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Fachada de Razzmatazz, donde cuelga un cartel que promete que volverá a abrir pronto / CG

Apolo y Razzmatazz, al borde del cierre definitivo

Las dos emblemáticas salas de fiesta barcelonesas vaticinan su desaparición si, en medio año, siguen sin poder abrir sus puertas

3 min

Situación muy complicada la que denuncian dos de las salas de fiestas de Barcelona más emblemáticas: Apolo y Razzmatazz. Sus gestores confirman que les queda poco oxígeno, y vaticinan su desaparición si las medidas restrictivas que impiden la apertura del ocio nocturno por la pandemia se prolongan otro medio año. Hay negocios que cerrarán antes.

La situación es distinta en cada caso, pero el final será el mismo si siguen con la persiana bajada. El director de la Sala Apolo, Alberto Guijarro, ha explicado en el programa Via Lliure de RAC1 que tiene margen “hasta enero o febrero” antes de tomar una decisión. En el caso de Razzmatazz, su gerente y también presidente de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (ASACC), Lluís Torrents, tiene aire hasta la primavera.

La mayoría de salas desaparecerán antes de enero

El mismo Torrents ha hablado también como representante de ASACC, que aglutina a unas 80 salas en Cataluña, y ha reconocido que “la mayoría” no llegarán a enero. “Llegará un momento en el que tendremos que tomar la decisión de si merece la pena endeudarnos, porque si cerramos después la deuda será mucho mayor”, ha dicho. Porque siguen pagando salarios, alquileres, impuestos… y “hay salas que ya se han puesto a la venta”.

Este argumento lo apuntala Guijarro: “La situación es muy, muy, muy dramática”: “Lo que más duele es que no vemos la luz de cuándo podemos abrir y eso crea mucha incertidumbre e inseguridad”. Las previsiones no son nada halagüeñas, ya que las limitaciones de reunión se prolongarán hasta Navidades, por lo menos, según ha explicado la consejera de Salud, Alba Vergés.

Luz de Gas tira de créditos

Sobre la posible venta del negocio, son varios los fondos buitre que están al acecho. Para Guijarro, estas corporaciones carecen de la “sensibilidad” que las salas de conciertos han adquirido durante años “y forma parte del entramado cultural”. En este punto interviene el director de otra sala emblemática, Luz de Gas, Fede Sardà, que conoce el interés de estos fondos por comprar a bajo precio y llenar los locales de “ingleses y alcohol barato”. Todo un desastre para la cultura.

Por fortuna, la situación de Luz de Gas es algo mejor que las que presentan Apolo y Razzmatazz, dado que ha podido renegociar el alquiler en estos tiempos. Pero no deja de estar al límite, con ayuda de crédicos, justo cuando celebra el 25 aniversario.

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