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Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos, en el Congreso de los Diputados / EFE

Pablo Echenique

4 min

Contra el Estado que lo alimenta

Hay quien considera a Irene Montero el personaje más irritante de Podemos, pero a mí me resulta prácticamente inofensiva (se limita a decir tonterías, por regla general) en comparación con su compadre Pablo Echenique Robba (Rosario, Argentina, 1978), cuya superior inteligencia y preparación (se licenció en Física por la universidad de Zaragoza, ciudad a la que llegó a los trece años) hacen aún más incomprensibles sus soflamas antisistema. Hace unos días lo vi en un telediario (no recuerdo de qué cadena) comentando el posible camino abierto para la extradición de la pandilla de Waterloo tras un pronunciamiento judicial en Luxemburgo. Echenique, quien, como todos sus compinches, ejerce de antisistema a sueldo del sistema, lo consideraba una mala noticia porque, según él, incidía en la funesta judicialización de la política y en nada contribuía a serenar los ánimos en la Cataluña catalana. Es decir, un señor cuyo partido político forma parte del gobierno de la nación se oponía a que la justicia siguiera su curso y acabara logrando que Puchi y su cuadrilla terminaran pagando el intolerable fregado en el que nos metieron a todos hace cinco años. Una vez más, la mal llamada nueva izquierda se alineaba con los nacionalistas catalanes como si tuvieran algo en común y cualquier aliado valiera para combatir al funesto régimen del 78. La verdad es que llevan tiempo en ese plan (Iglesias, mientras se quejaba de las trapisondas de Villarejo, incluía a los lazis entre los damnificados por las cloacas del estado, aunque lo que más le importaba destacar era que no había llegado a presidente de la nación por culpa de éstas).

Que unos delincuentes fugados de la justicia puedan ser devueltos a España debería parecerle una buena noticia a cualquier persona más o menos normal. Y mucho más a alguien cuyo partido comparte actualmente las responsabilidades de gobierno. Lo que insinuaba Echenique en ese telediario es que con Puchi había que hacer una excepción, mirar hacia otro lado y dejarlo en Waterloo para los restos, no fuésemos a hacernos daño. Y lo peor es que me temo que Pedro Sánchez no piensa de manera muy diferente, aunque probablemente, ya no estará en el poder cuando se produzca la extradición de los fugitivos del prusés, si es que dicha extradición llega a materializarse.

Lo de estar en misa y repicando cada día se extiende más por el panorama político español, y es en Podemos donde más se detecta, con una vicepresidenta que promueve otro partido en sus ratos libres y un señor aquejado de atrofia muscular espinal que se resiste a la aplicación de la justicia en aras de una supuesta concordia que no se intuye por ninguna parte.