La drogaína y Letizia y Sofía, más unidas que nunca

Historia de un bote de cacao, la madre de Otto Mann y el buen rollo entre las reinas de España por el bárbaro calvario del monarca emérito

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28.01.2017 17:07 h.

La semana de los barbudos ha sido la de los merluzos, siete días que han conmocionado al mundo por la cantidad y calidad de los desafueros acaecidos. Y esto no va de Trump, Rufián, Puigdemont, Vidal o Álvaro Nadal, el ministro de los plomos. Ni de banqueros afligidos, esos nuevos parias, pero riquísimos.

Twitter ya no es una fosa séptica, sino común. La muerte de Bimba Bosé renueva las prevenciones sobre la red social del exabrupto. Por un lado, apunta hasta dónde llegan la maldad intrínseca y la estupidez infinita. Por otro, no se acaba de entender cómo las almas sensibles exigen la prohibición de los toros, el boxeo y el foie gras de canard y nadie clama a favor del cierre del Twitter, un sitio menos recomendable que el set de rodaje de una snuff movie, género de no ficción que consiste en torturar/violar a una persona hasta su muerte. No es el mismo caso que el del actor Frederick Bowdy, de 33 años, que se mató en Facebook tras anunciarlo a sus seguidores, pero se parece al de tres suecos que violaron a una mujer en directo y a través de lo de Zuckerberg y luego la obligaron a decir que hubo consentimiento. Claro que el problema no son las redes, sino el uso que se hace de ellas. Igual que con las drogas, ¿no?

Lo que pasa en Twitter se queda en Twitter para solaz de los voyeurs que contemplan con afán sociológico la insondable necedad humana. El mundo real es peor. La mamá del Otto Mann (el chófer de Los Simpson), el conductor de un autobús escolar que volcó en una rotonda y causó heridas leves a 21 alumnos, aseguró que su hijo tomó cocaína "como cualquiera en este país" el viernes anterior al accidente, sucedido el pasado miércoles. Lo soltó tal cual en la tele, otro territorio inhóspito para las buenas gentes del pueblo que dicen lo primero que les rota porque, como acuñó Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. También se asegura que el infierno está alicatado hasta el techo de buenas intenciones. 

El chófer del autocar dio positivo por cocaína, pero desmiente a su progenitora. El tema, confiesa, no lo prueba desde Navidad. Le va caer la del pulpo porque en el país con mayor consumo por habitante de drogas del mundo, todo el mundo niega que consuma estupefacientes. ¿Y usted? Una copita de vino para comer. 

También hay gente precavida. Como el probo ciudadano maño que se encontró 250 gramos de cocaína en un bote de Nesquik. El listo de turno sostiene que si le pasa algo así no va a la policía sino al puticlub de la esquina. En cambio, el protagonista de esta historia pilló el bote del anaquel, lo pasó por caja, lo abrió en casa y pensó "¿cómo?". E hizo lo que cualquier persona prudente, dirigirse a la comisaría más cercana, porque los polvos blancos bien podían ser cal viva, matarratas o veneno para caimanes. Y esa es la noticia, la existencia de una persona sensata, cabal y racional.

La policía sospecha que un par de idiotas idearon meter la droga en el bote para hacer un pase negro. Uno lo dejaría en el supermercado y el otro lo recogería. Tachán, un nuevo método para distribuir la drogaína. Pudiera parecer una eximente la estupidez, pero que un bobo cometa un delito no quita para que el delito sea delito y el capullo, un delincuente.

Las revistas del corazón no hablan del bote de cacao, sino del cacao maravillao de Bárbara Rey y el monarca emérito. Al socaire de las revelaciones periodísticas, amigos y conocidos de la vedette hablan por los codos en los platós. En Diez Minutos titulan que los íntimos de la artista lo cuentan todo. Y más que van a largar. Todo por la pasta.

La Zarzuela es como Falcon Crest, razón por la que Love, publicación vinculada a Vocento y el monárquico Abc, saca en primera a la reina Letizia con doña Sofía con el siguiente texto: "Reina Letizia, cómplice y cariñosa con doña Sofía y distante con don Juan Carlos". Ah, la venganza... De todos es sabido que al suegro real no le gusta su nuera reina, pero las viejas correrías del campechano asoman ahora como fantasmas por el predio zarzuelero y lo dejan a los pies de los caballos. Love añade en su tapa que "la reina emérita mostró su saber estar en un delicado momento para la familia". Se celebraba la entrega de los premios nacionales del deporte y los cuatro reyes del órdago a la grande coincidían bajo el mismo techo. Entre los eméritos, ni palabra.

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