Cataluña en Eurovisión y no toda la telebasura vale

15.05.2017
Pablo Planas
3 min

La centralita está colapsada y no se habla de otra cosa, que diría Anson. Los zero points de Manel Navarro en Eurovisión han abierto una crisis de impredecibles consecuencias en el sector del audiovisual. El muchacho no estaba preparado para un concurso de esa naturaleza y se le escapó un gallo, oh yeah, al final del tema Do it for your lover, canción que tampoco era mucho peor que las presentadas por Armenia, Azerbayán o Moldavia.

Crisis de Estado y dos sectores en liza. Están los que defienden no volver jamás al festival y quienes proponen mandar a otro Chikilicuatre. Eurovisión lo aguanta todo, pero ya no es lo que era. En 1966, Raphael, el mismísimo Raphael de Linares (Jaén), quedó séptimo con Yo soy aquel. Reincidió al año siguiente con Hablemos del amor y logró la sexta plaza, otra decepción.

El listado de artistas que no ganaron Eurovisión incluye a Domenico Modugno, Françoise Hardy, Julio Iglesias, Nana Mouskouri, Umberto Tozzi y Paloma San Basilio. Es más, José Guardiola en el 63 quedó antepenúltimo con dos puntos y Conchita Bautista, que fue la primera participante española en el certamen (1961), obtuvo el primer cero pelotero de nuestra historia en una segunda concurrencia de1965.

La catástrofe de Navarro oculta un desastre mayor. La gala emitida por TVE fue el espacio más visto de la noche: 4.474.000 espectadores y un 28,6% de share. ¿Un éxito? El peor índice de audiencia desde 2007. Podría pensarse que el paisanaje prefiere embrutecerse con otros programas; tiempos de fragmentación y consumo de televisión a la carta. Opciones no faltan, desde el bizarro First Dates a Sábado De Luxe o el debate de La Sexta.

Esta teoría contrasta con el pelotazo de audiencia del mismo programa en 2008, año en el que nueve millones de espectadores, que es cifra de partido del siglo, se plantaron ante el televisor para contemplar la estupefaciente actuación del Chikilicuatre, personaje al que daba vida el actor David Fernández Ortiz. Todo es telebasura, pero no todo vale. Y menos en una cuestión de Estado, de tan crucial importancia internacional como la proyección de la barbarie musical del país. Marta Pascal ha dicho que el año que viene Cataluña participará en Eurovisión como un Estado más del gran concierto de las naciones. Magnífico. Otro motivo para la independencia. Podemos hacer el ridículo por duplicado.

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Periodista.

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