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Los comerciantes, hartos de ser el ‘probador’ de Amazon

El modelo de consumo que imponen las grandes plataformas de internet ahoga a las tiendas multimarca, que se plantean cobrar a quienes usen sus instalaciones

Una aplicación para comprar 'on line' desde una tienda muy famosa en América Latina, un perfil de compras que ha desatado las críticas de los comerciantes tradicionales / eMARKET
12.11.2018 00:00 h.
8 min

Ir a una tienda, probarse una prenda de ropa o calzado y, una vez comprobado cuál es el número o talla ideal, buscar por internet una promoción o rebaja que permita un ahorro, por pequeño que sea. Este es el nuevo patrón de consumo que se impone en las sociedades occidentales donde el e-commerce gana fuerza día a día. Ahoga a los comercios de proximidad, cuyas quejas por haberse convertido en los probadores de grandes plataformas comerciales se hacen sentir cada vez con más fuerza en patronales y otras organizaciones comerciales.

El comercio reacciona. Fuentes empresariales de Fepime aseguran que éste será uno de los grandes retos a los que debe hacer frente en los próximos meses. Igual que en Pimec Comerç, cuyos integrantes se muestran muy preocupados por el llamado efecto Amazon.

Estudio de Barcelona Oberta

Que el precio es el factor más importante para las compras es una realidad cada vez más consolidada. La última radiografía del consumo en la capital catalana publicado por Barcelona Oberta mostraba cómo el 8,94% de los 1.000 encuestados para el estudio reconocía que la relación entre la calidad y el coste de lo que se adquiría o el ticket a secas (8,65%) eran los vectores más importantes antes de adquirir un producto. Pasaba por delante de rapidez en localizar los productos (8,16%), la variedad (8,06%), la proximidad física del establecimiento (8,06%) o los horarios de apertura al público (7,9%).

Importancia de los atributos en una compra
Relación calidad/ precio 8,95%
Precio 8,65%
Calidad 8,25%
Rapidez en encontrar los productos 8,16%
Variedad de productos 8,06%
Proximidad física 8,06%
Horario 7,90%
Rapidez en hacer la compra 7,88%
Ofertas y promociones 7,65%
Variedad de los establecimientos 7,64%

La misma entidad que agrupa las tiendas de la llamada milla de Oro de la ciudad, Paseo de Gràcia, y los puntos más turísticos señaló que la fidelidad de compra ha desaparecido y que el segmento on line es cada vez más potente en el negocio de la moda. Otros dos dardos contra los establecimientos tradicionales.

Las tiendas, otro elemento de marketing

El presidente de la asociación, Gabriel Jené, detalla en declaraciones a Crónica Global otro de los fenómenos de las grandes marcas en sus tiendas físicas. “Cada vez son mayores y más espectaculares, ya que ofrecen una experiencia de compra al consumidor más potente”, indica. Se proyectan como megaescaparates de sus productos. Como “una parte más de su discurso de marketing”, señala el también director general de La Mallorquina.

La estrategia para consolidar una imagen de la marca está muy consolidada. Que el consumidor compre al final por internet en lugar de en una tienda física es lo de menos. Los grandes operadores, desde Prada al grupo Inditex o H&M, cuentan con sus propias plataformas de e-commerce y han sido capaces de rentabilizar incluso los gastos logísticos. Los comerciantes tradicionales están a años luz de llegar a estos recursos. Compiten en desigualdad de condiciones y, además, sus establecimientos se han convertido en una extensión más de estas estrategias comerciales, tal y como lamentan.

¿Cobro por usar el probador?

Para hacer frente a esta situación desde algunos ámbitos se impulsan propuestas como la de cobrar por usar el probador. Los comerciantes que lo defienden aseguran que se trata de un elemento disuasivo. Su plan es que el comprador potencial adelante parte del coste del producto antes de testar si la talla es la correcta o si le gusta el corte. Si al final lo adquiere, se le descontará del precio final.

El debate está sobre la mesa pero, por el momento, nadie se ha tirado a la piscina. “Es una batalla perdida”, señala el profesor universitario y ensayista Josep Burgaya. El autor del libro La economía del absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (ed. Deusto) afirma de forma tajante que el “sistema tradicional de distribución no funciona” en una sociedad que pone el precio en el centro de la toma de decisión comercial.

Un mundo ‘low cost’

“Todo el mundo habla mucho de que le gusta el comercio tradicional, pero al final se recurre al ticket más bajo”. Alerta del “arma de doble filo” que supone abonarse al low cost, ya que un bajo coste de adquisición implica precariedad en las condiciones de trabajo de todos los que participan en la cadena productiva. Implica, por ejemplo, obtener algún margen de beneficio en una camiseta que se vende a cinco euros. Un precio final que no solo incluye el coste de fabricación; también se debe incluir la logística y las materias primas.

Imagen de una tienda de lujo en Paseo de Gràcia de Barcelona / EFE

Imagen de una tienda de lujo en Paseo de Gràcia de Barcelona / EFE

Brugaya señala que la dinámica de consumo global ha consolidado que las grandes fábricas de moda se sitúen en países que han llenado titulares por las condiciones de semiesclavitud (o esclavitud) de la mano de obra que usan. Con casos incluso de explotación infantil.

El ‘pijerío’ ecológico

¿Existe más conciencia como consumidor para luchar contra esta realidad? Sí, aunque el profesor afirma que este debate lleva a una “segmentación clasista” de los compradores.

En su opinión, sólo pueden plantearse adquirir productos sostenibles desde el punto de vista ambiental y social “gente con un determinado nivel de ingresos”. Con un salario de 800 euros mensual por narices debe primar el precio en cualquier compra que se haga, por lo que se cae en un círculo vicioso de precariedad. “Se crea a una pijería ecológica con conciencia social que representa a una minoría”.

El papel de la Administración

“La política debería cuidar que los estándares medioambientales, ecológicos y un trabajo digno estuvieran al alcance de todo el mundo”, declara. Su apuesta pasa porque los gobiernos de los estados pusieran barreras “a los productos que se fabrican con dumping social”. Es decir, incrementar los aranceles a “tejidos producidos en Bangla Desh con salarios de 30 dólares al mes” para que dejara de ser un modelo tan interesante desde el punto de vista del margen productivo.

Aunque reconoce que este debate se debe abordar de forma global. No se muestra especialmente optimista en que este reto se consiga a corto plazo. Más, en un momento de batalla comercial internacional, pero con visiones proteccionistas de los territorios más que en la reivindicación de unas condiciones laborales dignas en todo el planeta.

Por ahora, impera el “mundo a dos velocidades” según el poder adquisitivo. Un escenario en el que la supervivencia del comercio tradicional está comprometida.

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