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El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos / EP

¿Afecta el salario mínimo a la productividad de España?

El Banco de España alerta sobre la subida del SMI, pero los especialistas defienden la “dignidad” de algunos trabajos que no pueden ligarse a lo productivo

11 min

Los salarios se han estancado, en España y en el mundo occidental, en las últimas décadas. Existe ahora algo que se había asimilado en el pasado, pero que ya no se pronunciaba: el trabajador pobre, personas que trabajan, pero que tienen enormes dificultades para llegar a fin de mes. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha alertado sobre el aumento del salario mínimo, al considerar que puede perjudicar, precisamente, a esos colectivos más debilitados, que pueden quedarse, incluso, sin empleo. “Sabemos que incrementos moderados en el SMI generan efectos negativos moderados en el empleo, pero que pueden ser más elevados en colectivos de baja productividad, jóvenes o mayores de 45 años”. Sin embargo, existe un debate ideológico latente, sobre la “dignidad” de esos trabajos y la posible pérdida de productividad de España en el futuro.

El campo liberal ha comenzado a rectificar sobre sus propios postulados. Lo ha hecho el economista Miquel Puig, formado en el MIT, que difundió, con los deberes hechos en Estados Unidos, el peligro de la inflación y la necesidad de moderar los salarios. Ahora tiene claro, y así lo explica en su libro Els salaris de la ira (La Campana) que el gran problema, de hecho, es que la productividad ha aumentado, pero no se ha visto correspondida por un aumento de los salarios (ver gráfico sobre España).

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Gráfico sobre los salarios y la productividad en España / ELS SALARIS DE LA IRA

Puig sostiene que el aumento del salario mínimo del Gobierno, fijado en 15 euros para este año, con el objetivo de aumentarlo hasta 2023 y situarlo en 1.027 euros (para cumplir con el objetivo de la Carta Social Europea, que señala la necesidad de que el salario mínimo sea un 60% del salario medio), “no puede constituir un problema”. Y añade que la patronal CEOE “comete un error importante” al negarse a cerrar el acuerdo con el Ejecutivo y los sindicatos.

¿Cuál es el problema central? Miquel Puig señala a Crónica Global que “muchos trabajos no se pueden medir por la productividad, pero es que tampoco se deben medir por esa cuestión. Se trata de un asunto sobre la dignidad de esos trabajos y del salario que debe estar asociado”.

¿Es el momento?

La ortodoxia, sin embargo, está al lado del Banco de España. El economista especializado en mercados financieros Luis Torras señala que “no es el momento de pensar en el salario mínimo”. La atención debe centrarse, a su juicio, en la tasa de paro en España y, especialmente, en la tasa de paro juvenil. “Es un país de pequeñas y medianas empresas, en las que todo está ya muy ajustado, con un precio de la energía que no deja de subir y con una deuda pública enorme, ¿de verdad el problema es el salario mínimo?”, remacha.

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Gráfico sobre los salarios y la productividad en Francia / ELS SALARIS DE LA IRA

Lo que ha ocurrido en todo occidente en las últimas décadas, sin embargo, constata una enorme brecha entre las rentas más altas y las más bajas, con un estancamiento de las clases medias. El fenómeno se ha producido en España, pero también en Francia, o en Estados Unidos (ver gráficos sobre la comparación entre congelación salarial y productividad). Los países que han salido beneficiados, en un proceso de globalización económica, han sido los asiáticos. Sus clases medias han aumentado en número y han ganado un gran poder adquisitivo. Es la característica que el economista Branko Milanovic ha explicado de forma brillante en sus últimos trabajos y que se ha dado a conocer con la llamada curva del elefante.

Un cambio en el modelo económico

El aumento del salario mínimo no debería verse como un lastre para la productividad, a juicio del economista Gonzalo Bernardos, sino como un incentivo para desarrollar áreas económicas de mayor valor añadido. En esa línea ha trabajado también Miquel Puig, al considerar que España necesita un salto. Si un sector económico no puede permitirse aumentos leves del salario mínimo, eso implica que su actividad puede tener los días contados. En palabras de Bernardos, “el aumento del salario mínimo afecta positivamente a la productividad y también al cambio de modelo de negocio de múltiples empresas. Al aumentar la retribución de los trabajadores, a los empresarios les sale más rentable adquirir más máquinas, comprar nuevas herramientas digitales y mejorar la organización de la empresa para evitar tener trabajadores innecesarios. Todo ello incrementa la productividad”.

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Gráfico sobre los salarios y la productividad en Estados Unidos / ELS SALARIS DE LA IRA

Por tanto, el modelo de negocio basado en bajos costes será más difícil de poner en práctica, porque “a muchos no les quedará más remedio que cambiar la estrategia empresarial y apostar por la calidad. El precio será más elevado, las ventas inferiores, pero también superior el margen de beneficio por unidad producida”.

¿Tanta diferencia con Francia?

El hecho es si España aguanta o no la comparación con los países del entorno europeo. Francia tiene un salario mínimo de 1.554 euros, con un PIB de 2,3 billones de euros. En el caso de España el salario mínimo será ahora de 965 euros, aunque por 14 pagas, a diferencia de lo que ocurre en toda Europa, donde se pagan 12 mensualidades. La diferencia, anual, es de 18.655 euros en Francia, por 13.510 euros en España, que tiene un PIB (la referencia en los dos casos es 2020) de 1,12 billones de euros. ¿Se justifica esa diferencia de salarios mínimos en función de la riqueza que generan los dos países?

El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, junto el vicepresidente de CEOE y presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez-Llibre / CG
El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, junto el vicepresidente de CEOE y presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez-Llibre / CG

Para Miquel Puig la respuesta es negativa. “Con una inflación que superará ese aumento que propone el Gobierno, no se puede entender la negativa de los empresarios”, insiste, con la idea de que no se puede hablar en términos de productividad, sino de “dignidad”. Y de llevar al conjunto de la economía española hacia nuevas exigencias, hacia un cambio estructural que se aplaza de forma continua. Cuando llegan las crisis, se acaba reproduciendo el modelo, porque es la manera conocida para salir lo antes posible. Y cuando se vive una fase de expansión económica, nadie, y menos el poder político, desea cambiar el sistema productivo porque los ingresos del Estado no dejan de subir. Esa es la espiral en la que, de forma permanente, se encuentra España, a juicio de Miquel Puig.

Una subida nunca vista

Luis Torras considera que, en el caso de que realmente se tuviera clara la necesidad de aumentar el salario mínimo, no debería, sin embargo, plantearse de forma generalizada. Coincide con ello con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, que plantea que se pueda aumentar de forma distinta en cada comunidad autónoma, atendiendo a las diferencias en los precios y al distinto nivel de vida. Torras va más allá: “Se podría aumentar por cohortes de edad, porque no todos los trabajadores en cada momento tienen las mismas posibilidades”.

Pero ¿qué está en juego? Bernardos insiste en el porqué del salario mínimo: “La variación del salario mínimo no se ha de ligar a la productividad. El objetivo del salario mínimo es principalmente asegurar que los trabajadores que obtienen menos ingresos puedan llevar una vida digna. Por tanto, debe ir ligado a la inflación (ser un poco superior a ella) e intentar, tal y como dice la Carta Social Europea, que el salario mínimo se sitúe en el 60%”.

Eso es lo que pretende ahora el Gobierno, para dejar atrás esa “congelación salarial” de la que habla Miquel Puig. Si se llega a los 1.027 euros por 14 pagas en 2023, el salario mínimo habrá aumentado en un 40% desde la llegada a la Moncloa de Pedro Sánchez, en 2018, un aumento nunca visto en las últimas décadas.