Romeva no tiene quien le escriba

Carles Enric
5 min

Todos recordamos que cuando el coronel no tenía quien le escribiera, realmente había detrás una historia. Allí, en la Colombia de Gabriel García Márquez, era una miserable pensión. Aquí, unos miles de kilómetros al otro lado del charco, en nuestra Cataluña folclórica, parece que ya nadie espera nada. No ya la pensión sino ni una triste llamada.

Si esto fuera una partida, las cartas ya estarían echadas. Aquellos que creyeron mover el cielo, la tierra, la patria, las banderas, siguen en el poder. Ridículo tras ridículo han ido perdiendo adeptos. Cierto es que nunca fueron millones en las calles, pero ahora no son ni cientos. Como mala droga de barrio indigno, día tras día van peor. El caballo no es lo que era. La ira enciende sus ojos, y realmente algunos ya sólo aspiran a cualquier tipo de gloria enciclopédica.

Ahora ya es difícil escribir, peor aún esperar quien les escriba. Algunos hemos explicado por activa y por pasiva las veleidades del procés. No las verdades o las mentiras, sino simplemente las cosas como las hemos visto. Han pasado uno, dos, tres y hasta cuatro años y algunos personajes no sólo siguen sin entender de qué va la democracia sino, peor, la transparencia. Mientras, esconden sus iras pérfidas de adolescentes sin destino en medio de la opulencia del dinero público que les cobija.

Romeva es la antítesis de la política como servicio al ciudadano. Es la humillación del gasto público. La prepotencia de la ignorancia

El rey está semana es Raül Romeva. Ya saben, aquel chico gustado en el calor de un espejo de gimnasio que nada más licenciarse fue llamado por la voz de la sabiduría, perdón, de los contactos de la familia, para emigrar a países lejanos. Ejerció nada más y nada menos que como experto internacional. Vamos, lo habitual de un recién licenciado en Cataluña. Con los años, nadie lo quiso de vuelta y pululó hacia Bruselas. Allí pregunto a la Unión Europea por un presunto ataque de cazas (sí, esos aviones que van deprisa) sobre territorio catalán. Pero aún también sobre el pisotón de Pepe (sí, un jugador de fútbol) como si fuera asunto de Estado. Ya ven, algunos han cabalgado a lomos del caballo llamado sinvergüenza toda su vida.

Pues ese personaje tan querido que nadie lo quiere cerca simplemente se ha negado a informar de sus actividades en el Parlament de Cataluña gracias a los votos de su partido (creo que nunca ha tenido más partido que el poder y el dinero) y la CUP (no haremos  comentarios). Supongo que al galope, la transparencia de los cazas, de los pisotones se le debió olvidar en una mirada fugaz al espejo del gimnasio.

El personaje, porque no hay otra manera de llamarle, tuvo quien le escribiera en sus primeros pasos profesionales. La familia siempre importa, y al menos dotado es política habitual enviarlo a muchos kilómetros de distancia --en este caso a la antigua Yugoslavia--. Por lógica e inteligencia humana, esos escritos son pasado. Ahora, con los años, ya no tiene nadie que le escriba. Romeva es la antítesis de la política como servicio al ciudadano. Es la humillación del gasto público. La prepotencia de la ignorancia. Jamás podrá esperar una carta porque a él sí que ya no hay nadie que le escriba. Triste descripción de un triste personaje en una Cataluña donde las sonrisas han caído, hace tiempo, por el sumidero de la desvergüenza.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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