Menú Buscar
El precio de los alimentos frescos, como los de la energía, no se tienen en cuenta para calcular la inflación subyacente.

¿Caminamos hacia la deflación?

Pese a la caída del IPC hasta tasas negativas durante tres meses seguidos, el consumo crece a buen ritmo, como la inversión

3 min

La evolución del IPC, que se ha situado nuevamente en negativo en marzo, podría ser el anuncio de un periodo de deflación, con todas sus consecuencias negativas. Aunque ese riesgo sería mayor si los factores que provocan la caída de los precios fueran internos.

Sin embargo, el hecho de que sean la cotización del petróleo y los tipos de interés los elementos determinantes del IPC negativo convierten la coyuntura española más en una oportunidad que en un peligro cierto.

Costes de producción a la baja

Los costes de la economía han caído doblemente gracias a una energía más barata y a una financiación también mucho más baja, a lo que habría que añadir la reducción de los salarios. Los expertos definen la situación como óptima para limpiar balances empresariales, amortizar deuda y emprender exportaciones a nuevos mercados.

La teoría económica dice que seis meses seguidos de inflación negativa es ya una situación deflacionaria. Pero en el caso español, que ahora cumple su tercer mes en negativo (-0,3% en enero; y -0,8% en febrero y marzo), esa definición parece muy lejana.

Caída del consumo

La deflación es negativa y muy peligrosa porque supone la caída continuada de los precios de tal manera que anima a los consumidores a posponer sus decisiones de compra a la espera de mejores oportunidades. Eso provoca un parón en la producción de las empresas, cae la actividad y, posteriormente, se producen despidos; además, el Estado tiene menos ingresos a la vez que le crecen los gastos.

Pero esa no es la situación del país, dado que el consumo creció un 3,5% en tasa media el año pasado y la demanda interna contribuyó con 4,1 puntos al PIB (3,2%). La inversión también mejoró: un 6,4%.

La inflación subyacente

El dato que pone en evidencia esa dualidad es la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos no elaborados, dos capítulos externos a la voluntad y a la gestión de políticos y empresas. En diciembre de 2015 estaba en el 1%, y en febrero, último dato oficial disponible, se mantenía estable.

El consenso apunta que a finales del año próximo el índice general podría acercarse al 1,7%, muy próximo al 2% que el BCE considera óptimo para el buen funcionamiento de la economía.