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La vicepresidenta tercera de Asuntos Económicos, Nadia Calviño / EUROPA PRESS

Por qué España no se puede quejar de la Unión Europea

Los fondos del programa Sure cubrirán la práctica totalidad de los recursos que se destinarán para financiar los ERTE

7 min

Ha sido una canción triste en los últimos años. Y es cierto que la Unión Europea reaccionó mal y tarde con la crisis de 2008. Pero la solidaridad ha existido y llega ahora con fuerza. El reproche a la Comisión Europea no se sostiene. Tras la nueva prórroga de los ERTE, negociada entre el Gobierno y los agentes sociales y económicos, queda la pregunta con la correspondiente respuesta: la práctica totalidad de la financiación de esos ERTE será cosa del programa Sure de la UE. El problema vendrá a continuación, sobre cómo el Gobierno español sabrá aprovechar los fondos europeos para la reconstrucción. Y en eso la responsabilidad es de todos los agentes económicos y sociales, con la ministra de Economía, Nadia Calviño, a la cabeza.

Lo señaló este sábado el presidente Pedro Sánchez, que anunció la presentación de un programa de reformas y de inversiones el próximo miércoles en Bruselas. El Ejecutivo español es consciente de que hay disfunciones administrativas importantes, que se debe diseñar con habilidad qué se quiere hacer, y cómo, y que la petición llega del mundo empresarial, que necesita programar a medio plazo sus propias inversiones. Los recursos estarán, pero hay que reformar la administración central, la autonómica y la local.

Reformas instigadas desde Bruselas

El investigador del Real Instituto Elcano, Miguel Otero, señala que no se puede decir que la Unión Europea haya sido poco generosa con España. Pero sí considera que ha pedido reformas que eran imprescindibles y que éstas se quedaron a medio camino, tras un primer empuje, obligado por las circunstancias, de Mariano Rajoy. Otero insiste en que el problema es "interno", de la propia España.

También el economista José Carlos Díez se refiere a todas las inversiones en infraestructuras realizadas en los últimos decenios y en ámbitos muy diversos que han permitido a España subirse al tren de la modernidad.

La cuestión es que España se aproximará a final de este año a unas magnitudes peligrosas, no a corto plazo, pero sí a medio plazo si las condiciones varían. La deuda ascenderá al 130%, y con una baja inflación significará una montaña muy alta. Es cierto que el Banco Central Europeo tomó una decisión que, pese a molestar a los halcones alemanes, permitirá a España y a otros países en una situación difícil, como Francia o Italia, sufragar esa deuda sin sobresaltos en los mercados internacionales.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos / EP
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos / EP

Casi 24.000 millones para los ERTE

Las decisiones europeas, en todo caso, están llegando. El Consejo Europeo ha concedido a España un primer préstamo solicitado para paliar el choque provocado por la pandemia del Covid. Una buena parte de esos recursos llegarán a partir del programa Sure, dotado con 100.000 millones de euros. Para España se podrán destinar unos 21.000 millones. Por ahora, lo destinado a pagar los ERTE ha llegado a los 11.000 millones, mientras que el propio Consejo ha valorado que el país podría necesitar unos 24.000 millones. Es decir, casi la totalidad se podrían cubrir con el programa Sure.

El economista Josep Oliver recuerda que España, que representa el 9% del PIB de la UE, ha recibido hasta el 24% de las ayudas del Sure. En toda la Unión Europea tres países acabarán siendo los más beneficiados: España, Italia y Polonia. Los tres representarán el 60% de los recursos que se han acordado.

Sin consenso político

Esta vez, la Unión Europea responde. El problema en España es interno, y se centra en una inestabilidad política que no permite planes sólidos, aprobados en el Congreso. Sánchez se ha comprometido a aprobar unos presupuestos “de país” y pide la colaboración del PP, pero no hay todavía aproximaciones serias por parte de nadie que augure un consenso en ese terreno.

En ese contexto, la solidaridad europea podría podría tener enemigos. Lo ha comprobado el gobernador de España, Pablo Hernández de Cos, que salió esta semana en defensa de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, frente al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, un halcón que sigue cuestionando los bajos tipos de interés y la falta de compromiso de países como España para atacar reformas de calado. Según Weidmann, las compras masivas de deuda del BCE oscurecen la necesaria frontera entre la política fiscal y la monetaria. Mientras Alemania ha comenzado a levantar el vuelo, otros estados como España siguen en la cola y los intereses comienzan a ser distintos, exactamente igual como ocurrió con la crisis de 2008.

Las ayudas de la UE están, por ahora, sobre la mesa. Hay, al margen del programa Sure, 140.000 millones, de los que 70.000 serán transferencias directas. Pero si no hay planes ni agilidad para invertirlos, España podría perder el tren en un momento decisivo, cuando la economía mundial se encamina a un salto productivo, de carácter tecnológico, nunca visto.

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