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Javier Pagés y Mar Raventós, director ejecutivo y presidenta de Codorníu, que ha sido comprada por un fondo estadounidense / CG

Los trabajadores de Codorníu dan un golpe sobre la mesa

La plantilla exige información sobre la venta del grupo a Carlyle y quiere garantías de empleo en el cierre de la operación

04.09.2018 15:13 h.
4 min

La plantilla de Codorníu ha cargado este martes contra el “silencio” que se ha impuesto en la dirección del grupo vitivinícola desde que se anunció a finales de junio que la familia Raventós había vendido más del 55% del capital al fondo de inversión estadounidense Carlyle. “Nadie ha tenido la decencia de sentarse con nosotros y decirnos qué pasará con la compañía”, explica el presidente del comité de empresa, Antonio Cruces, en declaraciones a Crónica Global.

Reconoce que la gota que ha hecho colmar el vaso de la paciencia de los trabajadores es el consejo de administración que se ha celebrado este martes por la mañana. “No disponemos ni del orden del día ni se nos ha explicado formalmente el tema del encuentro”, señala el sindicalista, aunque tienen constancia de que la familia abordará el cierre de la operación.

Garantías de empleo

La empresa cuenta con 800 empleados repartidos entre Cataluña, La Rioja, Aragón, EEUU y Argentina. Sus representantes piden garantías de empleo en el futuro. Quieren saber si, por ejemplo, en el plan de negocio que ha presentado Carlyle incide en la segregación de los negocios o si se proseguirá con el esquema de gestión actual.

Codorníu cuenta con las cavas de Sant Sadurní d’Anoia, la sede central, pero también gestiona las bodegas de Abadia del Poblet (Tarragona), Bach (Penedés), Raimat (Lleida), Nuviana (Huesca), Legaris (Castilla y León) y Bodegas Bilbainas (La Rioja). Fuera de España cuenta con los viñedos de Septima en Argentina y con Artesa, en California. Además de controlar el 25% de los vinos tarraconenses de Scala Dei.

Relevo en la dirección

“Estamos en un desierto informativo desde hace meses”, denuncia Cruces. Los sindicatos han dado un golpe sobre la mesa para intentar cerrar un encuentro con la directiva actual y con los nuevos propietarios de la firma, los ejecutivos de Carlyle en España.

Quieren saber, por ejemplo, cuándo tendrá lugar el relevo en la compañía y si se piensa mantener el plan anunciado antes de la venta. La jubilación de la hasta ahora presidenta no ejecutiva, Mar Raventós, a finales de año y su sustitución por el actual consejero delegado, Javier Pagés.

Pugna familiar

Codorníu ha quedado bajo el control de un fondo de inversión tras una pugna entre los accionistas, todos miembros de la familia Raventós. Desde hacía años, casi el 25% de los minoritarios mostraban sus discrepancias con el modelo de gestión que se había impuesto en el grupo. Especialmente en la política de no repartir dividendos.

Este malestar llevó a la búsqueda de un inversor. A la compañía le han surgido varios pretendientes durante los últimos años, aunque han sido los estadounidenses los que se impusieron. Los 300 millones de euros que ofrecieron finalmente, en un primer momento querían desembolsar unos 210 millones, convencieron a la mayoría del capital familiar.

Se han opuesto a la venta la presidenta, el consejero delegado y Xavier e Isabel Ferrer Urrutia, otros dos accionistas muy vinculados con el día a día en la compañía. Su opción de mantener la estructura de capital familiar se quedó en minoría. Está previsto que la operación se complete a finales de año.

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