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La vicepresidenta de Asuntos Económicos del Gobierno, Nadia Calviño forma un eje con De Guindos / EFE

El eje Calviño-Guindos para la recuperación de Europa

La ministra de Economía española y la mano derecha de Lagarde en el BCE buscan una salida para una ayuda rápida de la Unión Europea que pueda paliar la recesión

8 min

El cambio de paradigma ya es un hecho. En medio de una Unión Europea marcada por el fin del Pacto de Estabilidad Presupuestaria y el punto y final del déficit cero en Alemania, España ocupa un lugar intermedio entre el Norte austero y el Sur necesitado. La ministra Nadia Calviño elabora ya los nuevos estímulos que pondrán sobre la mesa la parte alícuota española de “un auténtico Plan Marshall de la UE”, como pide el presidente Sánchez. Todo va tan rápido que es como si se hubieran evaporado los 200.000 millones anunciados por el presidente hace muy pocos días.  

El nuevo salto contará con el respaldo del BCE, donde su vicepresidente, Luis de Guindos (exministro de Economía con el PP), mantiene que el bazuca monetario de 750.000 millones de euros (más los que sean precisos) del banco del euro ha de financiar las emisiones de Deuda de los países de la eurozona. Es un esfuerzo que emula al Mario Draghi de la crisis de la Deuda (2010), cuando el entonces gobernador del BCE convenció incluso al durísimo ex ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, como se narra en el libro El euro y la batalla de las ideas, de los profesores Markus K. Brunnermeier, Harold James (Princeton) y Jean-Pierre Landau (Instituto de Estudios Políticos de París).

Un acuerdo desde procedencias diversas

La crisis del coronavirus es el tiro de gracia al rigor germánico. La canciller Ángela Merkel, anuncia un frente huracanado de gasto público. Lanza una doble ofensiva: inyecta 600.000 millones de euros en la economía y, paralelamente, el Gobierno Federal rompe por primera vez con su política de déficit cero. Es la hora de De Guindos, en las filas del alto staff de Frankfurt. Se ha convertido en el número dos de Christian Lagarde, pero además no se olvida de los de abajo: propone aplicar una renta mínima para los millones de parados de toda la UE. He aquí su evolución: De Guindos ha ido desde la tijera del gasto público en la España de Rajoy a la renta mínima actual que implora Pablo Iglesias.

Los últimos presidentes del BCE, Christine Lagarde y Mario Draghi / EP
Los últimos presidentes del BCE, Christine Lagarde y Mario Draghi / EP

No hace falta abandonar el centro derecha, cuando se necesitan políticas de centro izquierda; y viceversa. Guindos y Calviño entran juntos en el último gran escenario del compromiso histórico en política económica: aplican llanamente el modelo europeo, aquel que, en los años de abundancia, unió al socialista Delors con el democristiano Kohl. Ahora, un expansionista como De Guindos influye en el BCE para que camine hacia la salvación, evitando el peligro austericida del 2010; y por su parte, una ministra ortodoxa, como Calviño, que desconfía del ala izquierda de su Gobierno (Podemos), entra en acción gracias al respaldo monetario de Frankfurt.

Mancomunar la deuda

Aunque la ministra de Economía aparezca en el debate nacional como la cara de la moderación, no le falta punch. Ella ha defendido en Bruselas el salto mortal presupuestario que quiere Sánchez, y además, exige, desde hace tiempo, que se relajen las normas de estabilidad presupuestaria (objetivos de déficit y deuda pública).

El pasado día 18, la fecha del bazukael BCE puso a disposición de Estados y empresas los citados 750.000 millones de euros para adquirir deuda pública y privada. Esta intervención sin precedentes relajó las tensiones en los mercados financieros, que habían empezado a disparar peligrosamente el coste de la deuda en varios países, respecto de Alemania, España entre ellos. Y tras la intervención, las diferencias (prima de riesgo) se redujeron. Pero la felicidad duró solo un instante.

Se ha demostrado así que la política monetaria del BCE es insuficiente. El banco central está ya muy cargado de deuda y tiene poco margen para seguir adquiriendo (en este punto, el caso de Italia ya es dramático con un nivel de 135% de deuda sobre el PIB). Y aquí es donde interviene decisivamente la ministra Calviño, discípula adelantada del mago Draghi: “Soy partidaria de crear un fondo”. Es decir mancomunar la deuda. Poner en marcha la política fiscal común de la UE; la otra pata, la que va paralela al BCE; el eterno ritornello de lo más granado de la clase política en Bruselas. Europa precisa con urgencia un instrumento de deuda común para mutualizar los costes fiscales de combatir la crisis. Si es cierto que ha llegado el momento de la solidaridad, es el momento de los eurobonos.

El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos / EUROPA PRESS
El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos / EUROPA PRESS

¿Dónde está el MEDE?

Guindos y Calviño intentan atajar esta crisis a base de gasto, pero pensando que, parte de lo empeñado para salir del bache, será más adelante computable como acumulación bruta de capital. El empujón público de hoy es ya el impulso a la inversión del mañana. Existe un consenso claro entre los economistas: la crisis será durísima pero corta y, por consiguiente, la apuesta actual por la deuda pública de los estados abrirá un horizonte de riesgo privado, como principal factor de la creación de riqueza.

Los más rigurosos se preguntan dónde están están ahora los 400.000 millones de euros que quedaron del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). El mismo gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos se refiere a este fondo y especialmente habla de movilizar el principio de “solidaridad fundacional en la Unión”.

El factor Trump

El miedo a la recesión instalado en Europa golpea ahora a EEUU. Vivir cerca del mastodonte genera contagios. Los analistas del Bank off América predicen que tres millones de estadounidenses perderán esta misma semana sus empleos. Por su parte JP Morgan Chase estima que el paro pasará del 3,5% actual al 20% en las próximas semanas, lo que supondría la destrucción de uno de cada cinco empleos.

Mientras tanto, la Reserva Federal no ha conseguido reducir la hecatombe ni ha podido frenar el pánico en Wall Street. El toque infantil del presidente Trump prometiendo mil dólares a cada familia como si la crisis fuera una fiesta de cumpleaños no acompaña. Una Casa Blanca desnortada puede agravar el desequilibrio internacional, cuando Asia empieza a funcionar sin respiración asistida. ¿O quién sabe? Quizá China sea por fin la bienvenida a un banquete que se ha convertido en menú del día.