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Los alimentos ecológicos: ¿más sabrosos?

Los alimentos ecológicos: ni más saludables ni más sabrosos

El consumo al alza de estos productos es un compromiso ético hacia el bienestar animal, pero sin efectos sobre la salud personal además de ser una costosa inversión para las granjas

8 min

Cada vez hay más personas que consumen alimentos ecológicos y que reclaman productos de este tipo en las tiendas y supermercados donde realizan sus compras.

Ante esta demanda del mercado, algunas granjas han tomado la iniciativa y han modificado su modelo de producción para mejorar las condiciones de los animales o restringiendo el uso de algunos químicos en el cultivo de los alimentos que finalmente acaban en los estantes de los supermercados.

vacas

Vacas en granjas

Esta tendencia al alza en España, sin embargo, plantea una serie de preguntas, como si es viable prescindir de las granjas industriales en una población mundial de 6.000 millones de habitantes o si la seguridad de estos productos ecológicos está o no garantizada.

Una práctica procedente del norte

La cadena de supermercados Lidl ha sido la primera en anunciar que desde este enero solo vende huevos de gallinas no enjauladas en todas su dependencias. La firma alemana explicó que la media europea de este producto libre de jaula se encuentra en el 44%; siendo España uno de los países menos comprometidos con el bienestar animal, con tan solo un 7% de aves camperas. En países como Alemania y Holanda, el dato asciende hasta el 90% y el 82%, respectivamente.

La organización Compassion in World Farming (CIWF), que aboga por que las granjas devuelvan al ganado a los pastos, sin jaulas ni químicos, también advirtió de que España era uno de los países que más ocultan la situación de los animales. Uno de los municipios españoles más combativos con las granjas industriales es Loporzano, en Aragón, que recientemente se manifestó en contra de la instalación de dos nuevas instalaciones de cerdos.

Asimismo, una de las granjas modélicas por lo que respecta a esta apuesta sostenible es La Klosca, en Mataró (Barcelona), que dispone de un espacio óptimo para su cría y crecimiento. La Klosca reduce los elementos que se consideran factores estresantes para los animales, como la contaminación atmosférica, acústica y lumínica.

Inversión de 40 millones

De momento, esta rebelión en las granjas es solo de una minoría, puesto que, según sostienen los expertos, representa una inversión muy dura: “Se trata de una inversión elevada y dolorosa para el sector. Sin tener en cuenta los terrenos ni la obra ni la estructura podríamos estar hablando de unos 20 euros por plaza de gallina. Y en España hay millones de estas aves”, explicaba Yolanda Sanz, experta veterinaria de García Puente, uno de los proveedores de gallinas no enjauladas, en el evento en el que Lidl anunciaba su nueva apuesta.

Lidl Gallinas en Libertad 1 (7)

Gallinas camperas

Entre los cuatros proveedores de huevos de Lidl en España se encuentran las explotaciones de García Puente y Granja San Miguel, cuya inversión para adaptarse a la medida ha sido superior a los 40 millones de euros.

En el caso en cuestión, la cadena alemana ha asumido parte del coste y ha mantenido los precios en el producto final. Un escenario que podría ser menos esperanzador para las pequeñas explotaciones que no tengan el respaldo de una gran multinacional.

Un ‘privilegio’ de las clases altas

Según un informe de 2012 financiado por el Ministerio de Sanidad y realizado por la consultoría GFK y la empresa FOCO, el 51% del consumidor de producto de esta naturaleza no lo hace por el medio ambiente, sino pensando que será mejor para su salud. Solo un 13% lo hace por respeto a la naturaleza, un 10% por que cree que tienen mejor sabor y un 5% por motivos de conciencia.

gallina huevos

Gallina en jaula

Entre sus consumidores, se encuentra un 15% de clase alta y un 19% de clase media alta. El profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia J.M Mulet, y autor del libro Transgénicos sin miedo, desgrana el informe a instancias de este medio: “Es un sesgo a favor de las rentas más altas, puesto que el 34% de la sociedad no pertenece a la clase alta o media alta”.

¿Más sabrosos?

Cabe hacer una distinción entre gallinas camperas y ecológicas. Las camperas están sueltas. Las ecológicas, además, no pueden consumir pienso que provenga de alimentos modificados genéticamente y si padecen alguna enfermedad no pueden recurrir a la química. “Esta es una fuente habitual de fraude, porque cumplir la normativa ecológica cuando tienes gripe aviar o algún problema de salud es imposible, y por eso utilizan medicamentos bajo mano. El último ejemplo fue cuando la crisis del fipronil, que muchas granjas implicadas eran ecológicas”, abunda Mulet.

Respecto a la calidad nutricional, el bioquímico sostiene que “no hay ninguna diferencia” respecto a las que están enjauladas: “De hecho cuando tienes a una gallina enjaulada controlas muy bien lo que come, mientras que si la tienes suelta no sabes lo que pica, por lo que las contaminaciones son más frecuentes”.

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La presentación donde Lidl anunciaba su compromiso con no vender huevos de gallinas no enjauladas

A la misma conclusión llega la veterinaria Yolanda Sanz. Afirmó durante la presentación de Lidl que no había “ni una sola evidencia científica de diferencias entre un huevo producido en jaula o en suelo”. “A nivel de valores nutricionales y sensoriales no hay ningún cambio más allá del compromiso ético o social”. Un informe elaborado en Estados Unidos en 2010 y publicado por Time también reflejaba esa ausencia en los valores nutricionales entre distintos tipos de huevo.

Compromiso ético

Mucha gente tiene la sensación de que los alimentos ecológicos tienen un sabor mejor. “Hay un componente subjetivo de recuerdos de la comida de nuestros abuelos”, explica la veterinaria para desmentir esta apreciación tan generalizada.

Pese a que, como muestran las estadísticas, la mayoría de gente opta por este tipo de productos pensando en su salud personal, solo hay un elemento de peso que justifique la inversión en las granjas: el compromiso ético contra el sufrimiento animal.

Lo que queda ahora pendiente por resolver es cómo se conjuga esta sensibilización con el bienestar animal sin frenar el acceso de estos bienes básicos a toda la población.