El suicidio político de Artur Mas

Carles Enric
5 min

En esta vida siempre hay que hablar con el máximo de respeto sobre temas sensibles. Cuando una persona expone su vida --perdón, su forma de vida-- al dinero público, debe ser consciente de que los límites de sus futuras actuaciones vienen en cierta manera marcados por sus usos previos. En lo público, como es lógico, no hay excusas. Lo público debe ser sagrado, y como tal, quien participa debe atenerse a unas normas no siempre escritas.

Artur Mas, aquel hombre que decían que prometía, parece que ha olvidado que en la vida pública no todo vale. Hace más de treinta años que su sueldo mensual viene del dinero de todos. Está pendiente de una sentencia del Tribunal Supremo, aunque parece un juicio menor a ojos de TV3 --sin la cobertura de los gloriosos juicios del 9N-- pese a que puede cavar su tumba. Con un personaje tan asido a una realidad paralela, pocas salidas le quedan.

Jordi Montull parece que va a hablar el miércoles; bien vale para ahorrar 25 años de cárcel a su hija. Fèlix Millet se lo esta pensando. ¿Daniel Osàcar? Daniel ya parecía dispuesto a hablar hace unos meses en Tarragona. En un cambio de última hora, silenció sus palabras. Ahora, con una perspectiva entre rejas, ¿seguirá callado?. La clave no es Montull ni Millet, la clave es Daniel Osàcar. Y Artur Mas lo sabe.

Si Jordi Montull habla, caen Daniel Osàcar y Fèlix Millet; si Fèlix Millet habla, caen Daniel Osàcar y CDC, pero si Daniel Osàcar habla, cae todo

El expresidente, con claros problemas de autocontrol, ve su torreones caer. Alguien que puso en el fuego su verdad puede ver en los próximos días cómo todo su montaje desaparece. Se llevó por delante un partido, una oposición, un govern; quién sabe si tiene la fuerza mental para, cual último mohicano, llegar hasta el fin. Ha tenido oportunidades para inmolarse en público. Pero Mas es un cobarde. Un político acomplejado, lleno de dudas, atosigado por sus mentiras y, peor aún, por su poca capacidad de asimilar su fracaso como político y como persona.

Un mohicano era la imagen de un héroe. Alguien especial, alguien con carácter. Artur Mas, acosado por sus propios miedos a enfermar, ha enfermado de tal forma que ninguna salida parece digna para un personaje tan mediocre. Si Jordi Montull habla, caen Daniel Osàcar y Fèlix Millet; si Fèlix Millet habla, caen Daniel Osàcar y CDC, pero si Daniel Osàcar habla, cae todo. Más de treinta años oscuros de historia donde hemos pasado, de ser el motor de España, a ser la comidilla de las vergüenzas. Toda una forma mafiosa de gobernar Cataluña basada en la falsedad y en la mentira. Mas ahora ya no tiene quien le mire, pero el miércoles puede ser aún su peor día.

Quien destroza un país, quien despóticamente trata a unos ciudadanos, quien miente sin pudor no merece el mínimo respeto. El dinero público está para servir, no para ser servido. Cualquiera en su vida privada puede tener sus ideas, puede tener sus errores, hasta sus manías y sus odios. Pero cuando unas ideas personales son sufragadas por un dinero de todos, hay un límite imperdonable. Al final, el suicidio político de estos días de Artur Mas se convertirá desde el miércoles en más real de lo que algunos piensan.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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