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Imagen del Puerto de Tarragona, una de las capitales catalanas más afectadas por el turismo masivo / CG

Tarragona, Girona y Lleida, en alerta por el turismo masivo de Barcelona

Las capitales de provincia catalanas empiezan a notar el fenómeno frente al desconcierto de los vecinos y las autoridades

10.06.2017 00:00 h.
5 min

La saturación turística no es solo un problema en Barcelona. Se ha expandido por toda Cataluña. Las capitales de provincia son las más afectadas. Tarragona, Girona y Lleida están notando ya los efectos de la masificación.

De las tres, la ciudad situada en el sur de la comunidad autónoma es la que más está sufriendo los efectos. Su posición es idílica. Sus antecedentes romanos aportan ese toque cultural que atrae al turista. Posee uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y recibe varios de los cruceros que ya no caben en Barcelona.

Un crucero atracado en el Puerto de Tarragona / CG

Un crucero atracado en el Puerto de Tarragona / CG

El proceso está siendo más lento que en la capital, como es obvio. Los vecinos de los barrios más céntricos ya avisan de la gran cantidad de turistas que se dejan ver por las calles. Uno de los más afectados es el Serrallo, cercano al mar: “Siempre ha sido un lugar tranquilo de pescadores y ahora que se ha rehabilitado se empieza a ver gente diferente, es muy turístico”, cuenta Luís Rodríguez, uno de los pescadores de la zona. Los locales de toda la vida empiezan a cerrar sus puertas. Los bares de copas y de ocio nocturno empiezan a proliferar en esta zona donde también radica el Club Náutico.

Otro de los barrios tarraconenses que está notando el cambio de tendencia es el de la Part Alta. La Plataforma Oppida indica que “los pisos turísticos están en aumento e incrementan el precio del alquiler en la zona”. Con la restauración de la plaza de la Font pasó a ser un atractivo. Ahora es una zona llena de bares y restaurantes con terrazas. Otra atracción para el viajero.

El caso de Girona

Girona ya ha palpado los efectos de la masificación. Los pisos turísticos han subido como la espuma. De los 18 que había en 2013, la ciudad ha pasado a tener 256 en la actualidad. El 57% de estas residencias se concentra en el Barri Vell. Según la Asociación Turística de Apartamentos Costa Brava-Prineu Girona (ATA) más del 40% es de uso ilegal. Una práctica similar a la de Barcelona.

Los gerundenses han pedido combatir "esta lacra". La presidenta de la Asociación de Vecinos de L'Eixample, Amelia González, explica a este medio que “antes paseábamos por el Barri Vell, ahora es prácticamente imposible, hay mucho turista”. En esta línea, la especulación empieza a dejarse notar en la ciudad: “Varias familias se han tenido que marchar porque no se les ha renovado el contrato”, indican desde la oposición de la CUP y ERC. En Girona, el alquiler ha subido un 10% en un solo año.

Turistas se pasean por el punte de la Princesa, en Girona / CG

Turistas se pasean por el punte de la Princesa, en Girona / CG

Como sucede en Tarragona, su cercanía a los pueblos de costa que están de moda en Cataluña y sus buenas conexiones con Ryanair son un caramelo para los turistas británicos, alemanes, franceses y holandeses. A ese plus hay que sumarle que Barcelona se encuentra a tan solo una hora de ambos destinos.

Lleida, más ralentizada

La situación geográfica de Lleida es su mejor aliada para combatir al turismo masivo. El ayuntamiento ha intentado hacer promociones turísticas para atraer "a más personas jóvenes". Así lo explica Rafael Peris (PSC), teniente alcalde de la ciudad.

El aeropuerto de Lleida-Alguaire / CG

El aeropuerto de Lleida-Alguaire / CG

Aunque es un movimiento más ralentizado que en el resto de capitales catalanas, también hay problemas con el turismo. Valentí Reig, vecino del Barri Vell de la ciudad ilerdense, cuenta relata que “muchas familias ya se han marchado a la periferia”. Según datos del ayuntamiento, el turismo ha crecido un 11% en el último año.

Un 61% de los pasajeros que aterriza al año en el aeropuerto fantasma de Lleida-Alguaire son esquiadores. Un hecho que lo consolida como destino de invierno, que lo aboca a la estacionalidad turística. Sufre saturación en los meses de frío y poca presencia de viajeros en verano.