España plurinacional: ¿solo o con leche?

Manuel Trallero
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El señor Pedro Sánchez ha tenido una ocurrencia y ha descubierto la gaseosa. Ha dado con la solución, la piedra filosofal, para dar cumplida cuenta a las aspiraciones independentistas con la vana esperanza que estos le compren la moto. Hay que decir en su descargo que no se encuentra solo en el empeño sino que le acompaña en tal empresa, si cabe con mayor ahínco, Pablo Iglesias y sus secuaces. La poción mágica es más vieja que el tebeo. El eminente pensador José Luis Rodríguez Zapatero tuvo la ocurrencia de decir en el Senado que la idea de que España fuera una nación "no sólo era discutible, sino discutida", y la liamos parda. Pasqual Maragall quiso emular a su abuelo poeta con aquello de "¡Escucha España!", proclamando lo del federalismo asimétrico que parece una pregunta de examen de selectividad. Tratar de federar España es como aquel niño que vio San Agustín provisto de un cubo que sacaba agua del mar con la pretensión de vaciarlo.

Dejó dicho don Antonio Cánovas del Castillo "que son españoles los que no pueden ser otra cosa". Es una forma sucinta pero clara de definir lo que es España. No hay que andarse con demasiadas zarandajas ni darle muchas más vueltas. A Umberto Eco le pregunto un taxista bengalí en Nueva York que de dónde era. Al decirle que de Italia, el conductor no supo qué demonios era eso de Italia, así que le preguntó: "¿Qué enemigos tiene Italia?". El muy civilizado pensador le respondió que ninguno, pero cavilando después alcanzó la conclusión de que el principal enemigo de Italia son los propios italianos. Algo parecido nos sucede a los españoles, que nunca tenemos bastante con ser simplemente lo que seamos y necesitamos un epíteto, algún calificativo y así España, tal cual, monda y lironda, se transformó primero en el Estado español, por la gracia de Francisco Franco, apelativo que aún se usa en Cataluña, y después los socialistas la convirtieron en una nación de naciones. Ya decía Julio Camba que si le daban un millón de pesetas de la época de la República era capaz de convertir a Getafe en una nación. A este paso vamos a pasar del nacionalismo al parroquialismo.

El señor Pedro Sánchez ha tenido una ocurrencia y ha descubierto la gaseosa. Ahora, por lo visto, vamos a ser plurinacionales, algo que solo lo ha sido la extinta URSS, un ejemplo para los niños

Ahora, por lo visto, vamos a ser plurinacionales, algo que solo lo ha sido la extinta URSS, un ejemplo para los niños. Una idea aproximada de en qué consiste este nuevo parto de la burra nos la propició con su habitual sapiencia una de las mentes más preclaras que nunca haya conocido: Sergio Vila-Sanjuán. Para ayudar a la cosa esa de la pluriculturalidad, por lo visto, no había nada mejor que rotular las obras del Museo del Prado en catalán, vascuence y gallego, amén del español y del inglés. Y así sucesivamente hasta convertirnos en víctimas del amor que Pedro Sánchez siente por Cataluña y del que Oriol Junqueras siente por España. Esto va ser un despiporre, un vivir en un continuo orgasmo de mucho cuidado.

Hace poco vi una foto de doce personas, doce, seis a cada lado de la mesa. No se trataba de negociar un acuerdo de paz en Siria ni los términos del Brexit. Aquella reunión era motivada por las interminables colas que se formaban en el aeropuerto de Barcelona para pasar el control de pasaportes. Para ello fue preciso reunir una Santa Cena sin Judas Iscariote entre la Generalitat y el Estado. ¿Porqué hacerlo fácil, pudiéndolo hacer difícil? Por lo visto, "¡España y yo somos así, señora!".

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. En fútbol voy con el Liverpool, me gusta Schubert, odio los restaurantes, mi ídolo fue Cassius Clay y leo libros de historia en lugar de ver a Josep Cuní y a Pilar Rahola.

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