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Josep Maria Álvarez, nuevo secretario general de UGT, pilotará la reestructuración del sindicato.

El nuevo secretario general inicia un mandato de transición al frente de UGT

El sindicato reducirá de seis a tres las federaciones y deberá clarificar su postura sobre el derecho a decidir en Cataluña

Redacción
3 min

Eran las 5.55 horas de la madrugada. Después de horas y horas de debates en ponencias, los delegados ugetistas en el congreso confederal votaron entre dos candidatos. El catalán Josep Maria Álvarez y el salmantino Miguel Ángel Cilleros. En una votación apretada, Álvarez se convirtió en el nuevo secretario general por un estrecho margen que deja la organización heredera de Cándido Méndez dividida en dos: 306 votos frente a 289.

En la nueva ejecutiva de Álvarez también estarán cinco catalanes entre los que destaca su mano derecha desde hace 26 años en el sindicato, Diego Martinez. El nuevo secretario general ugetista cumplirá 60 años el próximo día 20, por lo que su mandato será de transición. Cándido Méndez criticó a su sustituto en su discurso de despedida por el apoyo de éste al derecho a decidir. Fue tarde. El aparato no pudo imponerse a un candidato que desde hace un año ha estado moviendo sus hilos para alcanzar la secretaria general.

Equilibrio de federaciones

Para ello ha contado con las dos federaciones más potentes. La del Metal y la Construcción y la de Servicios Públicos. Ambas han respaldado a Álvarez para seguir teniendo el poder en el seno de la organización ante la reestructuración que se debe llevar a cabo. De las seis federaciones actuales solo quedarán tres. Ni Carlos Romero (metal) ni Julio Lacuerda (FSP) quieren perder poder en el nuevo equilibrio interno. Para lograr este objetivo, Álvarez era su candidato.

Ahora, el nuevo secretario general, que está a punto de jubilarse, debe afrontar esta reestructuración para construir un nuevo sindicato que dé respuesta a un mercado laboral más eventual frente a los fijos de toda la vida, más de servicios y menos industria y más de pequeña y mediana empresa y menos de grandes concentraciones de trabajadores.

También la corrupción

Además, UGT debe superar sus particulares crisis de corrupción como la de formación profesional y EREs en Andalucía, las tarjetas black y el mazazo que supuso el fraude fiscal de su líder minero José Ángel Fernández Villa. Y, cómo no, recuperar una afiliación que se ha visto mermada en los últimos años.

Álvarez también deberá afrontar la renovación del sindicato en Cataluña y clarificar su postura sobre el derecho a decidir. De momento, Camil Ros --ex militante de ERC-- es el candidato señalado por el nuevo líder de la UGT que estará acompañado en la presidencia del sindicato por Matías Carnero --militante socialista que rechazó una oferta de Junqueras para ir en las listas de Junts pel Sí-- para dibujar una especie de bicefalia que contente a todos los sectores del sindicato en el territorio.