¿Saben aquel que dice... "Cataluña, tierra de acogida"?

Manuel Trallero
5 min

Hay que disculpar al señor Rufián. Todo lo que ha leído en su vida ha sido en Twitter. Dice que lo llevamos en el ADN. Quizás por ello su partido, ERC, ya deportaba inmigrantes mucho antes que lo hiciera Donald Trump, desde el Gobierno de Cataluña durante la II República. Primero por las buenas, incentivaba su marcha, y después por las malas. Franco siguió haciendo lo mismo. Quizás por la cosa del ADN, durante la Guerra Civil apareció un cartel a la entrada de la Toracha, en el extrarradio de Barcelona, tierra de murcianos y de la FAI, en que podía leerse: "Aquí se acaba Cataluña y empieza Murcia".

Quien fuera presidente de ERC, el señor Heribert Barrera, medalla de oro por todas partes, explicaba que "los inmigrantes de entonces vinieron aquí porque en su casa se ganaban la vida malamente. Aquí vivieron un poco mejor, trabajaron, se les pagó y no creo que nosotros les debamos nada ni que ellos nos tengan que agradecer nada a nosotros. El país en conjunto creo que perdió". Y para el futuro solo deseaba "evitar por todos los medios que haya otra invasión de población no catalana" como aquellos "colonos involuntarios del franquismo" del que formaban parte los ancestros del señor Rufián, los míos y los de tantísimos otros catalanes.

Artur Mas señalaba: "Se ha de decir en voz alta y sin miedo: en Cataluña no cabe todo el mundo"

La señora Ferrusola (la protagonista de "¡Esto es una mujer!" que coreaban las masas como a una Evita Perón cualquiera) denunciaba que "las ayudas son para esta gente que no sabe lo que es Cataluña. Solo saben decir 'dame de comer'. Mi marido está cansado de darlas [las viviendas] a magrebíes y gente así". Artur Mas, el ex presidente protomártir, remachaba que eso era lo que pensaba la mayoría de los catalanes y no cejaba en repetir: "Se ha de decir en voz alta y sin miedo: en Cataluña no cabe todo el mundo".

La televisión no mostraba cadáveres de niños ahogados en las playas a la hora de cenar ni el pollo pera de Jordi Évole marcaba paquete con los refugiados. Esas mascotas, que por lo visto, todos queremos tener en casa, para poder estrujarlos como a peluches, como a los niños con cáncer o a las víctimas de un terremoto. Por eso montamos esos saraos presuntamente benéficos de los cuales nunca se hacen públicos ni la cuantía de lo recaudado ni sus beneficiarios ¿Para qué? Lo hacemos por nosotros, para sentirnos a gusto, para creer que estamos haciendo algo bueno, que somos solidarios, aunque por suerte tenemos la íntima convicción de que no vamos a cambiar nada y que todo seguirá igual por mucho que cantemos Mediterráneo.

Slavoj Zizek se planteó la cuestión: "¿Quieres decir que no deberíamos hacer nada? ¿Simplemente sentarnos y esperar?". Deberíamos tener el coraje de responder: "¡Sí, exactamente eso!". Hay situaciones en las que lo único verdaderamente práctico que cabe hacer es resistir la tentación de implicarse y "esperar y ver" para hacer "un análisis paciente y crítico". Pero con eso TV3 no retransmite en directo, anuncios incluidos, ni Cuní aumenta su audiencia y su ego. La solución es una manifestación multitudinaria, bien gorda, porque contra el PP vivimos mejor y de paso joderemos un ratito a España. Que es mismamente de lo que se trata. Los refugiados nos la traen al pairo.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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