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La familia Ferrer, propietaria de Freixenet, en un momento feliz, la celebración de los 25 años de las bodegas estadounidenses en 2011

¿Existe de verdad una crisis en Freixenet?

Los propietarios de la bodega despiden a Carmen Ferrer con la sombra de cuál será el futuro de la empresa familiar

Cristina Farrés
7 min

La familia Ferrer está este jueves de luto. Despide a Carmen Ferrer Sala, la penúltima ejecutiva que formaba parte de la segunda generación en Freixenet, la que transformó la bodega catalana en un grupo internacional con una facturación que actualmente ronda los 500 millones de euros.

Las tres ramas que conforman la tercera generación del clan (los Ferrer-Noguer, Bonet-Ferrer y los Hevia-Ferrer) estarán representadas en el funeral en Santander, una celebración religiosa en el que el invitado de piedra será la supuesta crisis que empaña el futuro de la compañía, cuyos pormenores se han hecho públicos mediante filtraciones extrañas desde hace semanas sin que algunos de sus protagonistas sean conscientes de las finalidades perseguidas.

Relevo generacional

Más que una crisis, Freixenet ha tropezado de la peor manera que podía a la hora de culminar el relevo generacional. Los cuatro hermanos Ferrer Sala --las ya traspasadas Pilar, Carmen y Lola y el único hijo varón de los fundadores, accionista mayoritario de la compañía y presidente honorífico, José-- cedieron hace años la gestión operativa a sus hijos y los situaron en sitios clave de la organización para asegurarse cada uno de ellos su cuota de representatividad en el futuro de la bodega.

Freixenet: así se reparte el capital

Incluso se abrieron las puertas a la cuarta generación, que empieza a ocupar responsabilidades menores con una exposición pública limitada. Eso sí, con una penetración mucho menor que la de sus predecesores y con unas exigencias altas de formación.

Los motivos de la tensión

El camino estaba allanado para que el proceso fuera igual de tranquilo que la gestión histórica de la compañía, cuya exposición mediática se limitaba a presentar a la estrella a la que visten de dorado en Navidad. Es un grupo familiar y, como tal, ni siquiera expone públicamente el resultado de los ejercicios, con excepciones puntuales. Pero la crisis y una política de gran austeridad en la retribución de los accionistas ha propiciado la tensión actual, que se ha vendido en forma de crisis en la gestión y la posibilidad de que un extraño se siente en el consejo de administración.

Todas las miradas se centran en Enrique Hevia, director financiero de la compañía, el único hijo varón de Carmen Ferrer y el que representa los intereses de sus hermanas Carmina, Agustina y Montse. Es el ejecutivo que más se distancia de la imagen de viticultores industriales apegados a la tierra que representan sus primos hermanos y el que se ha mostrado más crítico con la política de hacer caja que impera en el grupo. En el entorno del grupo hay quien dice que también por su especialización financiera es uno de los miembros familiares más abiertos a reenfocar la compañía.

Roto en las ventas

El roto final lo ha provocado un nombre propio ajeno: J. García Carrión. La bodega se sitúa en la gama baja de la distribución de vinos tranquilos y espumosos, un segmento en el que Freixenet solía apuntalar una parte importante de su facturación, especialmente internacional.

A la canibalización del segmento por esta firma competidora, es la que más daño ha hecho pero no la única, se une el intento de subir el listón de producto para competir con otros nombres. Freixenet empezó a promocionar las grandes etiquetas, llegó a servir cava en la boda de los reyes y puso en marcha una tienda on line para empujar la distribución, pero no consiguió equilibrar las contabilidad. Fue especialmente doloroso el resultado en Alemania, uno de los mercados que era (en pasado) más importante para la caja de la compañía.

Consejo pospuesto ‘sine die’

Ante este escenario y con el relevo generacional definitivo cada vez más cercano, Hevia decidió abrir la veda de vender su participación a alguien externo a la familia. El director financiero fue el primer miembro de la tercera generación de los Ferrer que recibió acciones de Freixenet. Su madre, a la que hoy despiden, repartió la mitad de sus títulos entre sus cuatro hijos hace años.

Hevia nunca ha llegado a detallar la presunta oferta que tiene para vender la participación al resto de la familia. Ése era el gran tema del consejo de administración convocado ayer que se ha pospuesto sin fecha por el trágico suceso; debía hacer público el nombre del interesado en hacerse con títulos de la firma cavista (se ha especulado con la multinacional Henkell) y dar el disparo de salida de un hipotético proceso de venta que toparía con muchas dificultades de llevarse a cabo sin consenso entre los actuales propietarios.

Cláusula de tanteo

La cláusula estatutaria sobre el derecho de tanteo a la que se ha quitado ahora polvo supone que los actuales propietarios de la compañía tienen preferencia ante cualquier presunto comprador externo para mantener el capital en manos de la familia. Lo que deben hacer es igualar la oferta que pudiera presentar el inversor interesado.

Para ello, los Ferrer-Noguer, dueños del 42% del capital, se han puesto en contacto con varias entidades financieras para obtener financiación. El problema es que, actualmente, ni siquiera conocen la cifra que baraja Hevia y sus aliados extranjeros en la sombra. En cuanto a los Bonet-Ferrer, comunicaron al resto del clan que no tomarían una decisión hasta que no pudieran estudiar con detalle la supuesta oferta. En cualquier caso, esta rama de la familia no se ha mostrado partidaria de abandonar su condición de accionista, según ha podido saber Crónica Global, y en contra de filtraciones no contrastadas que se han divulgado en diferentes medios.

Nueva convocatoria

Las dudas sobre el futuro de la compañía y las espadas siguen en alto entre los dueños de la firma del Penedès. No hablarán del futuro de la compañía ni en el velatorio ni en el funeral de Carmen Ferrer, pero las diferencias familiares se deben resolver en cuestión de días. Lo que tarden en convocar un nuevo consejo.