El montaje del concejal Garganté

por Carles Enric López

01.06.2016
Carles Enric
7 min

Una de las consecuencias positivas de las series de televisión nocturnas es su capacidad para convertir las cosas en más sencillas de lo que parecen. Tras ver los repetitivos incidentes de Gràcia, en este caso del domingo, respondí una de mis dudas más vitales. Amables lectores, no soy el único espectador de Mentes criminales. Ahora sé que el concejal de la CUP en Barcelona, Josep Garganté, también es un fiel seguidor.

Es la única explicación plausible a su extraña historia del domingo con el agente T783C2155 de los Mossos d'Esquadra. La versión del concejal esta resumida en su vídeo filmado por casualidad justo en aquel momento.

Josep Garganté, situado en un buen plano lateral, hace caso omiso a los Mossos y es golpeado por un agente. En segundos --no debió hacerle mucho daño-- el golpeado pide al jefe del operativo la identificación del uniformado. Tras unas dudas, el responsable del mismo, gira diligentemente al Mosso para que el concejal copie su número.

En mi momento Mentes criminales del mismo domingo vi extraño aquel suceso. Como cualquier agente FBI televisivo, dediqué tiempo a visionar repetidamente el vídeo. Surgieron dudas: ¿Un porrazo provoca un moratón en segundos? ¿Ese moratón hace que un sujeto no se inmute? ¿Por qué Garganté se toca su mano tras el golpe? ¿Quizás un reflejo del golpeo a la mano más que a la lumbar? ¿Es casualidad una cámara allí? Aunque mi pregunta estrella es: ¿Por qué el agente golpea en la izquierda del cuerpo del concejal y el morado sale en la derecha?

¿Por qué el agente golpea en la izquierda del cuerpo del concejal y el morado sale en la derecha?

¿Es sobrenatural Garganté? ¿Tiene poderes el conductor de autobús --recordemos que es su profesión cuando no es violentado por policías-- para cambiar la ubicación de un morado sobre su cuerpo? ¿Un morado de un golpe seco como se advierte en el vídeo se convierte en un morado rojo intenso de tres franjas como se aprecia en la foto?. ¿Es Garganté un enviado divino para hacer el milagro del pan y los peces? Aquí, menos litúrgico, pero más claro: ¿Convierte un solo golpe en un morado múltiple? O quizás, ¿es un agente del CNI para vilipendiar a los Mossos?

En fin, preguntas con respuestas poco claras. Uno en la vida puede ser actor, puede montar un circo, puede hacer el mono, puede incluso divertir al personal. Pero lo que alguien cobrando dinero público jamás puede hacer es mentir, y menos para atacar a otro funcionario público. En este caso un Mosso, el número T783C2155. Desconozco a estas altura si el concejal Garganté ha procedido a interponer la demanda contra el agente citado. Pero espero que el juez de turno tenga la misma paciencia que este columnista en mirar el vídeo de forma repetitiva para cerciorarse que, o bien el concejal tiene poderes sobrenaturales para cambiar un morado de ubicación, o bien es un mentiroso patológico y socialmente peligroso.

Sinceramente, siempre he pensado que la CUP, a los que no me une nada, han demostrado en su esencia algo de coherencia. Coherencia extraña, pero coherencia al fin y al cabo. Si siguen esa línea, deberían mirar el vídeo repetidamente. Principalmente, Anna Gabriel, María José Lecha y las compañeras que fueron a Gràcia. Tras cerciorarse de que Garganté no es un representante divino capaz de convertir la derecha en izquierda, ni de mutar los golpes de un lado a otro de su cuerpo, simplemente deberían pedir de inmediato la salida de Gargante de su cargo público. Su vuelta a la conducción de autobuses quizás debería ser filtrada por algún tribunal de salud, pero eso es otra historia. No sé hasta que punto una persona con un talante así puede tener en sus manos la responsabilidad de pasajeros inocentes, que en su mayoría ni piensan como él.

Personajes como Josep Garganté son dolosos no solo para cualquier democracia, sino incluso para partidos como la CUP

Personajes como Josep Garganté son dolosos no solo para cualquier democracia, sino incluso para partidos como la CUP. Recordemos que ya fue condenado por agredir a un cámara de TV3, y está encausado por amenazar a un médico hace pocas semanas. La policía, los Mossos en este caso, no sólo están para poner orden, sino sobre todo para hacer respetar la ley. Y como demostró el jefe del operativo, con un comportamiento ejemplar, ellos sí saben templar los nervios ante escenarios de cine creados por actores de tercera. Todo el respeto y mérito hacia ellos.

Debemos ser conscientes de lo mal que está nuestro país cuando los Mossos deben jugarse la vida en sus calles ante tales personajes. Pero es peor aún que su presidente, Puigdemont, no haya abierto la boca para defenderlos, aún habiendo heridos. Eso sí, daba ruedas de prensa urgentes por las esteladas. Aunque, como siempre decimos, la culpa es de todos. Y aquí un barrio como Gràcia sigue callado ante los ataques a aquellos que intentan poner orden. Por eso, aquellos que somos de Barcelona, Eixample bajo en mi caso, como buenos conocedores desde la infancia de Gràcia se nos cae la cara de vergüenza. Vergüenza cuando un barrio que dice ser tradicional y representativo de la catalanidad es incapaz de defender a su propia policía.

Igual que Garganté ve Mentes criminales para saber hacer de malo, me queda claro que buena parte de Gràcia simplemente mira Los Simpson. Creen que la vida es simplemente reír, simplemente fiesta. Gente ciega y temerosa de hablar. Cobardes en una ciudad que un día fue esencia de muchas cosas. Sentados en un hueco, en una plaza escondidos, silenciosos sin defender su espacio, su barrio. Gràcia, y no la televisión, nos ha enseñado una vergüenza de concejal, una vergüenza de presidente pero también una vergüenza de barrio. Suerte que los Mossos, por esta vez, han hecho el papel de los buenos.

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