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Jóvenes en una feria de empleo donde empresas y universidades se ponen en contacto, en una imagen de archivo / EFE

El divorcio entre empresas y centros educativos crece

Las compañías tienen problemas para encontrar candidatos para vacantes específicas, mientras que los recién graduados buscan garantías

4 min

Las competencias que se enseñan en universidades y centros de Formación Profesional (FP) y las que buscan las empresas en los candidatos para cubrir vacantes son diferentes. La brecha entre el mundo educativo y el laboral no es nueva, pero sí cada vez más evidente. Los puestos tecnológicos de nueva creación son una de las razones de este crecimiento, pero no el único.

Según un estudio reciente de Randstad, un 55% de las empresas españolas tienen dificultades para encontrar aspirantes que se adecuen a sus necesidades. De hecho, un 65,6% disponen de alguna vacante sin cubrir. Esto choca con la elevada tasa de paro –actualmente del 16,4%– y la alta cualificación de los jóvenes que buscan trabajo. Sindicatos y patronales apuntan a varios factores que provocan esta situación. 

Diálogo

Todas las partes están de acuerdo en que es necesario más diálogo, falta que las empresas y las universidades estén en contacto para conocer las necesidades mutuas y puedan adaptarse. El responsable de Relaciones Laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Jordi García Viña, asegura que la “calidad del sistema educativo es alta, pero no está lo suficientemente ajustada a las empresas”.

Desde la patronal creen que “no tiene por qué ser un enfrentamiento”. Los sindicatos también creen que el sistema educativo superior debería renovarse y ponen como ejemplo de contacto entre ambos mundos la FP dual. Eduard Requena, responsable de FP y Cualificaciones de CCOO, indica que la orientación profesional desde la educación elemental es otra de las tareas pendientes: “Ayuda a saber qué estudiar en función del trabajo”.

Temporalidad

Pero las empresas también pueden implementar medidas. Y es que la alta temporalidad que ofrecen es otra de las causas del divorcio que hay entre el mundo laboral y el educativo, según Requena. “Los contratos temporales no permiten que los nuevos trabajadores tengan un periodo de adaptación en el que la empresa los acompañe y les trasmita las competencias necesarias para ese puesto concreto”, asegura el sindicalista.

La falta de capacidad de las empresas de retener el talento también influye en la rotación en el mercado de trabajo. “Falta motivación y tienen que generarla las compañías; cuanta más expectativa crean, más compromiso tiene el trabajador”, asegura Requena. Las condiciones todavía precarias en muchos casos para los que entran en mundo laboral tampoco ayudan, reconoce García desde la CEOE.

Sobrecualificación

“Tenemos a los jóvenes más formados de la historia; es contradictorio que las empresas no encuentren exactamente lo que buscan”, señalan desde CCOO. Si antes la oferta de puestos de trabajo era amplia y los candidatos eran pocos, ahora pasa al revés; hace décadas, los negocios no tenían donde elegir, mientras que actualmente son los aspirantes los que tienen que adaptarse y las empresas pueden hacer selecciones minuciosas.

Ante esta tendencia, se crean situaciones de sobrecualificación. Según el observatorio de emancipación, el 47,7% de los jóvenes de hasta 30 años tienen un nivel de estudios superior al requerido en su trabajo. Tanto los sindicatos como las patronales creen que la solución está en el diálogo entre las partes, con tal de acercar posiciones y estrategias para el futuro. Sin embargo, ven complicado disminuir esta brecha.

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