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Inicio de la calle Preciados, una de las arterias de Madrid con más comercio / CG

La falta de turistas y el miedo a la tercera ola hunden al comercio en Madrid y Barcelona

Los negocios aprovechan el canal online para compensar la caída de las ventas en un año que pondrá a prueba su supervivencia

José Luis Escalante / Raúl Pozo / Aleix Mercader
12 min

El coronavirus ha pinchado la campaña navideña del comercio. Los establecimientos de las arterias más concurridas en Barcelona y Madrid han sufrido un fuerte descenso en la facturación como consecuencia de la falta de turistas y del recelo de muchos clientes a la compra física. El resultado dista de cualquier otro año y apenas permite sostener la facturación.

Pese a que el canal online ha garantizado la viabilidad de muchos negocios, cunde el desánimo entre los empresarios. Nuria Paricio, directora de Barcelona Oberta, se muestra "esperanzada" aunque tiene la sensación de que todavía quedan meses para que la crisis sanitaria toque a su fin. La portavoz asegura que tras la Navidad puede llegar un cierre definitivo de gran parte de los comercios barceloneses, más si se renuncia a aplicar moratorias y condonaciones fiscales y a prolongar los ERTE hasta que sea necesario.

El parón turístico

La avenida de Portal de l'Àngel y la calle Portaferrissa amanecen despobladas a escasos días de Nochevieja. En este codo comercial del centro de Barcelona apenas se dejan ver paseantes y en el interior de los establecimientos hay más trabajadores que compradores. Mónica, encargada de una tienda de Misako, comenta que "el mes de noviembre fue muy bueno, pero desde hace diez días las ventas han bajado muchísimo". "Creo que tardaremos hasta abril en recuperarnos. Vayamos con cautela porque pensábamos que la Navidad sería mucho mejor y no está siendo así", avisa.

Una zapatería del centro de Barcelona cuelga el cartel de liquidación por culpa del Covid-19 / CG

 

Una zapatería del centro de Barcelona cuelga el cartel de liquidación por culpa del Covid-19 / CG

El gran problema de este negocio ha sido el parón turístico. "Aquí había mucho cliente de fuera que compraba una maleta. Este cliente ya no está", lamenta. Pero no solo las grandes marcas han salido perjudicadas. Leister Castro, dependiente en el outlet Infinity Mark, afronta con optimismo el próximo año --"no perdemos la fe, todo es cuestión de actitud"--, pero reconoce que el ejercicio ha sido muy malo. "Han caído bastante las ventas y el flujo de gente que viene a comprar no es el mismo de antes", explica. "Las personas no se compran ropa de fiesta, sino el detallito pequeño. Se ha notado mucho el cambio".

Madrid, a medio gas

En el caso de Madrid, nada como un paseo por las calles céntricas en estos días para darse cuenta de que no son unas navidades al uso. Vías eminentemente comerciales como Preciados, Arenal u Hortaleza y espacios emblemáticos como la Puerta del Sol o la Plaza Mayor están semidesiertos, en jornadas en las que los estudiantes ya gozan de las vacaciones, igual que un buen número de trabajadores. Una de las expeciones se observa a las puertas de la administración de lotería de Doña Manolita, donde las colas rodean la manzana: "Esto es así cada día, la gente se aferra al Niño con la que está cayendo", comenta una de las loteras.

Viandantes en una de las calles aledañas a la Puerta del Sol en Madrid / CG

 

Viandantes en una de las calles aledañas a la Puerta del Sol en Madrid / CG

Los comercios del centro de la capital tienen gran parte de la clientela en el turismo, visitantes que pasan, entran y compran, y diciembre es uno de los meses claves; primero con el puente de la Consitución y después con Fin de Año, pero el cierre de la Comunidad ha dejado toda esa actividad sin efecto. "Está todo parado. La gente viene a ver las luces y la Plaza Mayor con los niños pero solo compran lo básico", explica Ana, encargada de la Heladería Palazzo en la Puerta del Sol. "Son unas navidades pésimas. Sin turistas y con tanta gente en ERTE las ventas son nulas".

Empuje del online

Estos días son habituales para el ir y venir en busca de compras con vistas a las reuniones con los seres queridos. “Pero este año no, no se ve ni la mitad de gente por la calle que otros años y, claro, en la tienda ocurre lo mismo”, comenta la empleada de una cadena de moda desde el establecimiento situado en la calle Preciados, una de las más comerciales de Europa. “El online está salvando parte del negocio; de hecho, muchas de las visitas que recibimos tienen como fin recoger pedidos. Pero raramente se quedan a mirar algo de por aquí, como ocurría con frecuencia otros años”, señala.

El comercio a través de Internet se ha disparado con la pandemia pero no es capaz de compensar la falta de visitantes en las tiendas físicas. “Aquí se produce un fenómeno por todos conocido: el cliente viene a veces sin una idea concreta y suele irse con más productos de los que buscaba porque lo que ve en la tienda le gusta o le sugiere algo más para regalar. Y a veces sucede lo mismo con alguien que sí entra con algo pensado”, asegura el responsable de un establecimiento en la misma calle.

Cierre metalizado en Barcelona

En Barcelona ya abundan los carteles de 'se alquila' y 'se vende' frente a los locales con la persiana bajada. Frente a las Galeries Maldà (cerradas también), la zapatería Aïta liquida su stock. La dependienta informa de que van a cerrar a principios de 2021 tras resistir durante meses los problemas de tesorería. Unos metros más allá, cerca de la entrada de Portaferrissa por las Ramblas, la perfumería Júlia tiene las puertas abiertas para uno de los regalos favoritos por Navidad. Sin embargo, el público no responde como en otros años: "Los ciudadanos están poco consumidores. La venta online tira más", explica Rafa. ¿Cuándo mejorará la situación? "Hasta abril o mayo, cuando se recupere el turismo".

Las Galerías Maldà, cerradas a cal y canto por el Covid-19 / CG

 

Las Galeries Maldà, cerradas a cal y canto por el Covid / CG

Pero no todos los comercios padecen un vía crucis. En la tienda de cosmética natural Freshly Store, Sara y Nadia andan arriba y abajo ajetreadas. "No me lo esperaba y ayer había colas en muchos sitios. No como en años anteriores, pero parece que la gente se anima", comenta una de ellas. Nadia añade: "Después del Black Friday, la campaña ha ido hacia arriba. Nos ha ido bastante bien al ser una marca digital. Solo hace un año que hemos abierto tiendas". Otros establecimientos apuntan al comercio electrónico como la tabla de salvación en estas fechas, aunque reconocen que solo ha compensado en parte la falta de movimiento en caja.

Adiós a "Cortylandia"

"Es una Navidad muy floja. A estas alturas otros años estaba la tienda llena y lo peor es que no sabemos qué pasará de aquí a Reyes", resume el dependiente de una zapatería en la madrileña calle del Carmen. A pocos metros, en Preciados, se sitúa El Danubio Azul, un establecimiento de moda que sus dos plantas prácticamente vacías. "Vivimos del turismo y no hay visitantes nacionales ni internacionales. El efecto de la Navidad se ha notado un poquito porque hay quien compra algo para regalar, pero poca cosa", cuenta el encargo, José Merino.

Comercios de la calle Preciados en Madrid / CG

 

Comercios de la calle Preciados en Madrid / CG

Uno de los clásicos que se ha echado en falta en el entorno de Preciados esta Navidad ha sido “Cortylandia”, el espectáculo que todos los años organiza El Corte Inglés para los más pequeños, a base de historias animadas. “Una pena; era empezar Cortylandia y todos se echaban a la calle con los niños. Y muchos aprovechaban para entrar a comprar”, apunta el dueño de un pequeño comercio textil que, al contrario que las grandes cadenas, no tiene la posibilidad de apoyarse tanto en el canal online. “Si ya es difícil competir con ellos con la tienda física, en internet mejor nos olvidamos. Este año ha sido francamente ruinoso y las navidades no lo van a arreglar, precisamente”.

Puestos del mercado navideño de la Plaza Mayor / CG

 

Puestos del mercado navideño de la Plaza Mayor / CG

La Plaza Mayor, a medio gas

Otro fenómeno navideño por excelencia era el de los puestos de la Plaza Mayor, que se contaban por algún ciento hasta este año de la pandemia, en el que han quedado reducidos a mera anécdota. Y la mayoría, con sus propietarios de brazos cruzados. Algo que repercute de forma notable en los callejones que dan acceso al emblemático emplazamiento, en los que los locales cerrados (algo impensable en circunstancias normales) dan idea de hasta qué punto el coronavirus ha castigado a la actividad comercial.

"Si se recorta el aforo también se recortan las ventas. Además, tenemos mucho público fijo que viene de otras comunidades como Castilla-La Mancha y Castilla y León que este año no han podido venir. Eso se nota mucho", razona José Luis Jiménez, propietario de uno de los puestos.