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Vista tomada desde encima del recodo de Mataró, Barcelona (Litografía de Alfred Guesdon, 1855) y el Retrato de El marqués de Remisa (Vicente María López Portaña, 1844) / CG

Los banqueros románticos catalanes decisivos en Madrid

El nacionalismo catalán ha olvidado sus logros, pero levantaron grandes fortunas en el complejo siglo XIX, cuando el liberalismo se abrió paso en España

7 min

El nacionalismo catalán ha intentado desterrar de la memoria colectiva el nombre de aquellos catalanes eminentes que triunfaron y cosecharon éxitos junto a España. Frente a la figura de un Francesc Cambó, fundador de la Lliga Regionalista y ministro de la monarquía alfonsina, o de un Josep Tarradellas, primer presidente de la de Generalitat restaurada, se privilegia y se exalta el recuerdo de aquellas otras figuras que se opusieron al Estado, como Francesc Macià o Lluís Companys. El olvido de esos catalanes ilustres es todavía mayor si hablamos del siglo XIX, un siglo en que catalanes que se sentían españoles plenos, como Antoni de Capmany o Juan Prim, tuvieron mucho que decir. Para recuperar este paisaje, salen a la luz ahora las biografías de cuatro banqueros catalanes que fueron muy influyentes en el Madrid decimonónico y cuyos logros yacen hoy casi olvidados.

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Casa Xifré, en Bellezas de Barcelona / CG

El libro Banqueros románticos catalanes (Ed. Marcial Pons), editado por Enrique Faes Díaz, arroja luz sobre José Xifré; Gaspar Remisa; José Safont y Evaristo Arnús. Estos cuatro banqueros catalanes levantaron grandes fortunas durante el siglo XIX y formaron parte de esta transición de un capitalismo “con modales más refinados”.

Faes Díaz, el editor de los textos originales de José María Ramón de San Pedro, explica a Crónica Global ese cambio en la forma de practicar el capitalismo que protagonizaron estos cuatro banqueros: “Pasamos de unos capitanes de empresa que levantaban imperios en condiciones, digamos, más rudas a una segunda o incluso tercera generación de modales más refinados, más preocupadas por consolidar su prestigio social cuidándose mucho del qué dirán”.

Sus fortunas

Cada uno de estos cuatro catalanes hizo fortuna a su manera, pero todos se beneficiaron de la gran ocasión para hacer negocios que supuso el pleno ingreso de España en el liberalismo a partir de la muerte de Fernando VII en 1833. Xifré se fue a Cuba y se enriqueció al frente de una industria de pieles, primero, y de operaciones de banca e inmobiliarias más tarde. Éstas últimas a su regreso a Barcelona. Remisa y Safont ligaron su suerte a los contratos públicos y luego diversificaron muchísimo: participaron en distintos bancos, empresas mineras o incluso --en el caso de Safont-- de una fundición, sin desdeñar por ejemplo las operaciones de bolsa. En esto último se centró, Evaristo Arnús, el banquero que cierra el volumen.

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Colofón de Evaristo Arnús junto a su retrato de 1886 / CG

Su riqueza, no obstante, no siempre repercutió en la sociedad, más allá de sus actuaciones benéficas o estrictamente culturales. “Tal vez está más claro en los casos de Xifré y Arnús, con la magnificencia desplegada por el primero en Arenys de Mar y la beneficencia del segundo en Badalona”, matiza Faes Díaz.

Xifré impulsó además con su ejemplo la renovación urbanística de Barcelona, y Arnús lideró la vía bursátil barcelonesa. Remisa, por su parte, que fue protector de compositores y mecenas del Teatro Real, vio cómo su fortuna “se desinfló rápidamente en manos de sus herederos”, y el patrimonio de los Safont, que ya sabían en vida lo que era tener falta de liquidez, “no tardó en evaporarse”, añade el editor. Xifré, además, tenía un palacio enfrente del museo del Prado, que fue derribado años después por un alcalde franquista.

Influencia en Madrid

Su influencia en Madrid se podría asimilar a la presión política que ejerció Cambó y los suyos, bloqueando el Parlamento español a principios del siglo XX, o al entusiasmo con que las élites catalanas recibieron la restauración de la Monarquía borbónica en 1874 --por no hablar de otros episodios más oscuros, como el golpe de Estado de 1923 por parte de Miguel Primo de Rivera, como capitán general de Cataluña--.

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Vista tomada encima de la plaza de toros de Madrid (Litografía de Alfred Guesdon, 1855) / CG

Fueron cuatro prohombres catalanes que manejaban los hilos en la corte, y que amasaron grandes patrimonios debido a esa influencia. No obstante, tampoco formaban un grupo homogéneo. Bajo la etiqueta de romántico, su editor explica que “todos ellos operaron, más tarde o más temprano, a lo largo de un siglo marcado en sus inicios por ese movimiento cultural”.

Renaixença

La oda que el poeta y político Bonaventura Carles Aribau compuso para Remisa a finales de 1832 es un “punto simbólico de arranque de la Renaixença”, considera Faes Díaz. Pero advierte de que se trata de una “elaboración a posteriori” de la que el propio Aribau seguramente “habría discrepado”.

La Renaixença es el movimiento cultural de la segunda parte del siglo XIX que surgió de la voluntad de hacer renacer el catalán como lengua literaria y de cultura después de los siglos de diglosia respecto al castellano. En vida, Aribau contribuyó tanto a la expansión del catalán como del castellano, siendo también fundador de la Biblioteca de Autores Españoles.

Así como en el caso del que fuera el máximo exponente del romanticismo catalán, estos banqueros tampoco eran catalanistas en el sentido que hoy adquiere el término. Eran monárquicos y centralistas, cada uno con sus matices. “Como Remisa, Aribau era firmemente monárquico, centralista porque creía en una Administración fuerte como buen moderado que era. Creo que nunca concibió una Cataluña sin España". "Eso ya será asunto de otro siglo”, concluye.

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