El largo adiós del diputado Homs

Manuel Trallero
5 min

Como aquellos parientes lejanos que llegan a casa por unos días y no encuentran el momento oportuno para marcharse, el exdiputado Francesc Homs nos hace pasar una verdadera agonía con su despedida del escaño. Entiendo perfectamente su disgusto después de su brillante gestión en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Siendo todavía candidato, el chico de Taradell aseguró que "seremos decisivos" y que "nuestros votos los cobraremos a precio de oro, estamos dispuestos a tomar grandes decisiones". Ni que decir tiene la honda impresión que nos provocaron sus palabras. Su candidatura por Barcelona obtuvo cuatro escaños, menos de la mitad que los obtenidos por CiU en 2011. Otra gran victoria fue la pérdida de un grupo parlamentario que él debía presidir. Eso sí, afirmó sin ningún género de dudas que "Mariano Rajoy no será presidente y no sabe lo feliz que seré". Tras esa exitosa carrera parlamentaria, no me extraña que le duela abandonar las Cortes, después de la inhabilitación del Tribunal Supremo.

La imagen de nuestro hombre firmando con un simple bolígrafo la notificación de la sentencia, en un despacho minúsculo, apretujado por los suyos, es una escena prosaica que nos retrotrae en el tiempo al glamur de la convocatoria del 9N por el presidente Mas, en el salón de la Mare de Déu de Montserrat del Palau de la Generalitat y enviando acto seguido la pluma al Museo de Historia de Cataluña. Sin embargo, Homs declaró que se sentía "condenado pero feliz", quitándonos a todos un peso de encima que impedía conciliar el sueño a los catalanes.

Homs declaró que se sentía "condenado pero feliz", quitándonos a todos un peso de encima que impedía conciliar el sueño a los catalanes

Era precisa una escenificación más acorde con la grandeza del personaje y con la afrenta recibida ¿Qué mejor escenario que el propio salón de sesiones de las Cortes? Después de ver amamantar a un niño y contemplar a dos caballeros proporcionándose un beso de torniquete con lengua incluida, ya solo nos quedaba por ver al interesado descendiendo por la escalera del hemiciclo. En cuanto la señora presidenta leyó su inhabilitación, Homs bajó por ella con el mismo garbo que lo haría Norma Duval en sus tiempos de vedete del Folies Bergère, enfundada en su traje de lentejuelas y envuelta entre plumas, enseñando el muslamen y descendiendo por los peldaños iluminados.

A raíz del final de la etapa parlamentaria del señor Homs, el señor Puigdemont ha comparado mucho el régimen de España con el de Turquía. Quizás el presidente, por su juventud, no sepa que aquel país despertó un vivo interés entre el público femenino, a raíz de la novela de Antonio Gala y la película homónima La pasión turca, hasta convertirlo en un atractivo destino de turismo sexual. Algo tendrán. Mientras tanto, a nosotros solo nos queda el viacrucis de las próximas comparecencias del señor Homs, un culebrón interminable, una serial por capítulos que promete durar más que aquel Verano azul que nunca concluía, explicándonos que España ha sido derrotada; no en vano Bélgica invadió Alemania en la II Guerra Mundial. A Homs ya solo le falta que unos mariachis le canten aquel corrido mexicano de "si te vas, y te vas, y te vas, y nó-tehas-idoooo...". 

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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