un plumazo, en un solo año, España habría perdido cuatro años de bonanza casi inédita en las últimas décadas con un avance global cercano al 16%.

En términos absolutos, la pérdida para la economía del país roza los 160.000 millones de euros, que dejan incluso en un mal menor la factura de 100.000 millones que suponía la caída prevista hace apenas dos meses por la misma institución. Precisamente ahí radica la esperanza. Si por algo se caracteriza la crisis del Covid-19 es por una volatilidad rayana en lo disparatado.