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Joan Font (delante), el presidente del grupo Bon Preu inaugura un establecimiento en Tarragona junto a su hermano Josep Font (detrás), el vicepresidente de la compañía / CG

Bon Preu, otra empresa que sufre por el relevo generacional

La cadena catalana de supermercados está a la espera de que los tribunales confirmen si sus activos deben segregarse tras la batalla de los hermanos Font

16.12.2018 00:00 h.
9 min

Bon Preu es la primera empresa de supermercados catalana y factura cada año más de 1.000 millones de euros. Pero es también una empresa familiar e, igual que multitud de firmas en el pasado, sufre las inclemencias de un relevo generacional. La entrada de los terceros representantes de los Font desde que la empresa se fundó ha llevado a que el grupo esté al borde de la desaparición, al menos como lo conocemos, tal y como indican fuentes conocedoras de la pugna familiar que se vive en la propiedad.

Será la sección Mercantil de la Audiencia de Barcelona la que tenga la última palabra sobre el futuro de la compañía. Tiene pendiente contestar un recurso de reposición que los representantes legales del vicepresidente, Josep Font, el bufete Fornesa Ceca Magan, interpuso a principios de mes para evitar que se empiecen a segregar los activos.

Reparto accionarial

Por el momento no ha conseguido que los tribunales le den la razón en su pulso con su hermano, Joan Font, el presidente ejecutivo de la firma. Su equipo legal, representado por Rousaud Costas Duran, consiguió que el Juzgado de lo Mercantil 8 de Barcelona diera carpetazo al intento de poner un precio por las acciones que están en manos del vicepresidente. Concretamente, el 50%.

Joan Font Fabregó, el presidente de Bon Preu / CG

Joan Font Fabregó, el presidente de Bon Preu / CG

Los fundadores de Bon Preu, los padres de los dos hermanos que ahora se pelean en los tribunales, decidieron que la propiedad de la empresa se dividiera a partes iguales entre sus dos hijos el día en que no estuvieran. Aplicaron una metodología de herencia muy tradicional y decidieron que el mayor, el heredero, se quedase con el máximo cargo y responsabilidad.

Masies de Voltregà

Joan Font lo ha ejercido hasta la fecha sin oposición de su hermano. Fue formado para tomar esta responsabilidad en la compañía y ha completado con éxito el mandato. De hecho, pulverizó cualquier estimación del negocio que hubiera hecho nunca la familia oriunda de Les Masies de Voltregà (Barcelona), una localidad cercana a Vic.

Desde la primera parada en el mercado de la zona saltaron a un pequeño supermercado. Otro de los establecimientos de menor tamaño que copan las poblaciones medianas de Cataluña. Pero su primer ejecutivo no se quiso conformar con esto e inició un crecimiento que ha resultado imparable hasta el momento.

Grupo con supermercados y gasolineras

Superó en un momento la formación más tradicionalista y conservadora del negocio para convertir los supermercados que heredó en la principal cadena catalana gracias a las marcas Bon Preu y Esclat, con red de gasolineras incluida.

En su management, la política ha sido uno de los drivers que ha cultivado en los establecimientos. Desde su independentismo no escondido ha cimentado el éxito de copar una cuota de mercado. Los estudios del sector muestran como sus precios de venta están por encima de otras firmas rivales donde impera la marca blanca, pero la cadena catalana ha conseguido calar entre los compradores una mezcla de productos de proximidad unida la bandera de productos de calidad. Cuanto más catalanes, mejor.

Percepción del comprador

Los supermercados Bon Preu y Esclat se clasifican como tiendas con buenos productos pero que no son baratos. Algo muy positivo para los resultados de la compañía (así lo demuestran las grandes magnitudes), que Josep Font exhibe como baluarte de su gestión.

Los hermanos Joan y Josep Font, propietarios de los supermercados Bon Preu, en una imagen de archivo

Josep Font (i), vicepresidente del grupo Bon Preu-Esclat / CG

Sus allegados le definen como un ejecutivo valiente y que, a pesar de que nunca ha sido amigo de las metodologías de las grandes escuelas de negocio, conoce bien su actividad y el sector. Josep Font no es precisamente un ejecutivo poco brillante. Hasta la fecha ha ejercido del contrapeso de su hermano. Se le considera algo más conservador. Este perfil también ha imperado en las decisiones que se han tomado en el grupo, como los equilibrios que intentó respecto al independentismo militante de su familiar. Esa combinación les ha permitido salir reforzados de la crisis, destacan los interlocutores consultados. 

Empresarios discretos

Ambos cumplen el perfil de los grandes empresarios catalanes más allá de Barcelona. Ejecutivos que mantienen un perfil bajo y que huyen de la ostentación. Algo que también se nota en las oficinas centrales de la cadena de distribución, situadas en la misma localidad de Les Masies de Voltregà. Aún ahora, cuando la tensión en la familia es máxima, Joan y Josep se reparten los extremos de la planta noble. La más importante por tamaño, pero con austeridad en el resto.

¿Qué ocurrió hace cuatro años? Fuentes próximas a la familia explican que el equilibrio de poder histórico que habían mantenido los hermanos se rompió por cómo se incorporaba la tercera generación a la compañía. Cuatro primos hermanos con perfiles de formación y personales muy diferentes que han llevado al límite a Bon Preu.

Tiempos del relevo generacional

Joan y Josep tuvieron dos hijos cada uno de ellos. El primero una niña y un niño y el segundo dos niños cuya carrera profesional les preparó para la gestión de una gran empresa como la cadena de supermercados. Pero la fórmula de la herencia se enrocó por los tiempos, añaden los mismos interlocutores.

Inyección de capital a los supermercados Bonpreu / CG

El interior de uno de los supermercados del grupo Bon Preu - Esclat / CG

El vicepresidente quiso correr más que el presidente ejecutivo, que no quería legar sus funciones. Además, buscaba un reparto más equitativo entre todos los herederos potenciales. Lo que al principio fue una falta de entendimiento se ha convertido en todo un órdago judicial. El consejo de dirección no se habla y ha declinado aprobar las cuentas de 2015, 2016 y 2017. Hecho que hubiera complicado mucho el día a día de la compañía si no fuera un monstruo como Bon Preu, con su propia idiosincrasia. 

Día a día en Bon Preu-Esclat

Y es que a pesar de que Joan Font reclama a su hermano que elija qué paquete de activos prefiere de la compañía --una estrategia que para algunos representa un farol--, el grupo mantiene su política de expansión y aún abre nuevos supermercados. Todo funciona sin problemas, más allá del pequeño detalle de la batalla judicial.

Se especula con una vía que lleve al entendimiento y que solucione el conflicto generacional. Con todo, no habrá ningún movimiento hasta después de Navidad. Los Font pasarán los fiestas en sus respectivas casas e iniciarán 2019 con un reto sobre la mesa que no es precisamente menor: qué hacen con el grupo que nació en un pequeño pueblo de la comarca de Osona y que ha conseguido superar los 1.000 millones de facturación.