'La Vanguardia' y el referéndum o Màrius Carol no es Kapuscinski

Manuel Trallero
4 min

El actual director del periódico del conde de Godó no es sólo un hombre de la casa, una forma elevada de ser un kleenex desechable, que hace de mayordomo con levita a rayas o de simpático relaciones publicas con sonrisa de vendedor de El Corte Inglés, sino que también es capaz de hundir el diario de referencia en Cataluña sin dejar de sonreír, como la orquesta del Titanic no dejó de tocar. Tanto que, en cierta ocasión en que el amo se enfadó con él, este empezó a tratarle de usted en lugar del habitual tuteo. El señor conde, algo mosqueado por el cambio, le preguntó las razones y a Màrius Carol solo se le ocurrió decirle que, como lo admiraba tanto, en ocasiones se le escapaba esa admiración a través del respeto. Por si ello no fuera poco, se refirió en la emisora de radio del Grande de España al ídolo del barcelonismo, Messi, como alguien que si no hubiera sido por el Barça no alcanzaría por su estatura la barra de los autobuses. La última vez que habló conmigo me explico cómo era Biarritz en verano. Me dejó sin palabras.

La verdad es que es muy ocurrente. De la última hemorragia de ingenio da cuenta la contraportada de El Mundo del pasado domingo: "El director de La Vanguardia al final de la noche me confesaba: 'Estoy raro. ¡Llevo seis horas sin pronunciar la palabra referéndum!'". Es normal que lejos del ambiente asfixiante que se respira en la Barcelona postautonómica y prerrepublicana, rodeado de gente guapa que está en el candelabro en un festorro de mucho cuidado a orillas del Manzanares, a altas horas de la madrugada, un espíritu cosmopolita como el suyo, tan neoyorquino, sienta el hartazgo de esa corte plebeya y provinciana de la chancleta y la pancarta que han tomado la plaza Sant Jaume. Entiendo que en esas circunstancias al señor director de La Vanguardia se le aflojaran los esfínteres del alma. Sin embargo, el Papa del periodismo, Ryszard Kapuscinski, dejó claramente establecido de que "este oficio no es para cínicos".

Nada de lo ocurrido hubiera sido posible sin la colaboración necesaria de La Vanguardia

Las hemerotecas guardan como oro en paño el editorial conjunto de la prensa catalana por la "dignidad de Cataluña" --cocinado en las mismas entrañas del periódico--, los titulares tras cada manifestación del 11S y las opiniones de sus conspicuos opinadores. A nadie se le escapa que, a pesar de que el señor conde resalta en alguno de sus empleados "que lo que más me gusta de ti es que no se te nota el acento catalán", nada de lo ocurrido hubiera sido posible sin la colaboración necesaria de La Vanguardia. No en vano los independentistas le llegaron a considerar al último Grande de España, uno de los nuestros.

Hay quienes comparan La Vanguardia con esas barcazas que surcan el Rhin o el Danubio, que cuando se acercan demasiado a una orilla regresan al centro del caudaloso río. Timón que lleva con mano temblorosa Màrius Carol. Sin embargo, aquellas románticas aguas, fuente de inspiración para músicos y poetas, son en la actualidad simples cloacas a cielo abierto.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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