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El BCE se alinea con el FMI y también pide una rebaja de la deuda de Grecia

Mario Draghi coincide con Christine Lagarde en que el Estado griego es incapaz de hacer frente a su endeudamiento y mantener en paralelo el crecimiento de su economía.

16 julio, 2015 18:46

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE) respalda al FMI en su defensa de una reestructuración --quita-- de la deuda griega.

"Sin polémicas, un alivio de la deuda es necesario", ha dicho en una comparecencia en la que, usando el lenguaje alambicado del BCE, ha repetido que sus técnicos trabajan en el marco legal de su "mandato". Un marco normativo donde, según ha repetido Draghi, "Grecia es y seguirá siendo parte de la zona del euro".

Dentro de la legalidad

Frente al informe del FMI, la Comisión Europea publicaba ayer un documento elaborado antes del acuerdo del rescate y que se mostraba mucho menos ambicioso a la hora de aliviar la deuda griega. Por su parte, Draghi se ha limitado a decir que esta reestructuración tiene que hacerse en el marco de la legalidad y no ha entrado a detallar las posibles recetas.

Esta mañana, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schauble, echaba más leña al fuego en una entrevista radiofónica que la reestructuración no es posible dentro del marco de la zona del euro, y volvía a abrir la puerta a un posible Grexit.

El Parlamento griego

Las declaraciones llegaban precisamente horas después de que el Parlamento griego aprobara las nuevas normas de austeridad que Bruselas ha obligado a implementar como contrapartida a la ayuda económica.

"No voy a comentar declaraciones de corte político, sólo voy a hablar de nuestro mandato que dice que Grecia es miembro de la zona euro", ha respondido Draghi al ser preguntado por este punto.

Las palabras del gobernador del regulador europeo han llegado tras el anuncio del BCE de ampliar la línea de crédito de emergencia, conocida como ELA, en 900 millones de euros esta semana. Un gesto de corte político porque tiene en cuenta los pasos dados por Atenas tras la votación de las nuevas medidas de austeridad impuestas por Bruselas, pero que en la práctica mantendrá la asfixia de la banca y previsiblemente no permitirá a los bancos levantar la persiana ni acabar con el corralito.