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Varios clientes a las puertas de sucursales de la banca / CG

La banca muda de amenaza: de los tipos mínimos a la morosidad y la inflación

El fin de la era del dinero barato no significa que desaparezcan los desafíos para el sector financiero sino que, simplemente, se transformarán

10 min

“Nuestro mayor desafío en 2022 es la inflación”. Es una frase tajante y concluyente, que cualquiera en el sector financiero podría pronunciar ahora, cuando acaba de concluir el primer trimestre y las referencias ya son múltiples, pero que era mucho más atrevida cuando se escuchó, allá por la tercera semana de enero. Por entonces, muchos gobiernos (incluido el español) y el mismísimo Banco Central Europeo (BCE) insistían en que el abrupto incremento de los precios era un fenómeno pasajero, que prácticamente se corregiría por sí mismo. 

Podría ser suficiente para convencer a la mayoría… pero no a alguien como la consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, que fue la autora de la cita, tan osada entonces como clarividente. Es verdad que no había estallado aún la guerra en Ucrania y, con ella, los mercados de materias primas. Pero a la ejecutiva no le hacía falta saber lo que ocurriría en el futuro, porque tenía muy claro lo que estaba sucediendo ya, por entonces.

Un BCE tardón 

El imaginario combate entre Dancausa y Christine Lagarde, presidenta del BCE, duró muy pocos asaltos. “A los bancos centrales hay que recordarles que su principal cometido es controlar la inflación. La señora Lagarde tiene una estrategia más política que monetaria”, dijo por entonces la primera ejecutiva de Bankinter. La dirigente francesa se resistió en un par de ocasiones más. A la tercera, con motivo del consejo de gobierno de la entidad emisora de febrero, se abrió a mover ficha con los tipos de interés antes de que acabara el año. Antes de que fuera demasiado tarde.

De hecho, la mayoría de los primeros espadas de la banca española ya pensaban entonces que en los cuarteles generales de Francfort se estaba repitiendo una escena muchas veces vista antes: decisiones a cámara lenta. Pero igualmente una vez más, hicieron gala de su eterna discreción. Hasta que ocurrió algo que precipitó los acontecimientos. 

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Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, en la ceremonia de firma de nuevos billetes / EUROPA PRESS

Alzas de tipos descontadas

Ese algo fue, claro está, la invasión rusa de Ucrania. Pero lo cierto es que en las últimas comparecencias publicas de los banqueros en España apenas se ha hablado de los tipos de interés; durante las presentaciones de resultados la mayoría dijo, eso sí, con la boca pequeña, que no esperaban subidas en 2022… pero que si llegaban, mejor. Quizá, la pista ideal para deducir que estaban descontadas.

No quedan muy lejos los tiempos en los que se hablaba de tipos negativos en el mercado hasta 2031. Podría tratarse del caso extremo, pero los más optimistas no iban mucho más atrás de 2026. Aquellas curvas que dibujaban un panorama tan sombrío cambiaron de aspecto conforme se acercaba el momento en el que el BCE cortara el grifo y dejara de comprar bonos soberanos; en una palabra, dejara el dopaje de liquidez de las economías.

Suben los tipos... y la mora

Con todo, no es extraño que los tipos desaparezcan del discurso de los banqueros para dar paso a otros términos. Uno de ellos, el ya mencionado por Dancausa; el otro, no menos temido, el de la morosidad

Cuando en estos días a un banquero se le habla de la buena noticia que supone para el sector que la subida del precio oficial del dinero parezca cada vez más próxima en la zona euro (mientras ya es una realidad en Reino Unido, que ya ha aplicado la tercera desde diciembre; y en EEUU, que acaba de estrenarse), contrapone de inmediato la mala: “sí, suben los tipos; pero con los tipos te sube la mora, eso pasa siempre y ahora no va a ser diferente”.

Hasta ahora, bajo control 

Desde que estalló la crisis del coronavirus, la morosidad ha representado el papel de lobo en el célebre cuento en el que su presencia era repetidamente anunciada sin que hiciera acto de la misma… hasta que cambiaba de opinión y sembraba el pánico.

“Aun estamos sorprendidos de que hayan pasado dos años y las tasas de morosidad sigan tan moderadas”, señalaba con alivio el consejero delegado de Banco Sabadell, César González-Bueno, en un acto con la prensa previo a la última junta de la entidad.

Hipotecas en inmuebles / EP
Hipotecas en inmuebles / EP

Muchos atribuyen buena parte de culpa a las moratorias de los créditos garantizados por el ICO, extendidas posteriormente. Pero éstas también llegan a su fin, con una más que peligrosa convergencia con una próxima subida de tipos que algunos indicadores ya están anticipando. 

Entre ellos, uno con especial impacto: el euríbor. La referencia para la gran mayoría de préstamos hipotecarios ha avanzado cerca de 30 puntos básicos sólo en el mes de marzo, que comenzó en el -0,36% y lo ha cerrado levemente por encima del -0,1%, presto a darse la vuelta y volver a terreno positivo, por primera vez desde comienzos de 2016.

Una amenaza real

“Ese movimiento supone encarecer las hipotecas medias entre 175 y 350 euros aproximadamente; con la inflación por las nubes y el panorama económico aun no muy despejado, no es de extrañar que la amenaza de los impagos empiece a asomar por la banca”, apuntan desde una gran consultora. 

Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística (INE) adelantaba un dato de evolución de precios en marzo que no dejó indiferente a nadie: 9.8%, el más alto de los últimos 37 años. Y tanto el Gobierno español como el BCE, precisamente los mismos que se referían a la inflación como un problema pasajero, también coincidieron en señalar que el máximo aún está por llegar.

Una generación sin inflación

Especialmente significativo ha sido el mensaje lanzado hace unos de días por Rob Kapito, uno de los fundadores de BlackRock que, además, ocupa la presidencia de la mayor gestora del mundo. Kapito advirtió de que el impacto de la inflación es muy perjudicial para la economía y que, por las circunstancias acontecidas en los últimos años, existe toda una generación que aún no ha vivido sus efectos.

De este modo, la respuesta se vuelve más impredecible y eso hace que la banca deba extremar la prudencia.

Frenazo a una recuperación inédita 

En cualquier caso, si hay algo que lamentan en el sector es que el proceso de recuperación había emitido unas inmejorables señales durante las primeras semanas del año. “Iba como un tiro, nos preparábamos para un fenómeno de explosión económica en el buen sentido como pocos se han vivido en los últimos años. Y la guerra lo ha estropeado”, lamenta un consejero de un banco Ibex.

Desde luego, así llegó a reflejarse en bolsa; en apenas unas semanas, valores como Banco Sabadell llegaron a acumular alzas superiores al 50% desde la última sesión del pasado 2021. El cambio de escenario no ha impedido que lideren la lista de títulos más revalorizados del primer trimestre en el Ibex 35, pero ya sin tanta alegría.  

Un punto menos

“Nuestra exposición a Rusia y Ucrania es muy reducida, pero no podemos ocultar que el efecto de la guerra en la economía europea será significativo, hasta el punto de que contemplamos una reducción del crecimiento de entre uno y 1,5 puntos”, explicó la presidenta de Santander, Ana Botín, a los accionistas de banco el pasado viernes, durante la junta de la entidad. 

Lo que se apreciaba como el fin de fiesta ideal, unas primeras subidas de tipos que llegaran en el último trimestre de 2022, ahora se contempla como algo anticipado que puede dar paso a un escenario con nuevos desafíos antes de tiempo. Y, como bien señalaba Kapito, con muchos consumidores sin tener experiencias previas.