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El interior de la planta de Celsa en Castellbisbal (Barcelona) / CELSA

Los acreedores piden a Celsa 150 millones más a cambio de una quita adicional

Las posturas entre las partes siguen notablemente alejadas pese a las concesiones que ambas se han intercambiado en las últimas horas

5 min

Las negociaciones en torno al futuro de Celsa siguen desarrollándose a marchas forzadas, ante el escaso margen que los accionistas y los acreedores tienen para hacer bueno el rescate de la SEPI. La última propuesta de los tenedores de la deuda a la compañía consiste que la siderúrgica aporte 550 millones de euros tras reembolsar por completo la deuda del fondo público, en lugar de los 400 millones que había puesto encima de la mesa el grupo controlado por la familia Rubiralta horas antes. 

A cambio, los acreedores renunciarían a entrar en el capital de la compañía, algo a lo que siempre se ha negado el socio, y se articularía un sistema que permitiría una quita de unos 630 millones, a sumar a la de 1.200 millones que ya se contemplan en el plan de rescate de la SEPI.

Rentabilidad del 10% anual

La propuesta contempla que en el caso de que Celsa generase por su actividad un exceso de valor, es decir, más dinero del necesario para devolver los préstamos de la SEPI en las condiciones aprobadas por el fondo de ayuda a empresas estratégicas, los primeros 550 millones serían destinados a los acreedores de los prestamos Jumbo y convertible, a través de un vehículo creado para la ocasión y que contase con una rentabilidad anual del 10%.  

Toda cantidad generada que excediera de esta cifra se repartiría en la proporción de un 51% para los Rubiralta y el 49% restante también para los acreedores.

La propuesta de Celsa

Horas antes, Celsa había ofrecido también aportar una cantidad destinada a reducir la deuda con los acreedores y que procedería de aquellos fondos que pudiera generar la empresa por su actividad. 

El planteamiento contempla que esa aportación se dividiría en una parte fija más otra variable en función del resultado bruto de explotación (Ebitda) de la acerera entre 2023 y 2030. Una cifra a la que habría que añadir los 50 millones de euros que aportaría la familia Rubiralta a través de una ampliación de capital.

Compartir el exceso de valor

En cualquier caso, ese dinero se aportaría siempre tras repagar la ayuda de SEPI, que incluye 450 millones de repago inmediato y otros 662 millones en siete años.

La idea de los acreedores es que con la oferta que Celsa les ha puesto encima de la mesa la totalidad del exceso de valor que se genere va a parar al accionista, algo que considera injusto si se tiene en cuenta que las entidades financieras, mayoritariamente fondos de inversión, han renunciado a percibir 1.200 millones de euros de deuda (al asumir el contrato de la SEPI).

Posturas alejadas

También dicen adiós a su pretensión de tomar parte del capital de la empresa. Y, por su parte, los Rubiralta se limitarían a aportar los citados 50 millones. El planteamiento de los tenedores de deuda es que si el accionista renuncia a dejar de tener el 100% del capital debe hacer lo propio con retener el 100% del valor generado.

Fuentes conocedoras de la situación apuntan que las conversaciones permanecen abiertas aunque también constatan que, por ahora, las posiciones están demasiado alejadas para pensar en un acuerdo inmediato.

Premura de tiempo 

Teóricamente, ese pacto debería llegar antes del 30 de junio, fecha límite para que el Consejo de Ministros apruebe el rescate y lo remita a la Comisión Europea para que dé su correspondiente visto bueno, toda vez que la ayuda pública se articula a través de dos préstamos que superan, en ambos casos, el límite de 250 millones de euros. 

El tiempo es una más de las dificultades para un acuerdo que se presume muy complicado, por ahora; al menos, la diferencia es que, ante la urgencia de la situación y la premura de tiempo, ambas partes se han sentado a negociar, algo que hasta ahora apenas se había producido.