¿Hay algo de qué hablar con Cataluña?

Manuel Trallero
4 min

Hace ya algún tiempo apareció en una revista científica un artículo sobre las propiedades de dos tipos distintos de carne, titulado, creo recordar, "La inmerecida buena fama del pollo, la inmerecida mala fama de cerdo". El trabajo pretendía demostrar la desproporción existente entre los supuestos beneficios de la primera y los no menos supuestos perjuicios de la segunda. Se llegaba a la conclusión de que ni una era tan buena para la salud humana ni la otra tan perjudicial. Algo parecido sucede con el diálogo y con la ausencia del mismo. El primero goza en estos tiempos del imperio del buenismo, del "buen rollo" impuesto por Rodríguez Zapatero y su "Alianza de Civilizaciones" de un extraordinario prestigio. Era un dogma de fe que "un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado". ¿Quién no es una persona dialogante? ¿Quién no está dispuesto al diálogo? Hasta el último intercambio epistolar de esta semana entre Puigdemont y Rajoy, ambos coincidían en afirmar que su respectiva voluntad del diálogo no tenía fecha de caducidad.

Las apelaciones al diálogo hechas así en abstracto conllevan implícitas una buena dosis de estulticia

Las apelaciones al diálogo hechas así en abstracto conllevan implícitas una buena dosis de estulticia. Era muy frecuente escuchar y leer en los tiempos en que ETA mataba sin parar que "sin violencia se podría hablar de todo". Claro está que de todo, y con razón, no se puede hablar. Por ejemplo, para negar la existencia del Holocausto, y a todos nos parece razonable que así sea. Y de la misma forma que se critica que la actual Constitución Española se redactó bajo la presión del Ejército, no es menos cierto que aquella voluntad de diálogo, aquel "hablar de todo", se hacía tras colocar ETA, desde la muerte de Franco, a 829 cadáveres encima de la mesa. Solo en el año 1980 se produjeron casi cien asesinatos. ¿Los muertos no nos condicionaban para poder acabar con aquella pesadilla?  Hablar se convirtió en un mantra. El actual Rey emérito, en el año 2003, le dijo al presidente del Parlamento catalán, el republicano e independentista Ernest Benach, que "hablando se entiende la gente". Es una perogrullada del mismo tamaño que lo de que "no hay nada más democrático que colocar las urnas". Argumentos simplísimos de tipo "esto lo arreglaba yo en dos días con...".

El primer ministro británico Chamberlain volvió de Múnich tras dialogar con Hitler --quien, por cierto, gustaba de convocar referéndums-- y Mussolini convertido en un héroe, en un paladín de la paz recibido por una muchedumbre enfervorizada a su regreso. ¡Había dialogado! Churchill le espetó que "se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra, y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra". No olvidemos, por favor, que Artur Mas enfatizó que el 9N y el 23F han sido las dos ocasiones en que España ha estado contra las cuerdas en democracia. Puro matonismo.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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