La supuestamente solidaria Navidad catalana

Manuel Trallero
4 min

Hay que frotar la Visa como si fuera la lámpara de Aladino hasta sacarle pátina. Debatir, un año más, sobre la memez del belén municipal, mientras la iluminación de las calles igual sirve para el solsticio de invierno que para la Feria de Abril. Esa es la señal para empezar a comprar como era para los chuchos de Pávlov el sonido de la campana y a ensalivar. Aquí celebramos el inicio con el Black Friday gracias al modelo catalán de comercio de proximidad. Porque otra cosa no, pero los catalanes tenemos un modelo para cada cosa y cada cosa tiene su modelo. Por tener, tenemos un tronco que depone turrón (catalán, of course) aunque yo prefiero los polvorones, mientras que la igualdad de género también ha llegado a la figura del caganer y uno puede encontrar a la señora Clinton representada en tal menester posaderas al aire.

Y hay que ir a esquiar. También tenemos estaciones de esquí. ¡Qué caray! El Gobierno catalán debe de ser el único gobierno del mundo mundial que tiene entre sus pertenencias esa forma de agotar los acuíferos gracias a los cañones de nieve artificial. Mientras, el señor Josep Cuní se ha ido a Irak a buscar la lágrima facilona sacando por la tele a los niños de la guerra. Los que inhalan cola, aquí en Barcelona, y están bajo la custodia del Gobierno catalán no dan pena ni dan nada porque encima vienen de España y eso no hace ni llorar. Así que a matarse en las cenas de empresa, a beber cava --cuando el mejor cava es precisamente el Vichy Catalán-- y recoger cuatro millones de kilos de alimentos para los más necesitados. Antes a esto se le llamaba caridad y ahora debe ser gestión de stocks, logística y solidaridad. Estamos como en tiempos de Joaquín Soler Serrano recogiendo mantas para los damnificados de las inundaciones del Vallès a la puerta de Radio Barcelona, con Franco presente y el Estado del Bienestar convertido en el de Beneficencia.

Que a nadie se le ocurra ponerse enfermo por estas fechas e ir a parar al pasillo de algún hospital del modelo sanitario catalán. Lo nuestro es la escatología, el I+D y la solidaridad

Las desgracias nunca vienen solas, así que los periódicos traen la noticia. Nandu Jubany, el laureado cocinero, se ha roto el brazo y no podrá correr el Dakar, y yo que lo lamento. Pero no se crean que corría por correr, no señores. Corría por solidaridad, por una noble causa. Nos queda La Marató de TV3, otra muestra de la solidaridad catalana de los donantes con las empresas farmacéuticas a quienes les sufragan las investigaciones de los nuevos productos. Que a nadie se le ocurra ponerse enfermo por estas fechas e ir a parar al pasillo de algún hospital del modelo sanitario catalán. Lo nuestro es la escatología, el I+D y la solidaridad. Menos mal que tenemos salud gracias a la lotería del país vecino y mañana nos pelearemos, como cada año, en la comida familiar, pero no será por culpa del dichoso proceso porque ya estamos en plena Operación Diálogo.

¡Es Navidad también en Madrid! Hay que joderse.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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