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Una mujer fuma un cigarrillo electrónico / FREEPIK

El cigarrillo electrónico, un sector que ya factura 90 millones al año en España

La industria en torno a estos dispositivos emplea a unos 5.000 españoles y sus números no paran de crecer, pese a que algunos equiparan su toxicidad a la del tabaco, que está por verse

13.09.2019 00:00 h.
9 min

No le llaman fumar, sino vapear. Con el cigarrillo electrónico, también conocido como eCig o eCigar, igualmente se inhala, pero poco tiene que ver con tomar y echar humo por la boca. Estos dispositivos tienen de cigarrillos el nombre, aunque en un primer momento nos los vendieron con su apariencia y como un sustituto del tabaco para ayudar a dejar de fumar. Lo cierto es que el cigarrillo electrónico es un sistema electrónico inhalador que puede sustituir al consumo de tabaco, pero también lo utilizan, por ejemplo, personas que no han fumado en su vida. Emplean una resistencia y una batería para calentar y vaporizar una solución líquida llamada líquido de vapeo, e-Liquid o e-Juice, de diferentes aromas y con o sin nicotina.

Estos aparatos llegaron a España hace una década y durante años su legislación estuvo en un limbo del que se aprovecharon sus distribuidores. Después algunas entidades apostaron por equiparar su regulación a la del tabaco, y el sector se les echó encima. Y finalmente se reguló su uso, que sigue creando controversia, en ocasiones por su ambigüedad, ya que hay quienes no dejan vapear en determinados locales pese a que la ley sí lo consienta.

Legislación

La legislación española permite usar el cigarro electrónico en centros de trabajo no sanitarios, bares y restaurantes. También tolera su publicidad y su consumo está regulado por la Ley 3/2014, de 27 de marzo, por la que se modifica el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias. Su utilización está prohibida en centros y dependencias de las Administraciones públicas y entidades de derecho público, centros, servicios y establecimientos sanitarios --así como en los espacios al aire libre o cubiertos, comprendidos en sus recintos--, centros docentes y formativos, salvo los espacios al aire libre de las instalaciones universitarias y de los exclusivamente dedicados a la formación de adultos, siempre que no sean accesos inmediatos a los edificios y aceras circundantes.

Una mujer vapea con un cigarrillo electrónico / EFE
Una mujer vapea con un cigarrillo electrónico / EFE

Tampoco se puede vapear en medios de transporte público urbano e interurbano, trenes, barcos, aviones de compañías españolas o vuelos compartidos con aerolíneas extranjeras, recintos de los parques infantiles y áreas o zonas de juego para la infancia, entendiendo por tales los espacios al aire libre acotados y con equipamiento o acondicionamiento destinados específicamente para el juego y esparcimiento de menores.

Aún genera dudas

Con los años, estos dispositivos que imitaban cigarros y puros y requieren de un cartucho con un sabor determinado han pasado a tener un aspecto muy diferente. Sus fabricantes ya no quieren que se parezcan a los cigarrillos convencionales, porque tampoco les gustaría que su regulación se equiparara a la del tabaco, y además quienes los venden aseguran que no son en absoluto dañinos para la salud, algo que todavía está por verse.

De hecho, también se puede vapear nicotina, y bajo esa premisa sí hacen daño y no se entendería que no la ley dijera algo diferente a lo que dice sobre el tabaco. Lo cierto es que todavía existen muchas dudas sobre los e-cigars, aunque algunos expertos especulan que pueden ser menos tóxicos que un cigarrillo convencional, aunque contengan nicotina y otros componentes del tabaco clásico, pero no hay demasiados estudios que lo demuestren. De los que hay, muchos son partidistas y tampoco se conocen los efectos de su uso a largo plazo.

Sí se sabe que los cigarros electrónicos con nicotina aumentan la frecuencia cardiaca y los niveles de nicotina en la sangre, y puede haber riesgo de intoxicación por nicotina si se ingiere por vía oral al manipular un cartucho. También se sabe que vapear produce alteraciones en la función pulmonar, y que puede causar neumonía lipoidea a grandes consumidores. Eso sí, si se usa sin nicotina, no provocará adicción, al menos física, aunque quizá sí psicológica.

Una industria en alza

El sector del cigarrillo electrónico facturó 45 millones de euros en el primer semestre de este año, lo que supone un crecimiento del 22% respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Estos datos confirman el crecimiento sostenible de la industria, según la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV), que prevé una facturación a final de 2019 por encima de los 90 millones de euros. Pese a ello, según esta asociación, el crecimiento de la industria del cigarrillo electrónico, que sigue estando formada principalmente por pequeñas y medianas empresas, está muy condicionado por la posibilidad de cambios en la normativa o en el régimen impositivo.

Varios modelos de cigarrillo electrónico en el interior de una tienda / CG
Varios modelos de cigarrillo electrónico en el interior de una tienda / CG

"Es una excelente noticia que el sector mantenga ese crecimiento sostenible en el tiempo", asegura el presidente de UPEV, Arturo Ribes, que añade: "Esto demuestra que el compromiso de calidad del sector y los diferentes códigos de buenas prácticas han llegado al consumidor. Hoy, gracias a UPEV y sus socios, se ha logrado transmitir a las autoridades y consumidores nuestro máximo compromiso de dialogo y de colaboración para garantizar la seguridad de nuestros productos y la máxima calidad de los mismos".

Dejar de fumar como reclamo

Desde UPEV también se ha señalado que el número de usuarios que ha cambiado fumar por vapear sigue en aumento y se estima que, de continuar la tendencia actual, al final de 2019 habrá en España más de 600.000 vapeadores, una cifra todavía muy por debajo de las de Francia o el Reino Unido, que cuentan con más de 1 y 2 millones de usuarios respectivamente.

Según el primer estudio en España sobre el perfil del vapeador, elaborado por Sigma Dos para UPEV, hasta el 96,3% de los vapeadores españoles usa el cigarrillo electrónico como alternativa al cigarrillo convencional, y hasta el 69,8% ha sustituido completamente el hábito de fumar gracias al cigarrillo electrónico, mientras que el 26,5% ha reducido sustancialmente su consumo de cigarrillos convencionales.

Más de 500 pymes

Este incremento de la demanda se refleja también en el aumento del número de empresas del sector. Y es que son ya más de 500 las pymes que operan en España, entre establecimientos, productores de líquidos y otros componentes, así como distribuidores. Este incremento permite sostener el desarrollo en un sector que está demostrando ser "un actor importante" a escala europea y que podría permitir cerrar 2019 con más de 640 tiendas.

A comienzos de este año, 4.480 personas trabajaban en el sector del cigarrillo electrónico, sumando empleos directos e indirectos, lo que suponía un incremento del 40% en la creación de empleo respecto al año anterior. Las previsiones de cierre para este año, de confirmarse el crecimiento previsto, podrían permitir acabar 2019 con más de 5.100 empleos.