Menú Buscar
Comisiones de los fondos: muchas, pero no siempre efectivas

Comisiones de los fondos: muchas, pero no siempre efectivas

Estos depósitos se caracterizan por contemplar más gastos que ningún otro producto financiero, aunque casi nunca se cobran juntos

7 min

Los fondos de inversión se caracterizan por contemplar más comisiones que ningún otro producto financiero, con la salvedad que casi nunca se cobran juntas.

Los fondos de inversión son uno de los productos financieros más penalizados por la aplicación de comisiones: puede generar hasta cinco desembolsos distintos para sus titulares. La noticia positiva es que casi nunca se cumplirá el escenario de abonarlos todos ellos de forma conjunta.

¿Cómo cuantificar su gasto?

Estos gastos se aplican directamente sobre todos los fondos de inversión, sin excepción. Independientemente de cuál sea su naturaleza: renta fija, variable, monetaria o incluso alternativa. En casi ningún modelo coinciden todos ellos, aunque mantienen unos márgenes que son muy parecidos entre ellos. Entre el 0,5% y 2,25% anual si se calcula sobre el patrimonio invertido, ya que no pueden exceder de este tope máximo que está establecido de forma legal.

No obstante, son los más complejos -por su composición o distribución geográfica- los que presentan los porcentajes más elevados. En cualquiera de los casos, los inversores para evitar cualquier tipo de sorpresas pueden conocer sus tarifas a través de los folletos informativos que emiten las gestoras encargadas de comercializarlos entre sus clientes. O en su caso, desde los bancos en donde han suscrito el producto.  

Representa un gasto más expansivo que a través de las compra y venta de acciones en la bolsa. Incluso de los productos financieros más sofisticados (warrants, cotizados, o ventas a crédito), aunque su abono es sustancialmente diferente en su ejecución porque se basa en otros parámetros ajenos a los de estos modelos de inversión.

En buena parte de los casos se descuentan directamente sobre el valor de participación de los fondos. Hasta el punto que los propios partícipes no llegan a notar estos movimientos en sus cuentas porque pasan desapercibidos. Es decir, se quitan de los posibles beneficios de los fondos.

Comisión de éxito: la última en llegar a los mercados

Precisamente por ser la última en aterrizar en los fondos, la de éxito es una de las llamativas que conllevan estos productos financieros. Se cobra una tasa variable en función de si se genera o no una rentabilidad. Si es el primer caso, los titulares tendrán que afrontar un gasto fijo, en dependencia del retorno que se produzca sobre el capital invertido, de forma que al producirse este escenario se elevarán los desembolsos que afrontará el ahorrador.

Si se generan pérdidas, no supondrá ningún cambio para éste debido a que no tendrá que abonar esta comisión. Será como si no existiera.

De todas formas, no es la nota predominante en los fondos de inversión. Ya que de los registrados en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tan solo el 10% están comercializados bajo estas características. Además, proceden de unos fondos muy bien definidos ya que se tratan de gestión alternativa, con porcentajes que oscilan entre el 10 y el 18 sobre los beneficios obtenidos. Es decir, que si estos representan un importe de 5.000 euros, se aplicaría una retención de hasta 800 euros por este concepto. Su irrupción se conforma como parte de una estrategia para atraer a los clientes. No en vano, será la plasmación del éxito de las operaciones. 

¿Cuántas comisiones pueden aplicarse?

No es sencillo detectar cuáles son las comisiones de los fondos de inversión. Las principales son de gestión, depósito, reembolso y suscripción, aunque raramente se juntan todas o la mayoría de ellas. En unos casos son siempre fijas y en otras optativas.

Dentro del primer grupo destaca la de gestión. Es cobrada directamente por su administración y en ningún caso sobrepasa la barrera del 2,25%. Otra de las tasas que necesariamente debe afrontarse es la de depósito o custodia por una cuantía similar a la anterior. Está derivada por la gestión administrativa de la entidad depositaria. En ambos casos, son implícitas y se descuentan día a día del valor liquidativo del fondo. Por un máximo del 0,2% anual sobre el patrimonio invertido.

La comisión de suscripción, por su parte, solamente se hace efectiva al realizar las compras de participaciones del propio fondo, bajo un porcentaje que no siempre es el mismo y que incluso en la mayoría de estos productos –especialmente en los nacionales– están exentos de este pago.

Otra de las penalizaciones menos habituales que sufren los inversores es la de reembolso. Es también explícita, aunque en esta ocasión se formaliza en el momento de su venta. Al igual que en el caso anterior, no se cobra en todos los fondos. Pero de hacerlo irá en función de su permanencia. Como consecuencia de ello, cuanto más se tarde en vender las participaciones más elevada será la comisión. El límite máximo de estas dos comisiones corresponden al 5% sobre sobre el importe suscrito o reembolsado, respectivamente. En cualquier caso, servirán para reducir o limitar los beneficios generados desde estos productos financieros. Por lo que será necesario conocer de antemano su cuantía real.