¿Los independentistas nos quieren quitar la siesta?

La reforma horaria (comer a las 13 horas y cenar a las 20 horas) que lidera Cataluña no es incompatible con esa costumbre, menos española de lo que parece

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Un hombre se hecha la siesta en un parque público, en una imagen de archivo. / CG

De repente saltaron todas las alarmas. “¡Los independentistas nos quieren quitar la siesta!”, aseguraban los detractores de la reforma horaria, un proyecto que lidera Cataluña con el apoyo de todos los partidos políticos, y en el que se han interesado tanto el Gobierno de Mariano Rajoy, como otras comunidades autónomas. Sin embargo, comer a las 13 horas y cenar a las 20 horas no es incompatible con ese pequeño descanso vespertino, menos español de lo que parece. Lejos de ser un “símbolo nacional”, ese breve descanso está más protegido en otros países que en el nuestro, dónde su práctica es cada vez menor.

Javier Albares, neurofisiólogo clínico especialista en medicina del sueño, asegura que “los estudios más recientes indican que solo el 16% de los españoles duermen la siesta, cifra que durante los fines de semana se eleva a un 20%, mientras que en Estados Unidos, el número de personas que echa una cabezadita o nap, como le llaman ellos, supera el 34%”.

Una cabezadita

Según Albares, que participa en los trabajos del Consejo Asesor sobre la Reforma Horaria creado por el Gobierno catalán, “la implantación de un horario más sostenible no afectará para nada a la siesta, que es algo muy saludable, siempre que se entienda como cabezadita. No estamos hablando de ponerse el pijama y dormir dos horas, sino de diez o veinte minutos de descanso”.

Precisa que la siesta “no es algo cultural, no pertenece a una forma de ser de los españoles. Es algo fisiológico, pues existe un pico de somnolencia real a primera hora de la tarde en el que la temperatura corporal aumenta”. Para Albares, médico de la Clínica del Sueño Estivill, “la siesta es un complemento al sueño nocturno, no un sustituto. Y son precisamente los horarios actuales, heredados de la posguerra, los que provocan esa falta de sueño”.

Explica que en "Japón está bien visto quedarse dormido en una reunión de trabajo porque se atribuye a una cansancio laboral. Por ello disponen de habitáculos donde poder echar una siesta”. En Chile, la normativa laboral reconoce el derecho de los trabajadores a ese breve sueño reparador.

“Se ha comprobado que los empleados son más productivos si hacen la siesta, aunque trabajen media hora menos”, añade.

En definitiva, los impulsores de la reforma horaria --actualmente se está elaborando una ley del tiempo catalana-- aseguran que “no pretendemos imponer nada, solo garantizar el derecho a una flexibilidad laboral y que las empresas se adapten a los cronotipos de sus trabajadores, es decir, si son noctámbulos o madrugadores”.

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